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El Málaga alivia su carga en San Mamés

  • Edulcorado Sentó bien el empate, conectado a las derrotas de los perseguidores y a un juego serio detrás e incisivo arriba Descaro Muñiz volvió a recuperar la versión más ofensiva Colosal Duda igualó el 1-0 de Toquero con un gol olímpico

Árbitro: Rubinos Pérez (madrileño). Llegó a sacar hasta nueve amonestaciones en un partido que no fue bronco, pero que estuvo trabado en muchas ocasiones. Los locales lamentaron que no señalizara varias faltas en torno al área de Munúa, mientras que otras que sí decretó fueron desmesuradas. Recibió presiones de la grada, aunque supo mantenerse en su sitio y completó una actuación correcta.

Tarjetas: Amarillas Benachour (27'), Caicedo (42'), Jesús Gámez (56'), David López (56'), Iván (61'), Iturraspe (68'), Munúa (83'), Obinna (84') y Valdo (95').

Goles: 1-0 (5') Toquero. Balón en largo de Iturraspe que se traga Iván a su espalda y el delantero bate por debajo de las piernas a Munúa, a pesar de que el uruguayo adivina la dirección. 1-1 (19') Duda. Desde la banda derecha consigue un gol olímpico merced a un golpeo magistral con su zurda que deja de piedra a Iraizoz en el segundo palo.

Incidencias: Encuentro correspondiente a la trigesimosexta jornada de la Liga BBVA disputado en el estadio de San Mamés ante cerca de 40.000 espectadores. Noche bastante desapacible, con frío, lluvia intermitente y viento racheado que, cada vez que aparecía, ponía en problemas la estabilidad de los jugadores sobre el terreno de juego.

El Málaga ha regado su temporada con empates y por eso malvive a punto por jornada, casado con la agonía. Pero no todas las igualadas dejan el mismo poso. La de ayer oxigenó su situación. El equipo ondeó su bandera en San Mamés, se rehizo al tempranero tanto de Toquero y mostró un mayor respeto al balón. Le faltó algún gol para aliviar más el peso de su carga, pero a cambio Negredo, Jurado o Forlán les regalaron otros que también llevan el valor de hundir más al Valladolid, ahora a un triunfo de distancia, y al Racing, que sigue en barrena y ya por debajo de los blanquiazules. Queda un suspiro menos, llueve más en Tenerife, Pucela y Santander.

Por los resultados de la jornada y por cómo sacaron sus garras para defenderlo, el empate de ayer no tuvo nada que ver con tantos de esos insulsos que los de Muñiz han coleccionado este año. Fue una igualada edulcorada. Los blanquiazules volvieron a descorchar sus mejores noches para frenar a un Athletic bravo y descamisado y para buscar en ataque una victoria para la que faltó mejor puntería en las inmediaciones de Iraizoz. El entrenador asturiano transformó a su equipo en el once que tanto demandaban los aficionados insistentemente. La creación de Apoño y Benachour en el doble pivote; Valdo por Fernando para ganar profundidad en la derecha y dos delanteros, Obinna y Caicedo, en aras a reforzar la presencia en el área rival. Una apuesta tan generosa como inesperada, quizás sólo comparable a la expuesta en la tercera jornada ante el Racing, entonces con el técnico haciéndose la boca agua pensando en una venganza a la cántabra.

De esa guisa y con la inestimable ayuda de la fluida alfombra de San Mamés, el equipo se pareció al de la segunda parte en Mallorca y al de la primera ante el Sporting. De Apoño para atrás, los hombres de retaguardia resistieron al partido aéreo propuesto por los de Caparrós; desde Benachour hacia adelante, el Málaga tiró el balón al suelo para acelerar la circulación, buena receta ante un Athletic sin Orbaiz ni Javi Martínez y, por tanto, más aliado a la raza que al juego. A excepción de Iván, que sigue empeñado en ahogar sus buenos detalles en garrafales desatenciones que cuestan goles (la de ayer a los cinco minutos), el reto del bombardeo no derribó la contención blanquiazul, pese a la insistencia local en faltas laterales y saques de esquina. El Athletic sólo fue eso y eso era justo lo que se esperaba de él.

La agonía de la clasificación no pesó en la batuta de Benachour, de nuevo brújula hacia el ataque. El franco tunecino salió ganando con la apuesta de Muñiz, pues encontró más socios arriba, incluidos Jesús Gámez y Mtiliga en el despliegue por banda.

Los siete corners a favor del primer tiempo eran el termómetro perfecto para calibrar cómo corrió el Málaga hacia Iraizoz hasta el intermedio. En uno de ellos, Duda añadió a su historial blanquiazul una de las pocas medallas que le faltaban, el gol olímpico. A falta de poder conectar cabezazos ante las poderosas torres locales, el luso sopló su fusil y conectó una rosca bendita al segundo poste, desde luego el gol de la jornada. Antes de eso y hasta el descanso, unos y otros coleccionaron huys, aunque sudó más Munúa que Iraizoz.

El choque de filosofías se desniveló en la segunda mitad. El Málaga contragolpeó menos y el Athletic achicó más. Básicamente, porque empezó a rugir San Mamés. El escenario empezó a configurarse por los aires y, como no podían romper el muro visitante, los bilbaínos se aferraron a las segundas jugadas, a disparos desde el balcón del área a los que respondió Munúa con manoplazos.

A medida que el Málaga acusaba el fuerte desgaste y la presión ambiental, emergió la figura de Obinna para dar desahogo en velocidad, como en Mallorca. No estuvo tan eléctrico el nigeriano como hace dos semanas, aunque mantuvo en lo alto la capacidad de susto para los locales, que dejaron de encontrar en franquía a Fernando Llorente y Toquero.

La última jugada en la retina situó a Baha de espaldas a Iraizoz, dentro del área, con Duda al lado desgañitándose para recibir y marcar a placer, pero no lo vio el franco marroquí, que tampoco logró marcar en su reverso. No ganó el Málaga, no perdió, sí quemó una jornada en el calendario, sí metió a otro adversario por debajo de sus necesidades. Hoy el optimismo ha vuelto a renacer.

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