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En el olimpo

  • Regino Hernández se alza con la medalla de bronce en PyeongChang tras una prueba brillante

  • Su presea es la tercera de España en unos Juegos Olímpicos de Invierno

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De Francia a Corea del Sur. De 1992 a 2018. 26 años y 6 días en blanco que borró Regino Hernández (Ceuta, 1991) con su centelleante descenso por el Phoenix Park. Desde el que puso, a más de 10.00 kilómetros, los vellos como escarpias a España entera. Un bronce que renovó el de Blanca Fernández Ochoa en Albertville, cuando el rider malagueño no contaba ni un año. "Es algo con lo que he soñado toda mi vida. Quiero tener la medalla en el cuello para creérmelo", decía un tipo singular, ayer orgullo de todo un país.

Entró Regino en un distinguido grupo, colgándose la tercera medalla olímpica invernal de toda la historia nacional. La primera presea de boardercross, que por siempre llevará su firma. Un rider que en sus terceros Juegos Olímpicos rompió el cascarón. 22 años después de subirse a una tabla, con miles de obstáculos entre medias, tocó la gloria. Su mirada el cielo con el bronce al cuello deja entrever la personalidad de Regino, que anhelaba la cima para acordarse del que le aupó, Israel Planas, su entrenador hasta que falleció días después de ser subcampeón del mundo por equipos en su jardín, Sierra Nevada. También de Ángel, un amigo íntimo y otra de las pérdidas que tuvo en este camino. Por él su ocho en números romanos en su casco. También de su equipo, aunque en especial de Luca Trionte, su skiman -preparador de tablas-.

"Es realista pensar en las medallas", aseguraba convencido hace unos días. No eran palabras impostadas. Marcó el tercer tiempo en la calificación, donde "cuatro dedos" le dieron el ascenso al siguiente escalón. En cuartos cruzó la meta con todos los riders a la espalda, entrada triunfal que aderezó con un gesto de rabia. En semifinales repitió posición, lo que daba indicios de lo que estaría por venir. Rindió en el momento culmen de su carrera, enterrando los miedos que habían cavado su tumba en Vancouver y Sochi. Mostrando que las malas experiencias deben generar aprendizaje, no frustración.

El galo Pierre Vaultier revalidó su oro de Sochi, en su particular atalaya. A él se enganchó el malagueño en la final, que vio como el australiano Jarryd Hughes lo rebasaba en los instantes finales. Algo así como el segundo de los mortales, después de que el francés volviera a tiranizar los 1.277 metros de nieve en los que voló.

Una madrugada donde Regino pegó su nombre y apellidos junto a la estirpe de los Fernández Ochoa. Paquito, al que se le apagó la luz en 2006, había reinado en Sapporo'72 con un eslalon histórico. Dos décadas después cogió el testigo sangre de su sangre, su hermana Blanca, que en la misma disciplina se alzó con una presea de bronce en Albertville. Sus gestas desde ayer navegan en el mismo universo que la del rider malagueño, octavo de la provincia con medalla olímpica, abriendo la veda en los Juegos Olímpicos invernales en esta clasificación particular.

Para entender la valía de tocar el cielo hay que bajar al suelo. Donde Regino Hernández se empujó para un ascenso meteórico consumado en PyeongChang. Su primer contacto con la Federación Española se ubica en los albores de este siglo. "En 2004 organizamos programas de Tecnificación para invitar a niños punteros. Era la época de Queralt Castellet. Fue la primera vez que lo vi, pero veníamos avisados de que era un talento", rememora visiblemente emocionado José Cervi, entonces preparador físico español de Snowboard. "Era muy especial. No le gustaba mucho entrenar, le gustaba más estar saltando", añade.

Él, junto a otros técnicos, le postraron el trampolín al malagueño, que lo pisó con fuerza. "Íbamos a un Mundial junior en Valmalenco y Regino estaba un poco perdido para la Federación. Sin embargo apareció, aunque no iba para boardercross, y le dimos una de las tablas que llevábamos para probar. Lo inscribimos a última hora y hace el noveno mejor tiempo en la ronda clasificatoria. Se mete en las finales, pasa la primera ronda espectacular y cae en la segunda", recuerda Cervi, que destaca lo que significó aquello: "Ahí lo tuvimos claro, aunque tuviera 16 años. Nos reunimos con la Federación y le dijimos que lo queríamos para el boardercross".

"Nunca pensé que podía desenvolverse en esta disciplina", reconoce sincero Cervi, que cuenta el momento donde sus creencias se desplomaron: "Un poco más adelante veía que iba tan bien encima de la tabla...cualquier cosa que le pidieras la hacía bien. Tenía muchísimo talento, son las cosas que ves en deportistas de este tipo. Le ves un estilo...le veías encima de la tabla y decías 'ufff'. Era un chaval pequeño, incluso tenía voz de pito, pero transmitía ese feeling. Estaba todo el día inventándose trucos, una locura. Siempre fue muy rápido".

De ahí a su primera Copa del Mundo en Chapelco (Argentina), donde ya causó sensación. "Todos flipaban con él porque es una modalidad donde corre gente con 40 y él tenía menos de la mitad. Fíjate el recorrido que tiene. Le quedan tranquilamente dos Juegos Olímpicos y mira el nivel que tiene", asegura el ahora asesor federativo de Snowboard.

De ahí a su gran foto hasta ayer en el podio del Phoenix Park. En 2011 abrazó el oro en el Mundial Junior, siendo el primer rider español en conseguirlo. "Ha sido uno de los momentos de mi carrera, la primera vez que conseguí una victoria en un campeonato importante", llegó a reconocer. Cita a la que llegó tras superar una rotura de ligamento cruzado, tumba de muchos deportistas. "Ha tenido muchas lesiones. Cruzado, menisco externo y lateral externo, se ha roto el hombro...hace muy poco el semilunar de la muñeca. De hecho ha corrido lesionado, pero es un tío que recupera", comenta sobre su historial, para incidir en una de sus lesiones más complejas: "Se cayó en República Checa y lo pero José Nogales [médico del Unicaja]. Hicimos la recuperación en el Carpena con Mario Bárbara y Enri Salinas. Eso fue en abril, en febrero fue campeón del Mundo". "Es un tío con mucho carácter, mucho temperamento. Ahora va con ese casco galáctico y no se le ve la cara, pero tiene mucho carácter", añade como factor clave.

José Cervi, ahora preparador físico en la cantera del equipo cajista de baloncesto y que le pone de ejemplo de recuperación con los jóvenes lesionados, habla de las facultades físicas de Regino. "Tiene un cuerpo dotado para hacer esto, es muy fuerte. Te diría que tiene tipo de jugador de balonmano, que él jugaba y era muy bueno. Realmente puede jugar a cualquier cosa porque aprende muy rápido. Cualquier deporte que practique lo hace muy bien, es de esas cosas que ocurren de vez en cuando", comenta inundado de alegría: "Hechos así hacen que todo, absolutamente todo, merezca la pena".

Ese duende que lleva desde 1991 este joven de frondosa barba, que no se quitará, salió para arañar la gloria. Un bronce que lo encumbra a un universo de elegidos. Dejando atrás miedos, lesiones y rivales, con el nuevo traje de la madurez, que ganó tras superar mil y una batalla. Que le valió para volar sobre la nieve del condado surcoreano y colar su nombre, Regino Hernández Martín, en el olimpo.

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