Bàrbara Mestanza estrena en el Festival de Málaga su relato sobre el abuso: "No podía dormir con el peso de eso"
El documental 'Sucia. ¿Por qué no hiciste nada?' se proyecta el 8M en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia
Juan Antonio Vigar: "El no ser abarcable el Festival de Málaga significa que es importante, de nivel"
"¿Por qué no has hecho nada?". Una pregunta que muchas mujeres han tenido que escuchar después de un suceso traumático como lo es un abuso. Esa misma pregunta se la hicieron a Bàrbara Mestanza en 2020 cuando, cinco años antes, se quedó inmóvil en una camilla de masaje. "Me di cuenta de que, si durante tanto tiempo yo había estado callada, es que de alguna forma yo me había estado haciendo esa pregunta", confiesa. De esa herida y de ese silencio nace Sucia. ¿Por qué no hiciste nada?, el documental que la cineasta protagoniza y que tendrá su estreno en la 29 edición del Festival de Málaga.
La proyección —en el Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia— coincide simbólicamente con el 8M y sitúa en la Sección Oficial de Documentales una obra que nace de la agresión sexual que Mestanza sufrió en 2015 durante un masaje. "Todo empezó porque yo había bloqueado la experiencia dentro de mí y había hablado muy poco de ella", recuerda. La actriz confiesa que se había estado responsabilizando a ella misma de no haberse levantado de esa camilla y haberse ido.
A partir de ahí surgió la necesidad de entenderse: "Yo necesitaba comprender por qué no me había movido de ahí". Y también de mostrar lo que rara vez se enseña en las pantallas. "Se habla mucho del abuso y luego del juicio, pero todo lo que pasa entre un punto y el otro se ha contado poco y muy romantizadamente", admite. Primero fue la obra de teatro, después el libro y, finalmente, el rodaje. "Investigando y grabando me di cuenta de que eso tenía que ser un documental para que esa visibilización llegara lo más lejos posible", cuenta.
Habla de "vergüenza", de "violencia interna". "Más fácil hubiera sido no volver a mirar nunca jamás", admite, pero decidió hacer justo lo contrario: poner ese episodio oscuro "encima de la mesa" para sacar a la luz lo que casi nunca se cuenta. "A mí me hubiera gustado ver este documental cuando estaba en ese lugar", dice. Y en ese deseo de tender la mano a "esas posibles bárbaras que deben estar por ahí" está el motor del largometraje. Que nadie vuelva a preguntarse en soledad por qué no hizo nada.
Con el título no siente que esté "resignificando" la pregunta, aunque reconoce que hay "algo de reapropiación": "Es como cuando nos llaman 'guarras', y de repente es dejar de huir de eso que me duele para confrontarme a ello". Pero no lo hace porque crea que "debamos ser todas unas rebeldes", sino porque para ella "era de vida o muerte".
La cineasta habla sin rodeos de la depresión que atravesó: "Si yo no confrontaba esa pregunta, esa vergüenza y esa culpa, yo me iba". En ese abismo, el arte se convirtió en su salvación: "El teatro, el audiovisual, es el lenguaje que siempre he utilizado para expresarme. Sentí que el arte era mi vía de escape, mi forma de hacer de todo esto algo útil". Insiste en que nadie está obligado a convertir sus heridas en motor creativo, pero en su caso "no podía dormir con el peso de eso".
El tránsito de víctima a creadora, admite, "ha sido muy complejo y sigue siéndolo". La exposición pública, incluso para una actriz acostumbrada a los escenarios, tiene otro peso cuando la historia es una vivencia propia. "Contar la mía, esa que durante tanto tiempo me ha avergonzado, me ha llevado a un lugar muy vulnerable", comparte. Y aunque agradece el acompañamiento recibido, subraya la soledad del proceso: "La última persona que te salva de irte a la mierda eres tú misma".
Presentar la película en el Festival de Málaga, coincidiendo de nuevo con el 8M, tiene para ella un valor especial. Ya mostraron allí el proyecto en fase de construcción y ahora regresan con la obra terminada. "Es un regalo que nos está brindando el Festival", afirma con emoción. No olvida el respaldo de las instituciones y equipos que apostaron por la película cuando aún era una incógnita, y habla de ese apoyo decisivo en los momentos de más incertidumbre.
Mestanza cree firmemente en la capacidad sanadora del cine: "A mí el arte me ha salvado la vida muchísimas veces, creo que todo el mundo puede nombrar al menos una película que le hizo cambiar el día o el año". Para ella, la cultura "no es un capricho ni un lujo", sino una herramienta para volver a conectar con uno mismo. "Eso es muy poderoso", señala, consciente de que esa potencia es también lo que a veces provoca que se menosprecie.
De cara al estreno, evita hablar de expectativas. "No espero nada de nadie en particular", asegura. Tras la experiencia de la obra teatral en Málaga, donde recibió el apoyo de mujeres y hombres de todas las edades, su deseo es que "solo que haya alguien que al salir de allí se sienta un poco más cerca de sí mismo o de sí misma". Si eso ocurre, concluye, "entonces ya habrá valido la pena".
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