Memoria Histórica

Álora sigue buscando a sus represaliados

  • Tras más de 84 años, numerosas familias aún no han podido localizar a sus seres queridos, fusilados durante el franquismo

Un trabajador de la empresa Drakkar Consultores S.L. trabajando en el Patio de los Naranjos del antiguo cementerio.

Un trabajador de la empresa Drakkar Consultores S.L. trabajando en el Patio de los Naranjos del antiguo cementerio. / M. H.

Dicen que las personas mueren cuando ya nadie las recuerda. Quizás por eso, aunque han pasado más de ochenta años, los familiares de los fusilados durante el franquismo en Álora se empeñan en mantener viva su memoria y continúan luchando porque se encuentren sus cuerpos. El pueblo sigue buscando a los represaliados de la dictadura en el entorno del castillo árabe, que entonces funcionaba como cementerio.

“Es fundamental para que los familiares sepan dónde están y para darles la tranquilidad de que se han recuperado sus cuerpos”, sostiene Francisco Martínez (PSOE), el alcalde de esta localidad de casi 13.000 habitantes enclavada en el Valle del Guadalhorce.

Álora suma 210 represaliados del franquismo, pero sólo se han encontrado 10 cuerpos. Ya se han buscado en tres ocasiones. Las últimas excavaciones concluyeron esta semana. Sólo se ha encontrado un fragmento de cráneo con orificio de bala a unos 40 centímetros de la superficie. “Es el único signo de violencia que hemos encontrado”, apunta Jorge García, arqueólogo de Drakkar Consultores S. L., encargada de los trabajos.

Patio donde, según testimonios orales, están enterrados los fusilados. Patio donde, según testimonios orales, están enterrados los fusilados.

Patio donde, según testimonios orales, están enterrados los fusilados. / M. H.

La empresa ha hecho excavaciones en cuatro zonas del Patio de los Naranjos, donde según los testimonios orales estarían los fusilados. García explica que el hecho de que el cementerio se siguiera usando durante más de 60 años tras aquellos fusilamientos complica la búsqueda porque el terreno se ha removido con enterramientos posteriores. A eso precisamente achaca que el fragmento que han hallado estuviera tan cerca de la superficie.

Andrés Fernández –el arqueólogo que dirigió en 2017 la anterior excavación de Álora, que encontró allí 10 cuerpos y que estuvo al frente de la exhumación de 2.840 represaliados en el cementerio de San Rafael, en la capital– explica la dificultad para hallarlos: “Han pasado más de 80 años, la fisonomía de los cementerios ha variado, no se han respetado los enterramientos y en algunos casos se han construido nichos encima”. Pero insiste en la importancia de encontrar sus restos: “No es politizar el tema. La idea de dar un entierro digno es de derechos humanos; para que ellos tengan un entierro digno y sus familiares sepan dónde están”.

El presidente de la Asociación de Memoria Histórica de Álora, Juan Lepe Vera, sigue buscando a seis familiares fusilados durante el franquismo:“Voy a estar buscando mientras viva, aunque me quede solo; por dignificar su memoria y para que tengan un entierro como Dios manda”. Además, pelea porque les quiten la condena, “porque fue ilegal”. Su lucha es por todos los represaliados, porque la historia se repite en muchos pueblos. El tiempo va difuminando los testimonios. Pero ahí están los familiares, batallando contra el silencio y el olvido.

En Álora, por ser cabeza de partido y tener entonces una cárcel, no sólo se ejecutaron habitantes del pueblo. Los listados de la Asociación de la Memoria Histórica son estremecedores. Hay fusilados de Almogía, Almargen, Coín, Valle de Abdalajís, Carratraca, Cártama, Pizarra, Casarabonela, La Línea (Cádiz), Rute (Córdoba)... La noche más sangrienta del franquismo en este municipio fue la del 4 al 5 abril. Aquella madrugada fueron ejecutadas, en dos grupos, 60 personas. De ahí que se la conozca como la noche de los 60. Sus cuerpos aún no han sido encontrados.

