Feria de Málaga | Segunda de abono

Andrés Romero se consolida en la apoteosis de Ventura

  • Andrés Romero cortó una oreja a cada uno de sus oponentes 

  • Diego Ventura rozó la puerta grande pero el fallo con el descabello le privó del segundo trofeo

  • Sergio Galán evidenció la clase y la torería de su rejoneo ante dos elegantes faenas

Andrés Romero, en un momento ante el tercero de la tarde

Andrés Romero, en un momento ante el tercero de la tarde / Daniel Pérez /EFE

Hay fechas marcadas en el calendario en las que las coletillas o muletillas resuenan con especial fuerza. Corpus Christi o Navidad son algunas de ellas. Sin embargo, el 15 de agosto -festividad de la Virgen de la Paloma- no puede pasar en balde dentro del calendario taurino. Del “día más torero del año” al conocido “quien no torea un 15 de agosto...”. En Málaga tocó el turno de la corrida de rejones, adelantada en el ciclo respecto a años anteriores.

El encierro de Luis Terrón acusó en exceso las querencias además de una falta importante de trapío en algunos toros. Los animales agarrados al piso de los terrenos de la enfermería y de toriles repitieron el comportamiento en al menos tres ocasiones. Por no hablar de un justísimo tercero que sorprendía por la ausencia de presencia. Sin embargo, de cada oponente pudieron sacar el fruto que se requiere para que al final de la tarde, algún que otro aficionado pudiera decir a micro cerrado que había disfrutado con el festejo.

Sergio Galán, que abría plaza, tanteó al primero de la tarde entre alardes de elegancia y buen gusto que se repetirían durante toda la corrida. Los momentos de toreo sin toro llenaron unos espacios que a veces son condenados al silencio. Con Amuleto toreó con el costado contrario al de Terrón y cambió el tercio tras el primer rejón de castigo. En el tercio de banderillas conectó con los tendidos al ejecutar las hermosinas y los momentos de mayor belleza llegaron con Titán. El dominio de la composición se vio acrecentado a lomos del precioso Óleo, un árabe-lusitano de capa perla con el que puso las banderillas cortas. El rejón de muerte cayó trasero y el toro tardó en morir, algo que enfrió a un público que reconoció la faena con una cariñosa ovación atendida desde el centro del ruedo.

Ventura coloca un par de banderillas cortas al violín Ventura coloca un par de banderillas cortas al violín

Ventura coloca un par de banderillas cortas al violín / Daniel Pérez / EFE

Con el cuarto, Sergio Galán hizo alarde de lidia con el lusitano tordo Ojeda para, acto seguido, subirse a lomos de Bambino y mantener la atención del burel en el centro del ruedo con un bamboleo preciosista. Acabó acusando la querencia al final de la faena y aprovechó el cambio de caballo para colocar un par a dos manos en todo lo alto. Salió de nuevo Óleo con el que colocó una rosa. Falló con los aceros. A esa altura de la faena, el toro ya había evidenciado la clase que tenía embistiendo en el capote del auxiliar. Saludó.

El primero de Diego Ventura manseó de salida en exceso. Lo haría durante la faena, sí. Pero al menos el caballista pudo sacarlo de la querencia tras el primer rejón de castigo. Con Nazarí, un clásico en la cuadra de Ventura, clavó en todo lo alto tras la batida y toreó a dos pistas. Sonaba la música cuando el susto colmó la alegría con la que trascendía todo: el de Terrón se enganchó en la culata del caballo y, gracias a que el toro resbaló, todo quedo en el “uy”. La tensión fue a más tras un par a favor de querencia de Lío y con Remate el espacio pareció volverse relativo; clavó entre toro y burladero en un ápice de terreno y dejó en lo alto las banderillas cortas. Tras el rejón final, hubo de usar la muleta pero el fallo con el verduguillo disolvió la posibilidad de trofeo.

En el quinto, Campino recibió al toro y con Fino ejecutó sendas batidas de gran precisión. Ventura mostró lo que todo el mundo conoce: el dominio absoluto de la técnica y de los terrenos, buscando las cercanías para sacar al toro de la querencia entre alternancias de cites con la culata. El público aplaudió al ver en la tablilla el nombre de Remate. Todos esperaban ya que quitara la cabezada del caballo para colocar el par a dos manos. Llegó tras un pase en falso. La plaza se rompió. El torero se abrazó al animal. Lo besó. El público seguía en pie y Remate entraba de espaldas recibiendo la tremenda ovación que le brindaban los tendidos. La pirueta final, vestigio del cavallino rampante. Cortó una oreja muy fuerte tras no acertar con el descabello.

Andrés Romero consolidó la tendencia al alza de esta temporada en su compromiso con Málaga. Pasó igual que aquello que dice el refrán de la mujer del César. Romero no solo estuvo bien sino que además lo mostró. Brindó a Paco Moreno, su auxiliar, y a Africanito -sirva el diminutivo para reflejar su trapío- lo toreó a placer en sendos recortes de emoción con Montes. Alarde de doma y valor con Guajiro al paso español. Entró a matar en dos tiempos y cortó la primera oreja de la feria.

Paró en el centro del ruedo al sexto de la tarde -de más trapío de la corrida- a lomos de Hidalgo. Lució las nociones aprendidas de alta escuela con Fuente Rey. Gustándose, recreándose en la belleza del momento y clavó al quiebro a favor de querencia. Se arrodilló Chamán ante el de Terrón a escasa distancia. Apenas 5 metros. La pulcritud fue una constante.El caballo marchándose fue el preludio de otra oreja y una vuelta al ruedo acompañado de sus sobrinos.

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