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Cine

'Tin & Tina', dos ángeles que juegan a la ira de Dios

  • Rubin Stein dirige a Milena Smit y Jaime Lorente en una película que su autor define como un "Hitchcock cañí"

Rubin Stein da indicaciones a Milena Smit durante el rodaje.

Rubin Stein da indicaciones a Milena Smit durante el rodaje. / Manu Trillo

El director Rubin Stein integró dentro de una misma trilogía, Luz y oscuridad, tres cortometrajes con los denominadores comunes de estar contados en blanco y negro y de tomar, dice el cineasta, el camino del "riesgo narrativo", Tin & Tina (2014), Nerón (2017) y Bailaora (2018). El primer título, especialmente, la historia de dos niños de aspecto beatífico que cometían un crimen mientras creían estar cumpliendo un mandato divino, "funcionó muy bien en festivales, estuvo seleccionado en unos 200, lo que es una barbaridad", recuerda Stein. "Aquello me permitió viajar mucho y hacer coloquios con el público tras la proyección. Y sucedía en destinos muy diferentes, muy variopintos, que los espectadores mostraban curiosidad por esos niños, por qué pasaba después y qué pasó antes, por qué esos niños malinterpretaban la Biblia. Todo el mundo me preguntaba: ¿No te has planteado hacer una peli con esto? Yo siempre decía que no, pero la insistencia de la gente fue como un goteo que me acabó calando. Yo también quería preguntarme qué ocurría con esos chavales", explica el realizador, que estrena ahora Tin & Tina, un largometraje que llega hoy a los cines con Milena Smit y Jaime Lorente en la piel de un matrimonio joven que adopta a esos dos pequeños (Carlos González Morollón y Anastasia Russo) que miran el mundo desde la lupa del fanatismo.

Para este largometraje, una producción de la andaluza La Claqueta PC, Stein recurrió a su propio pasado. "Mi abuela era muy religiosa, y su interés en que yo fuera un niño devoto me generaba todo un choque de emociones", confiesa. "Ella y los curas me decían que tenía que amar a Dios, pero yo leía la Biblia y aquel libro estaba lleno de imágenes aterradoras, todavía no lo valoraba así pero aquello contenía secuencias cinematográficas brutales, esos textos me provocaban pesadillas. Yo, más que amar a Dios, le tenía miedo. Cuando me pregunté, ya adulto, si iba a convertir Tin & Tina en un largo volví a la Biblia por si allí habría material para esos niños. Y en la página 15 ya lo tenía claro", afirma entre risas.

El niño Carlos García Morollón, con Jaime Lorente. El niño Carlos García Morollón, con Jaime Lorente.

El niño Carlos García Morollón, con Jaime Lorente. / Manu Trillo

Stein no sigue la dinámica más frecuente, "que el corto sirva de prólogo al largo. Fue la primera tentación, pero la descartamos rápidamente. Lo estimulante era que la idea original estallara como un big bang en todas las direcciones posibles", matiza sobre un trabajo que "no es la película que el espectador habitual de terror espera. El cartel, que es muy juguetón, puede sugerir otra cosa en un principio. No es una historia de niños asesinos que se van a poner a rajar a todo el mundo en los últimos minutos, no es La huérfana, aquí el clímax se basa en la pura sugestión. Me gusta decir que es una película de misterio, en la que hay secuencias, una con un vaso de leche y otra con una piscina, que son puro Hitchcock, y que bajo ese misterio subyacen el humor corrosivo o el drama", analiza el director.

La mezcla de géneros "estaba en el guión, pero nos hacía difícil definir el proyecto cuando nos decían: ¿A qué otra peli se parece? Y no encontrábamos ninguna referencia. Si acaso lo que está haciendo últimamente Jordan Peele (Nosotros, ¡Nop!), pero tampoco, porque Peele lleva sus propuestas al terror. Lo más cercano a Tin & Tina sería Hitchcock, pero un Hitchcock muy cañí". A pesar de las pelucas claras de los niños, Stein niega la inspiración de El pueblo de los malditos. "¡Cuando hice el corto yo no la había visto! Sabía de qué película hablaban, había visto fotogramas, claro, pero no puedes homenajear algo que no conoces bien. Mi justificación es que en la Biblia, la primera vez que se describe a un ángel, se habla de él como un ser de luz, de cabellos y piel extremadamente blanquecinos, como Tin y Tina".

Teresa Rabal y otros actores de los 80 interpretan los papeles secundarios del filme

El director y guionista ambienta en los 80 su largometraje, que convierte en un festín de homenajes a iconos de aquel momento, como el Un, dos, tres de Ibáñez Serrador, el Súper Disco Chino de Enrique y Ana... o Teresa Rabal, que interpreta a la monja que gobierna el orfanato donde Tin y Tina aguardan la adopción. "La película comienza con Lola [el personaje de Milena Smit] sufriendo una tragedia, y tras esa tragedia ella encara una pérdida de fe. Todos sus cimientos se tambalean y prácticamente tiene miedo hasta de respirar. Quise contar eso en paralelo al golpe de Estado del 81, unas horas de miedo en la población española, la irrupción de la oscuridad en un momento en que parecía que íbamos a la luz. Quise que la película empezara ahí", comparte Stein, que añade que "cuando tuvimos a los actores principales, los padres y los niños, nos planteamos los papeles secundarios. Surgían nombres de actores conocidos, que están en todas las producciones, pero le dije a Marichu Sanz, directora de casting, que si no le parecía bonito que recurriéramos a actores que en los años 80 estuvieran muy presentes en la televisión. Marichu me dijo: ¿Por ejemplo? Y yo le respondí: Teresa Rabal. No sabíamos si le apetecería hacerlo, pero aceptó de inmediato. Y en otros personajes tenemos a Ruth Gabriel, la niña de Barrio Sésamo, a Chelo Vivares, que hacía de Espinete, y a Luis Perezagua, al que vimos en La bola de Cristal, también en Barrio Sésamo y en el cine de José Luis Cuerda".

Teresa Rabal forma parte del reparto de ‘Tin & Tina’. Teresa Rabal forma parte del reparto de ‘Tin & Tina’.

Teresa Rabal forma parte del reparto de ‘Tin & Tina’. / Manu Trillo

Stein celebra también la elección de sus protagonistas, en particular la de Milena Smit. "Tiene secuencias de gran intensidad, no todas las actrices podían hacer esta película. Milena, por sus experiencias pasadas, arrastra una tristeza que le iba muy bien al papel. Siempre ayuda que haya algo que conecte al actor con el personaje, eso hace más fácil el viaje".

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