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El Málaga purga dos minutos de cristal

  • Petrificados Una falta que se le coló a Goitia bajo el cuerpo y un inocente penalti anulan al equipo Frustrante Previamente el conjunto blanquiazul había sumado cuatro ocasiones claras para haber conseguido la ventaja en el electrónico

Una pesadilla de dos minutos petrificó al Málaga en Riazor. Llegado el 67 el equipo se hizo de cristal y acumuló deméritos para sufrir dos flechazos que arruinaron el buen proyecto futbolístico expuesto hasta entonces. Un lanzamiento de falta que a Goitia se le escurrió entre el cuerpo y un intercambio de torpezas entre Calleja y Weligton al intentar despejar que acabó en penalti transformado por Omar Bravo talaron el resultado de raíz.

Fue un frío desenlace en el día más plácido que había amanecido en la ciudad en las últimas semanas. Especialmente el primer tanto, que reveló una cadena de boquetes. Primero en la barrera ante el disparo raso de Lafita, luego en el cuerpo de Goitia. El vizcaíno lanzó palmas al aire mientras el cuero se colaba entre la incredulidad de todos y luego lamentó la pena pisando el césped, buscando consuelo a cómo el chut le había taladrado el cuerpo y el alma.

Sin tiempo para asimilarlo o quizá como consecuencia del bofetón, llegó la segunda pisada en falso. Calleja intentó ceder el balón a Weligton y pareció que quería quitarse una bomba de encima. Le explotó al brasileño, que aportó su sello a la segunda sucesión de errores agarrando a Omar Bravo dentro del área para impedir su avance. Goitia contempló la circunstancia como una magnífica oportunidad para redimirse, pero el buen chut del mexicano le arrebató hasta eso.

Fueron demasiadas concesiones para sobrevivir impunemente en Riazor. Escoció, por la forma, porque llegaron en apenas dos parpadeos y porque hizo que pasara por la mente el catálogo de ocasiones marradas con anterioridad.

Albert Luque abrió los disparos de fogueo en los últimos suspiros de la primera mitad. Perseveró uno de esos balones que blindan entre el zaguero y el portero dentro del área, encontró una rendija en el cuerpo de Ze Castro y su puntera llegó antes que Aranzubia. El balón saltó lentamente, dando botes pequeños, con el catalán caído de espaldas y Riazor ojiplático ante los segundos en que tardó en lamer el poste el balón, que se hicieron eternos.

Ahí murió la primera mitad, pero dio la sensación de que el descanso no hubiera existido, pues fue pitar Clos Gómez y enseguida se puso la segunda cruz al expediente ofensivo. Eliseu se la llevó. El luso salió de su mediocre primera parte con un eslalon de esquiador y armó una rosca envenenada que Aranzubia se quitó de encima cuando ya estaba casi clavada cerca de la escuadra.

El disparo confirmaba el vendaval, que aún aguardaría dos capítulos más de frustración. Albert Luque picó un centro de Calleja que el meta vasco leyó a la perfección (51') y tres minutos después Duda le buscó las cosquillas y las telarañas, a las cuales no llegó el esférico porque apareció una vez más el guante salvador de los locales.

Fue el punto de inflexión del encuentro. Desde ahí el rectángulo de juego se volcó hacia Goitia. Antes de quedar agujereado en el campo, el guardameta malaguista arruinó el gol que ya cantaba Ze Castro tras su impecable testarazo. La rechazó a córner, lo botó Verdú, Juan Rodríguez lo cabeceó al travesaño y Omar Bravo disparó al aire a apenas un metro de la línea de gol.

Los tantos llegaron con el peor juego del Dépor, que se había personado en el choque con una puesta en escena sorprendente para el Málaga. Los de Tapia se toparon en el campo con un espejo. No sólo porque los locales vistan de blanquiazul, sino porque Lotina jugó a cosas parecidas a las que practica Tapia. Una presión iniciada arriba y severa en los espacios entre líneas, libertad para mover a Lafita y Guardado de una banda a otra y protagonismo para los llegadores descubrieron una identidad similar a la malaguista. El equipo quedó casi en estado de choque por el parecido y desde pronto se vio a rebufo de lo coruñeses, que mandaron más que asustaron y asustaron más que chutaron. Tuvo que pasar más de media hora para el despertar morado. Apoño dejó de verse desenganchado en cada jugada porque el Málaga juntó líneas y dio un pasito adelante. Desde ahí todo fue a mejor hasta que a Iñaki Goitia se le coló el partido por debajo del cuerpo.

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