No sólo morir | Crítica Whisky para adictos

  • Sajalín publica en español la última novela del autor de la trilogía protagonizada por el sicario Jack Carter, una historia de mafiosos ingleses y pornografía

El escritor británico Ted Lewis (Manchester, 1940 - Scunthorpe, 1982) El escritor británico Ted Lewis (Manchester, 1940 - Scunthorpe, 1982)

El escritor británico Ted Lewis (Manchester, 1940 - Scunthorpe, 1982) / M. G.

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Cuenta Daniel Osca, responsable de la editorial Sajalín, que desechó la última novela de la trilogía de Carter, de Ted Lewis, porque no llegaba al mínimo exigido por esta editorial independiente que apuesta por la calidad y que ha hecho de la literatura criminal su bandera. Carter, la novela que se hizo famosa por la película protagonizada Michael Caine, no estaba editada en español y Sajalín la publicó hace un par de años, con gran éxito de crítica y público.

Tanto que el editor se arriesgó a editar la segunda novela de la serie, que se tituló en español La Ley de Carter. Ésta es un pelín inferior a la primera, pero sigue siendo un buen libro, cargado de acción, diálogos duros y directos y descripciones secas. Hay un tercer libro del personaje de Carter, pero parece que no lo leeremos en español, al menos no en los próximos meses. "Es que es mala", se justificaba el editor que ha traído al público hispano las dos novelas anteriores, en una conversación informal con quien esto escribe durante el último Bookstock celebrado en septiembre en Sevilla.

Sin embargo, investigando sobre Ted Lewis y su obra, Osca se encontró con un libro que le maravilló. El autor inglés lo escribió ya cuando estaba a punto de morir, completamente alcoholizado y hecho una ruina, a sus sólo 42 años. Al editor le pareció buenísimo. Y hablamos de un tipo que tiene bastante criterio a la hora de seleccionar una lectura.

Ted Lewis, con su máquina de escribir. Ted Lewis, con su máquina de escribir.

Ted Lewis, con su máquina de escribir. / D. S.

Es, de hecho, el responsable de haber publicado en español la obra de Edward Bunker, un delincuente que llegó a estar en la lista de los diez fugitivos más buscados por el FBI y que se reformó escribiendo en prisión. Algunas de sus novelas, como No hay bestia tan feroz o La fábrica de animales, o sus memorias, tituladas La educación de un ladrón, son algunas de las mejoras muestras de la literatura criminal del siglo XX.

Pero dejemos de lado a Bunker y sigamos en Gran Bretaña de la mano de Ted Lewis, un tipo que antes de escribir novela negra se dedicó a la publicidad y a los dibujos animados. Fue, de hecho, el dibujante del videoclip de la canción de los Beatles Yellow Submarine. Y luego hizo guiones para una serie policíaca y una novela autobiográfica antes de deslumbrar al mundo con las historias de la vida del asesino a sueldo Jack Carter.

Antes de morir de manera prematura a los 42 años por culpa de una enfermedad derivada de su adicción al alcohol, dejó varias obras más que pasaron desapercibidas. La última de ellas es la que encandiló al editor español. La obra se titula en inglés GBH, que es el acrónimo de los términos Grievous Bodily Harm, que podrían traducirse como "lesión física grave". Este es un tipo delictivo recogido en el Código Penal británico. Como esto se iba a entender poco, el traductor decidió cambiar el título español al bastante más atractivo No sólo morir.

Cuenta la vida del líder de una banda criminal especializada en la producción y distribución de películas porno, que descubre que uno de sus subordinados le está robando, pero no sabe cuál de ellos. Y empieza a investigar, en compañía de su esposa, que es la encargada de las finanzas en la organización y a veces también hace cameos en las cintas que su marido comercializa.

Como es habitual en los libros de la colección Al margen de Sajalín, la novela no es apta para todos los públicos. Han de abstenerse los estómagos delicados, porque aquí tendrán que asistir a una serie de interrogatorios poco convencionales y a un catálogo de torturas y asesinatos que el narrador y protagonista va narrando alejado de toda empatía.

Ted Lewis, con su sempiterno cigarrillo. Ted Lewis, con su sempiterno cigarrillo.

Ted Lewis, con su sempiterno cigarrillo. / D. S.

La acción transcurre en dos épocas y en dos lugares. Uno es Londres en el pasado y otro es un pueblo de la costa este británica en el presente. Se van alternando capítulos de Londres y del mar. George Fowler, que así se llama el mafioso protagonista, vive oculto en este pequeño pueblo con otra identidad por algo que el lector desconoce, que no se le revelará hasta las últimas páginas.

La acción de Londres es pura novela negra, cargada de acción criminal y de diálogos tensos, de mafiosos con aspiraciones, matones de tres al cuarto y policías corruptos, pero lo del mar es una verdadera delicia. La descripción del pueblo vacío en invierno, con un hotel funcionando a medias y un garito lleno de perdedores que sobreviven esperando la llegada del verano, y con él la temporada alta y los turistas, alcanza cotas de gran literatura. Las dos narraciones se van acercando a medida que avanza la novela hasta coincidir al final de la misma.

A George Fowler se le van apareciendo sus fantasmas y se le levantan los cadáveres que dejó a su paso, mientras trata de matar el tiempo atiborrándose de alcohol, como a buen seguro haría el propio escritor. Si Lewis había creado un personaje como Carter, que se movía como pez en el agua en un escenario industrial, de chimeneas expulsando humo negro y de fábricas de ladrillo, este Fowler trata de adaptarse a un hábitat tan poco natural como un pueblo costero en invierno.

Una Matalascañas sin gente, con los bares cerrados y los hoteles vacíos. Una especie de paraíso. Algo que es, como se dice en algún momento de la novela, como una copa de whisky para un adicto al alcohol.

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