'Yo, mi mujer y mi mujer muerta'

Redención sin rumbo

'Yo, mi mujer y mi mujer muerta', de Santi Amodeo. 'Yo, mi mujer y mi mujer muerta', de Santi Amodeo.

'Yo, mi mujer y mi mujer muerta', de Santi Amodeo. / M. H.

Bernardo (Óscar Martínez) es un arrogante y estricto profesor de arquitectura que acaba de perder a su esposa. Tras ello, se ve en la tesitura de decidir si cumple la última voluntad de la fallecida, que solicitaba esparcir sus cenizas en una playa de la Costa del Sol; o bien enterrarla en un panteón familiar, que sería su propio deseo.

El prometedor inicio de Yo, mi mujer y mi mujer muerta dura hasta el primer interludio musical. Hasta ese momento, la sola presencia de Martínez en el papel de viudo llena la pantalla con creces y el guión le acompaña, narrando las pequeñas diferencias que empiezan a surgir con su hija (Malena Solda). Pero desde esta primera secuencia en la cual los fantasmas (del pasado) aparecen por primera vez, los caminos que toma el libreto se vuelven mucho más erráticos que certeros. Inicia ahí Amodeo un rumbo sin destino claro -al igual que el personaje- que le lleva hasta la Costa del Sol y a perder consistencia en cada una de las etapas que abre y cierra sin explicación aparente. La cinta se convierte entonces en una sucesión de pequeños destellos, de hallazgos del guión que brillan pero que no resultan suficientes para sostener el metraje y otorgarle solidez. Tampoco la mezcla de géneros (del drama a la comedia negra, pasando por una buddy movie y toques de fantástico) consigue los resultados esperados, y los secundarios encarnados por Carlos Areces e Ingrid García Jonsson entran y salen -con sus propios conflictos- sin tampoco excesiva justificación.

La división en tres capítulos (El duelo, La negación y La aceptación) trata de vertebrar la redención de Bernardo en una suerte de conexión con el proceso que su difunta esposa vivió a sus espaldas. Pero la cinta, como el propio Bernardo, se desorienta a golpe de elipsis, pierde el tono -el mejor rasgo distintivo de Cabeza de perro- y se desfonda. No queda demasiado claro para contar qué.

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