Un festival remozado
Auditorio Municipal. Fecha: 15 de agosto. Cante: Paqui Ríos, José Valencia, José de la Tomasa, Cancanillas, La Cañeta. Guitarras: Chaparro, Antonio Moya, Juan Requena, Fran Vinuesa. Baile: Luisa Chicano. Aforo: Unos tres cuartos de entrada.
El Festival Flamenco Ciudad de Málaga ha conseguido dos cosas que parecían utópicas: que la duración sea asequible y que no se repitan hasta la saciedad los mismos palos. Si a estas premisas le unimos un cartel de buenos artistas, el resultado es muy satisfactorio. Sin embargo, el Auditorio Municipal no se llenó, quizá porque aun se le teme a los festivales, pensando que van a durar hasta el amanecer, o quizá porque el público flamenco está repartido en otras casetas. A este respecto hay que decir que no se entiende que el Ayuntamiento programe flamenco en la Caseta del Flamenco y la Copla la misma noche del Festival, haciéndose la competencia a sí mismo. En cualquier caso, la noche comenzó con una primera parte en la que los artistas sólo hacían dos cantes cada uno. Así, Paqui Ríos empezó por malagueñas, haciendo las de Baldomero Pacheco, Chacón y El Mellizo, con su flamenca voz temerosa al principio, pero a medida que se fue calentando mostró su bonito color y su fuerza, sobre todo en el remate por rondeñas y en los deliciosos fandangos. Después el lebrijano José Valencia hizo cantiñas, cadenciosas, acordándose de su tierra, aunque el sonido mal calibrado elevaba la guitarra por encima de su voz. En las seguiriyas estuvo maravilloso, arrobando con un eco antiguo.
El veterano José de la Tomasa se encontró muy bien de voz, haciendo soleá y cantando muy bien por levante, acordándose de El Cojo de Málaga, muy bien acompañado por Antonio Moya. El baile por Cádiz de Luisa Chicano ofreció un braceo bellísimo y un estilo más pulido que otras veces. Cancanilla estuvo a la altura de su gran calidad, haciendo unas bamberas a las que supo imprimir su personalidad, rompiendo la monotonía que suele tener este palo. Cantó por siguiriyas y dio paso a La Cañeta, que sigue siendo un torbellino de vitalidad y arte. Hizo tangos marca de la casa, acordándose de su madre, La Pirula, y del Piyayo. Después estuvo magistral por Huelva, lo que resultó una sorpresa, pues no suele llevar este cante en su repertorio.
Llegó la segunda parte, denominada Café de Chinitas, en la que todos los artistas, situados en torno a mesas y en disposición semicircular, homenajeaban la manera de hacer flamenco que durante años tenía lugar en los míticos cafés cantantes. A pesar de lo bueno e imitado de la idea, esta sección adoleció de ritmo resultando algo lenta, quizá por ser totalmente improvisada. En cualquier caso, pudimos disfrutar de momentos mágicos como el romance por bulerías de José Valencia, la pataíta de Cancanilla, el cante de Manuel de la Curra a Luisa Chicano, las cantiñas de José de la Tomasa y el incombustible genio de La Cañeta metiendo por bulerías Mi tierra de Gloria Estefan.
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