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Jorge Corrales. Guionista y narrador

"Gracias a las redes sociales he vuelto a ser un escritor"

  • El madrileño adapta uno de sus hilos de Twitter sobre Berlín en 'Las chicas del muro' (Ediciones B), que supone su debut en la novela

El guionista Jorge Corrales.

El guionista Jorge Corrales. / D. S.

–¿Cómo encontró la fotografía sobre la que construye Las chicas del muro?

–Como todas las cosas buenas, apareció por casualidad. Yo cuento en redes sociales historias sobre Berlín, mi ciudad hasta hace poco. El día del 60 aniversario de la construcción del muro publiqué dos fotografías, una del día de la caída del muro y otra de su construcción. Esa última era la foto de Las chicas del muro. No le di más importancia. Pero un amigo hizo la pregunta incorrecta en el momento oportuno. Al hilo de la foto me preguntó si podía pedirme una historia sobre Berlín. Pensé que se refería a que contara la historia detrás de esa foto. Así que me puse a investigar y descubrí toda la historia de las Mauermädchen. Luego resultó que mi amigo se refería a otra cosa. Aún así escribí un hilo para Twitter sobre Rosie y Kriemhield y se convirtió en la historia más vista del día. Una locura de likes y retuits. Y así, de casualidad, nació esta historia.

Las chicas del muro es una historia de separación, de sinrazón, pero sobre todo de amistad.

–Sí, desde el primer momento quise centrarme en la amistad, porque es un vínculo difícil de romper. El otro día me encontré a una amiga que hacía 20 años que no veía. Le di un abrazo y era como si no hubiera pasado el tiempo. La verdadera amistad es difícil de conseguir, pero una vez se tiene, es también muy difícil de destruir. Así como el tiempo puede borrar muchas cosas, un amigo puede estar siempre a tu lado, pese a no verlo con frecuencia.

Cubierta de 'Las chicas del muro'. Cubierta de 'Las chicas del muro'.

Cubierta de 'Las chicas del muro'. / D. S.

–¿No se planteó en algún momento protagonizar su propia novela?

–No puedo evitar sonreír al escuchar la pregunta, porque toda la gente que me conoce dice que hay mucho de mí en las dos protagonistas, Elena y Nelly. Quiero creer que si hubiera escrito esta novela con un personaje llamado Jorge Corrales como protagonista, me habría mostrado menos. Habría intentado escapar más de mí mismo. Sin embargo, utilizando el paraguas de la ficción puedo dejarme ver más y mostrar partes de mí que me costaría escribir en primera persona. Además, la novela es pura ficción, aunque esté basada en una historia real, los personajes, tal y como los he descrito, no existen.

–¿El partir de hechos reales le ha supuesto una ventaja o un impedimento?

–Pues me entró un poco de vértigo al comenzar, tenía mucho miedo de que se pasara una lupa sobre los acontecimientos reales. Pero cuando aún estaba trabajando en la estructura, hablé con una amiga guionista y le conté mis problemas con la verosimilitud. Me dio un consejo que he intentado seguir al pie de la letra: Tú eres escritor, no eres historiador o periodista. Así que tomé los hechos como un elemento narrativo, dejando de lado el relato histórico. Me interesaba contar una historia, no hacer un estudio del muro de Berlín. Si analizas la novela, en realidad, le dedico muy poco tiempo a los hechos reales. La mayoría del libro está dedicado a las consecuencias de esos hechos, al simbolismo de esa imagen.

"Quería contar una historia, no hacer un estudio del muro de Berlín. No me explayo en los hechos reales”

–¿Es Berlín pobre pero sexy (en referencia a sus célebres hilos en Twitter)?

–Lo es. Cada vez menos pobre y por tanto menos sexy, pero aún mantiene ese magnetismo. Hay un sentimiento crónico de anunciar que la ciudad ha cambiado y nunca volverá a ser cómo fue. Y es verdad, pero eso es porque esa es la esencia de Berlín: el cambio. Es una ciudad en continua evolución, siempre está a la última. Si queremos que el Berlín que vivimos hace 10 años se mantenga, entonces estamos traicionando el propio espíritu de la ciudad. Lo que la hace sexy es que siempre hay un rincón de Berlín donde se mueve algo, un local donde se reúnen artistas, un mercadillo donde encontrar ropa que se pondrá de moda el próximo año. Berlín no se puede parar.

–Es muy conocido por sus hilos de Twitter. ¿Es esta red un soporte adecuado para contar una historia? ¿Qué le ofrece?

–A mí me lo ha ofrecido todo. Yo era un escritor fracasado, no me da vergüenza admitirlo. Después de años intentando colocar proyectos había desistido e incluso había perdido el gusto por la escritura. Pero durante la pandemia recurrí a mis viejos hábitos para despejar un poco la mente. Decidí publicarlo en redes sociales para que lo leyeran familiares y amigos. Lo que no me podía imaginar es todo lo que vendría después. Gracias a las redes sociales he vuelto a ser un escritor y eso es difícil de digerir. Normalmente pensamos que las redes sociales son nocivas y solo traen ignorancia, pero yo creo que Twitter o Instagram son solo herramientas. Nosotros somos los que decidimos cómo utilizarlas.

–¿Ha recurrido al guionista o ha permitido que el novelista tome las riendas?

–El guionista ha descubierto lo divertido que es ser novelista. Cuando escribes un guion, tienes que pensar en presupuestos, localizaciones, número de páginas, actores, etc. Sin embargo, en una novela, no existen esas limitaciones. Puedes escribir una escena en 1961 sin miedo a que te la corten por presupuesto o que se haga de forma chapucera.

–Dado que su primera novela ha surgido de un hilo, ¿no descarta que suceda lo mismo con la segunda?

–No descarto nada, me están sucediendo cosas preciosas en las redes sociales. Creo que esta novela es la primera que se publica como una adaptación de un hilo de Twitter. Puede que la próxima esté a la vuelta de la esquina, pero eso lo descubriremos todos juntos, mis lectores y yo.

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