El Málaga siembra buenas expectativas

Se paseó con empaque por Goodison Park y sólo la dinamita de los ingleses le hizo caer · Luque firmó un tanto espectacular

Valdo le gana en el salto de cabeza al jugador del Everton Rodwell.
Valdo le gana en el salto de cabeza al jugador del Everton Rodwell.
José L. Malo

08 de agosto 2009 - 05:02

Goodison Park fue el primer estadio de Inglaterra construido específicamente para la práctica del fútbol. Por ello, tras dejar de compartir Anfield con el Liverpool, en la afición del Everton se sembró la imposición de respetar ese regalo. El Málaga se sumó ayer a ese tributo histórico honrando con buen fútbol esa alfombra. Atizó a intermitencias y por ello no trasladó al marcador las buenas sensaciones que sembró, pero pareció que eran los de Muñiz los que comienzan la Liga el sábado y no los de David Moyes, que sólo fueron mejores en puntería y orden.

A pesar de las palizas físicas de Benahavís (el día anterior al partido hubo otra triple sesión), al Málaga no sólo le duró la gasolina, sino que fue de menos a más en el choque, ayudado también por la frescura que aportó el carrusel de cambios de la segunda mitad. Absorbió el mayor dominio del partido, especialmente en la segunda parte, en la que avanzó sus líneas para añadir a su control mayor presencia ante Howard. Y aderezó su superioridad con los detalles individuales de muchos de sus jugadores. Un cóctel agradable e inesperado que hay que valorar de forma notable, pues el de ayer fue el test más exigente de la pretemporada.

Quedan como lunares la inseguridad que emanó desde Munúa, errático en los dos tantos del Everton, y la sensación de orfandad en la punta de ataque durante todo el encuentro. Baha confirmó que necesita vivir con el centro del campo más cerca para realmente ser una referencia.

Pero debe primar un regusto cosquilleante en el paladar. Benachour tuvo buena culpa de ello. El fino centrocampista despejó todas las dudas deportivas sobre su continuidad. Desde la primera jugada en la que tocó el balón, demostró que las buenas sensaciones que mostraba en Benahavís sabe hacerlas en competición. Salvo algún desplazamiento en largo precipitado fruto de sus ganas de agradar, prácticamente todo lo hizo bien. Tuvo más presencia en el primer parcial, donde el impacto en un defensa le privó de un tanto cantado (11') y contó con Edu Ramos y Xavi Torres de escuderos. El chaval pasó desapercibido; deja de ser noticia que el alicantino brille a gran nivel.

Le siguió en la escala de detalles Forestieri, que iluminó el segundo tiempo con su descaro de potrero. Su inquietud entre líneas consiguió arrastrar al doble pivote hacia adelante, de ahí la mayor sensación de proximidad ofensiva tras el descanso. Su presencia modificó el 1-4-5-1 de la primera mitad por un clásico dibujo de dos atacantes, que confirmó el paso adelante en el juego. También contribuyó a la empresa Jordi Pablo, que ayer pareció ganarle el primer asalto a Valdo en la carrera por la titularidad en el carril derecho.

También después de la reanudación llegó lo mejor del encuentro. Apenas había vuelto a rodar el esférico y José Juan Luque le regaló al público inglés un golpeo magistral de falta como los que este año se añorarán de Cristiano Ronaldo. El cañón del sevillano apuntó al cielo y cayó con una violencia inesperada para aterrizar en la escuadra derecha de Tim Howard. Imparable y bellísimo. El respetuoso público británico le premió con aplausos y el gol recompensó sus ganas por demostrar que todavía tiene hueco en este plantel.

El Málaga se afanó en buscar el empate por más que la pretemporada no penalice las derrotas. Pero la carga del primer tiempo ya era excesiva. Cuatro minutos de eclipse de Munúa en un balón colgado y luego en una extraña colocación bajo palos habilitaron los tantos de Saha y Osman, que anticipaban un recital que no tuvo lugar.

Al contrario, precedió a un ánimo malaguista de conjugar los verbos gustar y marcar. Como se vio en Edinho, que entró en el tiempo residual aún con mucha carga de trabajo por hacer pero con una planta y una velocidad importantes.

Todo ello ocurrió bajo la agradable visión de la equipación naranja, similar a la del Celta del año pasado o un modelo anterior del Alavés. Un color fresco que históricamente no ha existido. Fresco como se vio al Málaga ante el Everton, el quinto equipo de Inglaterra tras los cuatro marqueses de la Premier: Manchester United, Liverpool, Chelsea y Arsenal.

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