Málaga

28F: 40 años de avances y retos

  • Parlamentarios de la primera y la actual legislatura coinciden en señalar que la autonomía ha traído los mejores años para Andalucía aunque sigue por debajo de otras comunidades autónomas

La bandera de Andalucía. La bandera de Andalucía.

La bandera de Andalucía. / M.G.

Hace 40 años que los andaluces salieron camino a las urnas para para conquistar una autonomía que acabara con el retraso de una tierra de luz sumida en el subdesarrollo. 40 años que, por clamada unanimidad, han servido para avanzar pero muchos son los retos que aún quedan pendientes en la sede de la soberanía andaluza: el Parlamento.

La imagen del antes y el después difiere en forma, pues la sede cambió del Salón de los Tapices del Real Alcázar al Hospital sevillano de las Cinco Llagas, y en fondo: cambiaron las personas y los colores políticos. Pese a todo, el consenso que tan difícil es encontrar entre plenos y comisiones emerge espontáneamente al evaluar este periodo –de “progreso”– y plantear el principal reto –el empleo–. Incluso al reivindicar un mismo andalucismo que parece no entender de partidos: ese que defiende que Andalucía no es más que cualquier otra comunidad autónoma. Pero tampoco menos.

Luis Merino, Paulino Plata y Antonio Valero fueron parlamentarios en la primera legislatura andaluza, que comenzó en 1982. El primero, bajo el paraguas de la UCD de Adolfo Suárez, habla de la Andalucía pre-28F como una región “sin estructurar y sin sentimiento de identidad”. “Pasamos de ser una región de España a tener una región con autonomía”, resume Valero, electo por Alianza Popular.

Los tres llegaron a un Parlamento que tenía la primera misión de armarse, llenarse de personas y competencias que avanzaran con medidas elementales que comenzaran a sacar a la Andalucía pobre y analfabeta del retroceso en el que estaba sumida. “La primera legislatura estaba llena de esperanza y de ilusión”, rememora Plata, representante del PSOE, que comparando aquella cámara con la actual señala la en ocasiones falta de diálogo, “de arrimar el hombro en la misma dirección”.

Sede del Parlamento. Sede del Parlamento.

Sede del Parlamento. / M.G.

Esperanza Oña y Beatriz Rubiño son actualmente parlamentarias por el PP y el PSOE, respectivamente. Ambas, de forma intuitiva, al comparar esas dos imágenes ponen el foco en la presencia de la mujer. “Antes de las leyes cremalleras éramos residuales. Aportamos la visión de más del 50% de la población en un lugar en que, pese a ser el órgano de representación del pueblo andaluz y hacer leyes para todos, no estábamos”, detalla Rubiño. El actual Parlamento es “reflejo de la sociedad”, como apunta Oña, para quien la paridad que en él prevalece debe saltar al mundo real para que las mujeres tengan los derechos y obligaciones que aún no han conquistado con plenitud, “la verdadera igualdad de oportunidades que aún no tenemos”.

En los 40 años que pasaron desde aquel 28 de febrero en el que los andaluces dijeron sí a su autonomía en referéndum, la comunidad autónoma “ha dado el mayor salto en su historia”, en palabras de Plata. “Estos años han sido los mejores en cuanto a desarrollo”, asegura también Carlos Hernández White, actual representante por Ciudadanos. Esta es la visión compartida por veteranos y nóveles parlamentarios, que también coinciden en señalar que, pese a este avance, Andalucía continúa en un nivel inferior respecto al resto de comunidades autónomas, que partían “desde una situación ventajosa”. “La enorme transformación de España en este periodo no ha llegado en su totalidad aquí. Aunque transformada, Andalucía ha quedado atrás en muchas materias sensibles”, resume Merino.

Coinciden también casi todas la voces en señalar que uno de los principales retos pendientes es el empleo y en que la solución pasa por crear un modelo productivo diferente. “Hay que romper con el modelo actual, dejar de ser el patio de recreo del turismo y plantear un sistema generador de riqueza basado en la industrial”, propone Guzmán Ahumada, parlamentario por Málaga de Adelante Andalucía.

“Necesitamos reconocer nuestros puntos fuertes, entre ellos la magnífica localización para el tráfico marítimo. Estamos en el centro de las tierras del mundo y eso debería servir para promover un tejido industrial”, precisa Plata. Otros asuntos pendientes son, en juicio de Merino, normalizar la alternancia de poder, o concretar la delimitación de competencias, según Hernández White.

Hasta les une la reivindicación de un andalucismo no excluyente. Desde “una actitud positiva y formando parte del proyecto en común que es España”, en palabras de que fuera representante de UCD. “Sin confrontación”, según el parlamentario de Ciudadanos. “Un andalucismo que lucha contra la desigualdad social, no nacionalista sino internacionalista”, afirma Ahumada.

En opinión de Plata, “deberíamos conocer mejor nuestra historia y difundirla para, por ejemplo, desechar los tópicos que tanto daño nos han hecho y nos hacen. Debemos exigir un trato igualitario: no somos más que nadie pero no podemos ser menos”. ¿Reivindicar el hecho de ser andaluces? “Sí, lo llevamos en nuestro carácter y es un orgullo serlo”, zanja Valero.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios