'Mensajes privados', historias muteadas

Críticas Largometrajes Sección Oficial

El director chileno Matías Bize compite en la Sección Oficial con una cinta cargada de historias reales grabadas por sus amigos durante el confinamiento

Blanca Lewin en 'Mensajes privados', de Matías Bize.
Blanca Lewin en 'Mensajes privados', de Matías Bize.
Pablo A. Valdivia

Málaga, 22 de marzo 2022 - 21:01

'Mensajes privados'

*** de 5

Chile, 2021.

Dirección: Matías Bize

Reparto: Antonia Zegers, Nicolás Poblete, Néstor Cantillana, Blanca Lewin, Vicenta Ndongo, Alex Brendemühl, Verónica Intile, (Me llamo) Sebastián

El confinamiento de 2020 dio pie a buena cantidad de historias de diversa naturaleza (y por qué no decirlo, de dispar relevancia artística) sobre las consecuencias que supuso el aislamiento. El director chileno Matías Bize propone la suya en Mensajes privados, una cinta coral, en el que cada personaje expone ante su cámara (web) una experiencia vital de calado.

Malos tratos, abusos infantiles, abandonos del hogar o infidelidades tienen cabida en unos testimonios -a veces reales- que, aunque intercalados, no tienen conexión unos con otros. La idea no está exenta de interés y no es la primera vez que el realizador chileno aborda un ejercicio de estilo de este calibre, pero en este caso varios factores juegan en su contra.

En primer lugar, que como buen producto coral la sensación final queda a merced de la regularidad del conjunto, y ésta se resiente notoriamente en las historias con menos peso específico. Mientras que la desgarradora historia de Nicolás Poblete y su hermana conserva el interés de principio a fin, no sucede así con la de Álex Brendemühl o Vicenta Ndongo, más alambicadas y literales.

También la propia naturaleza de las narraciones, que en todos los casos son planteadas linealmente, lastra un inicio de película más farragoso de lo esperable, aunque lo compense en su tercio final. Por otro lado, y aunque en varios casos el tono consigue acercarse a la confidencia de una conversación online, en algunos otros la naturalidad se pierde y el formato se acerca casi a la entrevista, incurriendo aún más si cabe en la distancia con el espectador.

Clausurada en torno a la música de Rodrigo Jaque -habitual del realizador-, y con un cierre completamente rupturista con lo abordado hasta ese momento, Bize consigue cierta calidez y emotividad en una cinta algo fallida pero que va de menos a más.

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