La 'llave' del Festival de Málaga es amarilla y cuelga del cuello: las acreditaciones abren (casi) todas las puertas

Las hay de diferentes categorías, como de organización, invitados, jurado o prensa

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Una persona camina por la calle Larios con la acreditación del Festival de Málaga.
Una persona camina por la calle Larios con la acreditación del Festival de Málaga. / Javier Albiñana

Seguramente hayas visto desde el pasado viernes a centenares de personas con una correa amarillo fosforito al cuello y una tarjeta colgando sobre el pecho paseando por las calles del Centro. Caminan deprisa entre el Teatro Cervantes, el Cine Albéniz o el AC Hotel Málaga Palacio, entrando y saliendo de un sitio a otro. Son las acreditaciones del Festival de Málaga, una especie de pasaporte imprescindible durante los 10 días que dura el certamen y que identifica a quienes forman parte de su maquinaria.

Aunque a simple vista puedan parecer todas iguales, cada acreditación tiene un color y un significado. La de organización, por ejemplo, es de color azul marino y permite identificar al equipo que hace posible que el festival funcione día a día. También están las de invitados, jurado, relaciones públicas o agentes externos, cada una con su propia categoría y acceso específico. "Cada color responde a un tipo de acreditado y a los espacios a los que puede acceder", explica una de las organizadoras a las puertas del Albéniz.

La acreditación de prensa, una de las más visibles durante estos días, tampoco es única. En este caso existen subcategorías según la relevancia o el alcance del medio de comunicación. La roja es la más completa y la que suele corresponder a medios con mayor cobertura, mientras que otras se diferencian con colores como naranja o azul celeste. Esa codificación permite gestionar de forma más ordenada el acceso preferente a determinadas localizaciones, como las galas o alfombras rojas.

Más allá del color, todas las acreditaciones comparten un elemento tecnológico que llegó en la pandemia para quedarse: un código QR. El festival está probando este año un sistema por el que, en lugar de mostrar una entrada para cada proyección descargada en PDF, los acreditados pueden escanear directamente ese código para acceder a las salas. De momento, el sistema aún está en fase de prueba, pero la intención es agilizar los accesos y reducir el uso de entradas físicas. "Eso sí, te tienes que acordar del asiento y de la fila cuando ticamos", asegura la mujer.

La acreditación también funciona como llave maestra para algunos de los puntos clave del festival. Con ella se puede acceder, por ejemplo, al Teatro Cervantes, sede de las grandes galas, al Cine Albéniz —donde se concentran la mayoría de proyecciones— si no está permitido el acceso del público, o al Hotel AC Málaga Palacio, convertido en el epicentro de miles de entrevistas diarias. En el hotel, de hecho, el control es especialmente estricto y solo pueden pasar quienes estén acreditados y registrados en el mostrador de la entrada.

En el Albéniz, el vaivén de acreditados es constante a lo largo del día. La sala 1, la mayor del cine, reúne de media a cerca de 200 personas por proyección, mientras que las salas pequeñas de la planta baja suelen acoger entre 150 y 170 espectadores. A ellas acceden tanto profesionales acreditados como público general, especialmente cuando las sesiones están abiertas a ambos.

Pero no todo el que visita el Centro en estos días tiene claro qué significan esas correas. Fuera del mundo del festival, desconocen qué funciones tienen. Personas preguntadas por la calle, casi todas intuyen su papel sin conocer los detalles: "Yo creo que son para trabajadores del festival". Esa suele ser la respuesta general. "Se ve que son del Festival de Málaga, pero no sé exactamente para qué sirven", sostiene una mujer que ronda los 50 años.

La curiosidad de algunos llega incluso más lejos. "¿Eso se puede conseguir en algún sitio?", pregunta entre risas un hombre que observa a un grupo de periodistas salir del Albéniz. Pero la respuesta es negativa. Sirve como pase y como elemento identificativo, sí, pero también forma parte del trabajo que diariamente realizan los miembros del jurado, la organización o los medios de comunicación para que el certamen sea un éxito otro año más.

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