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Cuerdas | Crítica Silla contra alimaña

Paula del Río, protagonista casi absoluta del thriller 'Cuerdas'. Paula del Río, protagonista casi absoluta del thriller 'Cuerdas'.

Paula del Río, protagonista casi absoluta del thriller 'Cuerdas'.

Nuevo subproducto nacional de género salido de Sitges, Cuerdas pone a prueba los límites de la verosimilitud y la paciencia del espectador más aficionado y entusiasta a costa de la enésima situación de encierro y expiación de los fantasmas del trauma adolescente.

Si llevar a una hija tetrapléjica a la casa familiar aislada en mitad del campo ya nos parece la menos sensata de las soluciones a sus problemas físicos y psíquicos, Cuerdas sigue desafiando nuestra credibilidad con una sucesión de percances, accidentes, contrariedades y rabiosa furia animal que dejan siempre a nuestra protagonista en una lucha constante contra los elementos amplificada por una discapacidad reconvertida en heroicidad de supervivencia.

Montesinos estira y redobla sus escasos argumentos y recursos para dejar aún más en evidencia que una historia como esta sólo podría escapar del ridículo a través de una hiperinflación estilística o un tratamiento espacial que no son precisamente lo suyo, mientras que una esforzada Paula del Río pone todas las caras de asombro y pavor posibles con una misma y contraproducente ineficacia. A los postres, el repliegue sentimental, redentor y vitalista de la pesadilla casera hace si cabe aún más artificial la propuesta.