La leyenda infinita del maestro Antonio Carlos Ortega

Balonmano

El malagueño se corona campeón de Europa como entrenador del Barcelona y entra en el selecto club que levantó la Champions como jugador y técnico

"Al Barcelona no se le dice que no"

Antonio Carlos Ortega, durante la final de la Champions.
Antonio Carlos Ortega, durante la final de la Champions. / Efe

Antonio Carlos Ortega (Málaga, 1971) ya era uno de los mejores deportistas malagueños de la historia. Su carrera continúa en los banquillos y no deja de crecer su leyenda. Aquel chaval zurdo que deslumbró en Maristas y llamó la atención de Valero Rivera para entrar en el Dream Team del Barcelona, el mejor equipo de la historia de este deporte, y ganar medallas varias con la selección es ahora también un maestro en los banquillos. En el Lanxess Arena de Colonia, la catedral del balonmano mundial, Ortega se coronó este domingo campeón de la Champions League, la particular NBA del 40x20. Su Barcelona ganó en una taquicárdica tanda de penaltis al Kielce de Talant Dujshebaev. El mítico ex jugador nacionalizado español era uno de los tres entrenadores que habían ganado como técnicos y entrenadores esta competición junto a Roberto García Parrondo, Xavi Pascual y el checo Jicha.

“Al Barcelona no se le puede decir que no, es una oportunidad única”, decía este verano Antonio Carlos Ortega en un encuentro en Cártama con su buen amigo Nacho Rodríguez, con el que siguió una carrera paralela saltando de Málaga a Barcelona. Su carrera en el banquillo comenzó en Antequera, al que llevó a las cotas máximas alcanzadas por el balonmano masculino malagueño, sólo rebasadas después por el Costa del Sol en versión femenina. Allí en El Torcal, ciudad que le marcó, forjó su estilo e idea de entrenador. Después fue escalando. El Veszprem húngaro, con el que ya jugó la Final Four, una final incluida de la Champions; el Kolding danés; el Hannover alemán, en la mejor liga del mundo. En medio, una experiencia mundialista con la selección de Japón. Había renovado su contrato con el Hannover, club al que había hecho crecer mucho, meses antes, pero llegó la llamada del Barça. En un contexto muy complicado, de reducción presupuestaria, con una plantilla más corta y con el listón más alto posible, la victoria en la Champions del año pasado. Enric Masip, el capitán de aquel Dream Team y hombre fuerte de Joan Laporta, le ofreció el único cargo por el que podía regresar a España, el del Barcelona.

Antonio Carlos Ortega ha vivido una década fuera de España. En ese periodo de tiempo sus cuatro hijos han vivido experiencias en varios países, hablan varios idiomas en un bagaje con poco par. Pero no se le podía decir que no al Barça. La reducción presupuestaria no amenazaba su dominio en España, donde ha ganado en buena lógica todos los títulos y sigue teniendo más presupuesto que el resto de equipos juntos. Pero hacía más complicado conquistar la Champions, que tenía más allá de la dificultad en el campo más condicionantes. Desde que se disputa en el formato de Final Four, ningún equipo había repetido título. Sí lo ha hecho el del malagueño, que durante el año ha empleado en varios partidos al joven valor antequerano Juan Palomino. "El gran objetivo de siempre es la Champions, que este año la ganaron con autoridad increíble, pasmosa. Un club como el Barça está obligado a llegar a la Final Four. Después allí puede pasar cualquier cosa a un partido. Está obligado a ganar todos los títulos nacionales. El listón está muy alto y eso lo tengo claro en mi cabeza", decía aquella calurosa tarde en Cártama.

"Ha sido una temporada muy, muy dura. Por el momento de mi llegada, después de la ejor temporada del anterior entrenador. Tuvimos alguna derrota dolorosa. A mí me ha costado mucho llegar dentro del vestuario, hacer que creyeran en mí porque no entendían el cambio. Hemos tenido que soportar mucha presión dentro y fuera y hay que gestionar muchas cosas, pero lo hemos gestionado bien y estamos satisfechos", decía el malagueño emocionado, después de no haber mirado siquiera la tanda de penaltis en una esquina del pabellón.

"Me acuerdo de muchas cosas, de mis padres, de mi familia, que siempre me están apoyando, me los he llevado por medio mundo con mi carrera de entrenador. Y me acuerdo de Veszprem. Desde 2012 fui haciendo cada año mejor temporada, llegando a dos Final Four y fui cesado por motivos extradeportivos en 2015 cuando fue el famoso año en que estaban en la final y les remontaron nueve goles. Nunca hablo de mí, no me gusta, pero en este caso el balonmano me debía esta Champions", decía con un mínimo gesto reivindicativo dentro de su tono modesto habitual.

Es la undécima Champions del Barcelona, el equipo más laureado del balonmano mundial. Ortega intervino en seis como jugador y en la última como técnico. Cumplirá 51 años y le quedan muchos de carrera aún. De momento, en la competición que pone la nota ha sacado un sobresaliente en su primera temporada. Manejó con maestría en la Final Four sus piezas. Un equipo de calidad y físicamente sobresaliente. Pero tanto en la semifinal contra el Kiel como en la final contra el Kielce los azulgranas marcaron el paso. Se sobrepusieron a un mal minuto final que llevó a la prórroga. No mataron en la primera mitad, pero aguantaron hasta llegar a los penaltis. Ahí, el mejor portero del mundo, Gonzalo Pérez de Vargas, detuvo un lanzamiento a quizá el mejor jugador en los 70 minutos, el tremendo Alex Dujshebaev, buen heredero de su padre, con el que Ortega tuvo batallas en las pistas y también conquistas en la selección española.

Continuar una dinastía es un reto, pero es la exigencia para el malagueño, que sigue conectado a su tierra. Cada día consulta los periódicos y está plenamente al día de la actualidad balonmanística, deportiva y social. Un pedazo importante de ese título del Barça tiene el sello de Antonio Carlos Ortega Pérez, leyenda cada día más grande del deporte malagueño.

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