Unos se divierten, otros trabajan

Mientras los demás se lo pasan bien, técnicos sanitarios, barrenderos, policías o camareros tienen que trabajar en la semana grande de Málaga · El calor, el cansancio y los borrachos son sus peores enemigos

L. C. Gutiérrez Corres

23 de agosto 2009 - 12:39

Cada uno habla de la Feria según como le va en ella, dice un refrán. Y es que, en medio de la jarana y la parranda que se está viviendo estos días en las calles malagueñas, hay quien antepone el deber al entretenimiento. Son, quizá, los menos afortunados, los currantes de la Feria, a quienes les toca ganarse el sueldo mientras los demás se lo pasan de maravilla.

Muchas veces, incluso el bullicio alborotador de los feriantes, el jaleo atronador de las charangas y el ambiente carnavalesco que impregnan de color el casco histórico se convierten en un impedimento para ciertos trabajadores. Es el caso de Juan Paniagua, técnico de transporte sanitario de Vitalia, que cada vez que tiene que ir a una urgencia se da de bruces con el inmenso gentío que colma el centro. "Sobre todo, nos llaman por intoxicaciones etílicas, lo cual no da muy buena imagen de la Feria", afirma cansado y con la camiseta tan sudada como la de quien acaba de correr una maratón. Según dice, en cuatro años sólo ha bajado un día al Real. Su ocupación no le deja disfrutar tranquilamente de la Feria. Además, "este año -asegura- estamos teniendo más trabajo que otros anteriores".

En cambio, otros ven su trabajo como una forma diferente de vivir la Feria. Es el caso de los empleados de Limasa. Como el de un grupo de jóvenes barrenderos, que mientras esperan con sus cubos y escobas a que se despeje una calle, aplauden y ríen a costa de una charanga que les corta el paso. No importa que después tengan que recoger toneladas de basura abandonadas a su suerte por todos los rincones. A pesar de que limpian durante cinco horas seguidas, creen que les compensa: "Lo bueno es que ganamos casi como un jugador de fútbol, entre 2.000 y 3.000 euros al día", según declara uno de ellos.

Y es que la Feria, para los que la ven desde su puesto de trabajo, también tiene su lado positivo. Alicia Castro, encargada de La Pajuana, un céntrico restaurante de tapas y cocina creativa, afirma que, a pesar estar trabajando, se lo pasa bien, pues "hay muy buen ambiente y se ve a mucha gente diferente", dice entre la algarabía de tambores y trompetas de una charanga que se ha plantado en la puerta de su establecimiento. Lo mismo piensa Sonia Martín, camarera de una caseta situada en la Plaza de la Constitución: "Mucho cansancio, pero la verdad es que me gusta trabajar con este buen rollo y esta alegría que hay", reconoce esta empleada.

"Lo malo es cuando llevas cinco horas trabajando y estás deseando que se vaya todo el mundo por ahí", explica Luis Soto, camarero del restaurante La Alacena. "Cerramos a la 1:00 y a esas horas vienen algunos borrachos que se hacen los listos y a veces quieren pagar menos copas de las que en realidad han bebido", añade.

No sólo el calor, el bochorno y el cansancio hacen mella en estos currantes. A algunos lo que no les hace gracia es el ambiente. Es lo que le pasa a un agente de la Policía Local que hace guardia a la entrada de la calle Larios. Sus ojos no se creen lo que ven. "Esto ya no es lo que era. Se ha perdido el espíritu que había antes, cuando esto estaba lleno de familias y de mujeres vestidas de flamenco (muchas más que ahora) haciendo corrillos", argumenta. Según este policía, "lo que hay ahora es muchos grupos de niñatos bebiendo y dando por saco".

Además, ayer, los servicios de seguridad que vigilan constantemente lo que pasa en las fiestas del centro de la capital, tuvieron que lidiar con los nuevos visitantes llegados de todas las partes de España y del mundo y que se sumaron a los que, durante toda la semana, se han mantenido fieles. "A veces tenemos que intervenir porque hay alguna pelea que otra, vamos lo de siempre", cuenta otro agente de la Policía Local.

Es lo que tiene la miscelánea de una Feria que llega a su punto final. El atractivo cultural y la diversión se contamina de demasiado alcohol. Como ocurre en todos los ámbitos de la vida, unos ganan y otros pierden. Unos se divierten y otros se ganan el sueldo. Pero si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburrido que trabajar.

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