'Mi vacío y yo', ser o no ser diferente
Críticas Largometrajes Sección Oficial
Adrían Silvestre, con guión coescrito por la propia Raphaëlle Pérez y Carlos Marqués-Marcet, presenta una cinta enormemente necesaria
Este miércoles se ha estrenado en la Sección Oficial del Festival
'Mi vacío y yo'
*** de 5
España, 2022
Dirección: Adrián Silvestre
Reparto: Raphaëlle Pérez, Alberto Díaz, Carles Fernández Giua, Carmen Moreno, Marc Ribera, Isabel Rocatti.
A Raphaëlle le exigen que se defina casi a cada paso. En Unidad de Identidad de Género de la clínica donde le hacen seguimiento a su tratamiento hormonal, en el casting de un grupo de teatro, en la mayoría de sus citas. Un posicionamiento que para la mayoría sería irrelevante (y probablemente intraducible) es la piedra de toque y la primera barrera de las conversaciones a las que debe enfrentarse.
Ella no siempre consigue sobreponerse al bloqueo de no tener una respuesta tajante. Sólo a través de las redes sociales, en las que constantemente modifica su descripción, encuentra una cierta comodidad que pronto se vuelve agridulce si el interés se concreta en cita. Mientras tanto, docenas de mensajes transfóbicos o meramente morbosos se acumulan en su teléfono móvil.
Esta lucha contra la desazón, frente al estigma de sentirse un “bicho raro”, es la historia que Adrián Silvestre (con guión coescrito por la propia Raphaëlle Pérez y Carlos Marqués-Marcet) vertebra en una cinta de ficción con mucha carga biográfica, por momentos incluso documental.
Por contra, la película resulta mucho más interesante en su primera mitad -cuando sitúa la búsqueda de su lugar en el mundo (y de un príncipe azul) al servicio del mensaje-, que en el último tramo, donde el guión invierte las proporciones (lo documental, casi en formato de entrevista, arrincona a la historia de amor) y narración y mensaje se funden en una misma cosa.
El descubrimiento y la incomodidad de las primeras conversaciones, filmadas con gran pulso, da paso poco a poco a un relato mucho más discursivo, ganando posiblemente algo de verdad, pero perdiendo gran parte del enganche y puesta en escena.
El acercamiento de Silvestre supone en cualquier caso una cinta enormemente necesaria, alejada de los fastos de Una mujer fantástica (Sebastián Lelio, 2017), pero mucho más pegada al suelo, a lo cotidiano y cumple con creces su objetivo de acercamiento al colectivo trans.
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