De los 210 represaliados de Álora, diez fueron hallados en el antiguo cementerio por el equipo dirigido por Andrés Fernández. Se ha confirmado que otros 66 fueron trasladados a la necrópolis de San Rafael, en la capital. Pero el resto, se desconoce dónde está. Hay sospechas de que 79 cuerpos podrían haber sido llevados al Valle de los Caídos, según listados de la autoridad gubernativa de entonces, que pedía que enviaran allí restos de fusilados. Fernández, que ha recuperado esos documentos, explica: “Hacían un inventario como si se tratara de un mercado”. Pero añade que no ha encontrado ningún papel posterior que demuestre que efectivamente fueran trasladados allí. “No se descarta, pero tampoco se puede afirmar”, aclara.

Para la excavación que ha acabado esta semana, el Ayuntamiento destinó 45.000 euros. El alcalde apunta que han solicitado fondos europeos para proseguir la búsqueda en el único sitio del Patio de los Naranjos que queda por estudiar. Y si no se consiguen esos recursos, avanza que el presupuesto de 2022 destinará una partida similar para persistir en la búsqueda de los cuerpos.

El Ayuntamiento pide fondos europeos y prevé una partida en 2022 para seguir la búsqueda

El presidente de la Asociación de la Memoria Histórica de Álora atesora un sinfín de documentos del periodo más negro de la historia reciente de España. Como la foto de una mujer, madre de siete hijos y fusilada en el octavo mes de embarazo. Lepe relata que también su marido fue ejecutado y que luego sus represores repartieron a los hijos. Una de ellos vive en la actualidad en Estados Unidos. Crímenes –destaca– que quedaron impunes.

Una de las cuatro excavaciones de Drakkar Consultores S. L. Una de las cuatro excavaciones de Drakkar Consultores S. L.

Una de las cuatro excavaciones de Drakkar Consultores S. L. / M. H.

Andrés Fernández matiza que las víctimas no sólo son los represaliados, sino también sus descendientes. Porque los fusilamientos marcaron a sus familiares y condenaron a muchos niños a la orfandad. Algunas familias optaron por la emigración; otras, por el silencio. Eran tiempos en los que simplemente reivindicar la memoria de un represaliado era una sentencia de muerte casi segura. Pero no olvidaron a los suyos.

Como Sebastián, cuyo padre fue fusilado el 5 de abril de 1937, cuando él tenía 11 años. Siempre recordaba al borde de las lágrimas el último día que lo vio con vida. Sólo esa ejecución dejó nueve huérfanos. Tras más de ocho décadas, ya todos han fallecido. Murieron sin que se castigara el crimen y sin poder enterrarlo dignamente. La historia se repite con otros nombres, en otras familias, en otros pueblos. Únicamente en Álora son más de 200. Sus descendientes piden que la búsqueda de los cuerpos no se abandone porque, 84 años más tarde, siguen sin saber dónde están...

Un detenido cuyo delito “se ignora”

Los documentos en poder de la Asociación de la Memoria Histórica de Álora reflejan la vulneración de derechos que sufrieron los represaliados. Hay una orden de traslado de un detenido del pueblo a la prisión provincial de Málaga. Sin embargo, a la hora de concretar cuál es la infracción penal supuestamente cometida, se apunta: “Se ignora”.

Orden de traslado de un preso. Orden de traslado de un preso.

Orden de traslado de un preso. / M. H.

Así reza en el escrito por el que se da cuenta del traslado de F. R. S., fechado el 22 de septiembre de 1939, “Año de la Victoria”. El documento –como puede verse en la imagen– señala que el arrestado queda a disposición del Juzgado Militar 21 “en concepto de detenido e incomunicado” en la causa instruida “por el delito de se ignora”. El parte informa de que el arrestado ha sido entregado a la Guardia Civil para su traslado a la prisión malagueña y como despedida saluda a su destinatario con un “Dios guarde a usted muchos años”.

El proyecto de un Museo de la Memoria

El presidente de la Asociación de la Memoria Histórica de Álora, Juan Lepe Vera, tiene la idea de crear un Museo de la Memoria del pueblo “para ponerle cara a todos los fusilados”. Un espacio para que no se olvide o se conozca esta etapa trágica y relativamente reciente de la historia de la localidad, pero que también lo es de Málaga, Andalucía y España. Algunos de esos represaliados y sus familias sobrevivieron a la Desbandá. Marcharon a pie junto con miles de malagueños de otros pueblos tratando de llegar a la zona que aún no estaba en manos de los franquistas. No lo consiguieron y tuvieron que dar la vuelta mucho antes de llegar al límite con Granada. Regresaron a Álora exhaustos. Algunos fueron fusilados unas semanas después.

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