Balonmano | Entrevista con Antonio Carlos Ortega

“Pepelu fue un ejemplo hasta el último momento”

  • Este sábado se homenajea a José Luis Pérez Canca poniendo a su nombre el pabellón de Carranque

  • Pocas personas como el ahora entrenador conocían mejor al legendario central malagueño

Antonio Carlos Ortega y Pepelu Pérez Canca, en un partido de veteranos. Antonio Carlos Ortega y Pepelu Pérez Canca, en un partido de veteranos.

Antonio Carlos Ortega y Pepelu Pérez Canca, en un partido de veteranos. / Málaga Hoy

Antonio Carlos Ortega (Málaga, 1971) está en Alemania, donde con su Hannover compite en la NBA del balonmano. En la Final Four de la Copa, en media tabla de la Bundesliga y en la fase de la grupos de la EHF, al mismo tiempo planifica durante el parón para el Mundial cómo dar un salto de calidad en la próxima temporada. Mañana aterriza en Málaga para asistir al homenaje de una persona con la que recorrió todo el camino desde la infancia hasta llegar a la élite de su deporte, el balonmano, José Luis Pérez Canca. Carranque será rebautizado con el nombre del legendario central malagueño.

–¿Cómo recuerda a Pepelu?

–Pepelu fue un ejemplo en su carrera como jugador y después estuvo hasta el último momento luchando, hasta el último aliento, haciendo todo lo posible por ganar a la enfermedad. La espera ha sido larga pero ha llegado el momento. Va a ser un acto muy bonito, que se recuerde a un jugador como él, que su nombre esté ahí para siempre... Es algo muy merecido.

–Fueron de la mano desde muy pequeños.

–Era mi mejor amigo de niño. Éramos del año 71. Recuerdo que llegó a Maristas del colegio El Atabal. Fuimos campeones de España cadetes y juveniles, la misma generación. Recuerdo que el primer año que juega Pepelu es en el alevín B, a partir de infantil empieza a destacar por su juego. Incluso en cadete de primer año, que quedamos subcampeones de España, aún no jugaba demasiado. Ya en cadete de segundo sí empiezar a brillar mucho más. Empezó a destacar con su inteligencia en la pista. Tenía la pista en la cabeza.

–Vivieron la llegada a Asobal del primer equipo.

–Claro, ahí jugamos muchísimo juntos en aquel recordado equipo. Ya con 24 años yo me voy al Barcelona y un año después él se va a León, que entonces ya era un equipo importante en la Asobal.

–¿Cómo le recuerda sobre la pista?

–Era muy inteligente, físicamente nunca destacó. De hecho, de pequeño era gordito. Pepelu era todo inteligencia. Sabía por dónde había que atacar al rival, tenía una finta muy eléctrica. Era buen finalizador, pero jugaba siempre para los compañeros. Yo fui máximo goleador español de la Asobal cuando estábamos en Maristas dos temporadas gracias a él. Me las ponía increíble.

–En su carrera siempre estuvo en buenos equipos.

–Sí, siempre en equipos de competición europea, de zona alta, como merecía su calidad. En León gana títulos y fue a la selección, en Ciudad Real está en el momento en el que el club pega el estirón y gana también un par de Recopas de Europa. Después va a Granollers, un equipo clásico del balonmano español. Lo llevan como central para ser el director de un equipo muy joven que aprendió mucho de él.

–Y el círculo se cierra en Antequera, donde jugó sus dos últimos años a sus órdenes en esa aventura en la Asobal.

–Fue una etapa muy bonita, allí en casa, en Antequera. Estábamos creciendo y Pepelu le dio al equipo toda su experiencia. Entrenarle era sencillo. Teníamos una forma muy parecida de ver el balonmano, había poco que decirle. En ataque manejaba muy bien a todos, sabía a lo que había que jugar y se lo transmitía a los compañeros. Fue un gustazo dirigirle sus últimos años.

–Personalmente todo el mundo hablaba muy bien de él.

–En tu vida dejas amigos y otros que no lo son, que simplemente forman parte de un momento determinado. Pepelu dejaba huella en quien lo conocía. En vida no conocía a nadie peleado con él. Irradiaba felicidad, era superoptismista, siempre estaba contento, de buen rollo, era muy, muy difícil verle enfadado. Después nos dio una lección peleando hasta el final contra la enfermedad, convencido de que saldría adelante. En esos años yo ya estaba fuera de España, no pude estar con él como hubiera querido ni pude ir a su funeral. Pero sí estuve en contacto bastante frecuente. Casi te animaba él a ti cuando hablabas a pesar de que estaba mal. Era increíble.

–El sábado se le reconocerá.

–Va a ser muy bonito, vendrá gente de todos lados, aunque algunos no estamos ya para jugar (risas). El hecho de encontrarse, de rememorar a Pepelu, de ver de Maristas a mucha gente que jugó con él, de fuera mucha gente que va a venir... Seguro que será muy emocionante.

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