Cómic

Collage de recuerdos

  • Julie Doucet regresa al cómic con un imparable experimento creativo que nos lleva a conocer una historia de su pasado

Portada del cómic.

Portada del cómic.

Veinticinco años de ausencia es demasiado tiempo alejada de los lectores, y aunque no se ha alejado del mundo artístico, ya sea con la creación de collages o cortometrajes, además de su faceta como luchadora feminista, la autora canadiense Julie Doucet vuelve para sumergirnos en una relato muy personal.

Cultivadora de ese género que los norteamericanos bautizaron como slice of life, o sea, cómic autobiográfico, Doucet se vale de un cuaderno japonés y dibuja, plasmado en este auténtico acordeón de papel, una historia que podría contar con una especie de 'prólogo' o introducción en el que, hablando consigo misma, se replantea la idea de volver a este medio narrativo.

Pero claro, una de las mayores virtudes que posee el cómic es la de que no hay reglas impuestas, y se puede, y de hecho Doucet lo hace, romper esas paredes a las que llamamos viñetas para expandir el relato y que este fluya a través de las páginas (que en la edición española funciona a la perfección pese a no tener el mismo formato original), que como la propia autora ha confesado fueron dibujadas de abajo a arriba, dándonos así una importante clave a la hora de sumergirnos en su lectura.

¿Y de que habla Doucet en El río? Pues de lo que mejor conoce, su propia vida, en este caso particular de una historia de amor, una relación mayormente epistolar que aconteció en el ya lejano año 1985 entre ella y un joven que, obligado por el gobierno francés, tuvo que ingresar en el ejército para realizar el temido servicio militar.

A lo largo de varias cartas, los por aquel entonces jóvenes se van conociendo más y mejor, compartiendo intimidades, miedos y deseos. La distancia que los separa parece infinita, y tan solo se romperá en contadas ocasiones, dándole a esta fugaz relación un tono de amor fou que hace que no podamos despegar los ojos de estas páginas tan especiales.

Rostros de conocidos, personas de su propia vida, animales, objetos. Una corriente gráfica narrada en primera persona que, como ya decía anteriormente, prescinde en su totalidad de las viñetas y nos arrastra (y nos dejamos arrastrar) en este relato tan apasionante y apasionado.

La propia Doucet ha confesado que no tiene ni idea de si regresará a este medio de nuevo, pero siempre nos quedará su interesante obra, su Dirty Plotte, o My New York Diary, retazos de una vida llevada a las viñetas, sin cortapisas, con total y absoluta sinceridad, plasmando lo bueno y lo malo.

La editorial Fulgencio Pimentel, que conoce, y muy bien, la obra de Doucet, nos regala este personal regreso con una edición extremadamente cuidada, con el buen gusto que les caracteriza.

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