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Una delicatessen

  • Superior El Unicaja se exhibe en Le Mans, donde consigue el triunfo más amplio a domicilio (por 22 puntos de diferencia) de su historia en la Euroliga Superior El pase al 'Top 16' está virtualmente sellado

El panorama en la rueda de calentamiento del Unicaja parece sombrío. No está Carlos Cabezas, ni Berni Rodríguez, ni Germán Gabriel. No hay malagueños, salvo el meritorio Rai López. Tampoco está Haislip. La estampa podría sugerir un equipo despojado de su alma, de los depositarios de la esencia del club malagueño. Un craso error. La escueta sección sana de la plantilla ha optimizado su rendimiento en la desgracia, ha resplandecido para acumular siete victorias consecutivas, cortejar el liderato en la ACB y sellar virtualmente el pase al Top 16 tras el avasallador triunfo en Le Mans (55-87), el más amplio a domicilio de la historia del club en sus nueve participaciones en la Euroliga. Las cuatro victorias podrían valer, las cinco garantizan el acceso. De aquí a mediados de enero sólo faltará dilucidar en qué vagón se produce el transbordo a la siguiente fase. Hay una buena oportunidad de hacerlo en clase preferente.

La bucólica estancia en un sereno castillo de la región del Loira no menguó la voracidad de los pupilos de Aíto, inmunes de momento a la fatiga que podría propiciar la reducción de las rotaciones por las lesiones. El Le Mans, hay que contextualizar para quien viera el partido de ayer, había perdido todos sus encuentros, pero siempre por un margen no superior a los cinco puntos. Los franceses cayeron rendidos a la puesta en escena malagueña, a su defensa asfixiante que negó una canasta hasta el minuto cuatro de partido y su veloz y al mismo tiempo organizado ataque. Se repetiría la jugada al inicio del tercer cuarto. Thomas Kelati, sobrenatural en el primer cuarto (11 puntos), colocó la base sobre la que se edificaría el triunfo malagueño (0-9). Enorme el escolta eritreo, henchido de autoestima. Él y Omar Cook han aprovechado como nadie la plaga de bajas para ganar crédito y despejar algunas, o muchas, dudas.

Desde ese púlpito magistral, con altos y bajos, el Unicaja gobernó el encuentro con una solvencia encomiable y sólo permitió a los franceses, agarrados a los chispazos de Chase y Bluthenthal, de largo el jugador con más clase del rival, acercarse a seis puntos (29-35). Esa fue la distancia de seguridad, lo normal fue la decena o más a favor. La renta al descanso (29-39) indicaba que aún había encuentro, pero resultó un falso espejismo.

La segunda parte sólo valió para la dosificación de minutos (a lo largo del partido jugaron Rai López, Cortaberría y Faverani y Shirley sumó horas de vuelo), para la acumulación de autoestima y para el regocijo propio, también para el ajeno. Porque el público francés acabó ovacionando la exhibición malagueña sobre el tapiz del Antares. Colegas franceses aseguraban que no se había visto cosa igual en las participaciones en la Euroliga del Le Mans. Pronto se alcanzaron los 20 puntos de renta. La salva de aplausos crecía. Mate de Ndong tras pase sin mirar de Shirley, triple en carrera de Jiri Welsch, triple frontal de Ndong... Un recital colectivo ante el que el deportivo público de Le Mans respondió con el reconocimiento por el espectáculo que había presentado. La diferencia crecía exponencialmente (42-64, 44-77) y el batallón de Aíto se marchó entre los vítores de un enemigo entregado. No sólo quedan las victorias, también se conquista con la imagen. Y la que ayer ofreció el Unicaja en el corazón de Francia, la tierra del buen gusto, de las delicatessen, es imposible de mejorar. El próximo miércoles vuelven Berni y Cabezas. Regresa al corazón del equipo. Sus compañeros les han dejado un gran legado.

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