“Hablar de homosexualidad es hablar de un derecho humano”
Antonio Ferre | presidente Fundación Andalucía Diversidad
Defiende que el solar del Astoria se destine a zona verde y parque infantil porque cree “penoso” que los niños no tengan ni un tobogán
Pide el Cercanías hasta Marbella y empleo fijo y estable
Antonio Ferre Alonso lleva dos décadas luchando por los derechos de las personas gays, lesbianas, transexuales y bisexuales. El presidente de la Federación Andalucía Diversidad es optimista por los avances conseguidos, pero advierte que queda camino por recorrer y que el colectivo debe estar vigilante para no perder los logros alcanzados.
–Sobre los avances del colectivo lgtbi ¿Ve la copa medio llena o medio vacía?
–Medio llena. Soy positivo. Llevo más de 20 años de activista y aunque en estos tiempos con la ultraderecha debemos estar ojo avizor, hemos pasado de estar metidos en el armario a estar fuera y a ser visibles. Hay que velar por que sigamos estando por que los derechos no se retraigan, hemos avanzado mucho. La veo medio llena. No hemos llegado al 100% de nuestras inquietudes, pero no hay que ser negativos.
–¿Por qué hay que estar ojo avizor?
–Porque los derechos conquistados respecto a nuestro colectivo, no podemos darlos por hechos y conseguidos. Hay que dar gracias a todas las personas que han luchado, pero hay que estar pendientes para que esas conquistas no se eliminen.
–¿Cuáles son las principales reivindicaciones de su colectivo?
–Hacen falta dos leyes estatales; una de identidad transexual y otra lgtbi que recoja la no discriminación por orientación sexual e identidad de género. La de identidad trans debe recoger las necesidades del colectivo, que sigue estando con respecto al colectivo lgtbiq retrasado en conquistas. Luego falta una ley lgtbi estatal; la andaluza ya está. Pero hay comunidades autónomas que no las tienen y para colmo, las leyes son autonómicas, así que por mucho que queramos arreglar cosas, hay techos que nos los impiden. Hace falta un paraguas, una ley a nivel nacional, que ampare a todas las leyes autonómicas y que cubra todos los huecos.
–Hace unos días el PSOE propuso que se cree un consejo provincial Lgtbi en la Diputación de Málaga. ¿Hace falta?
–Sí. Todos los consejos son herramientas de participación y consulta. Como cada asociación tiene su forma de trabajar y su punto de vista, es bueno que las administraciones e instituciones públicas tengan estas herramientas. Igual que existe el Consejo de la Mujer. Esto no es nada nuevo. Hay consejos de mujer, de participación, de voluntariado. Son herramientas para presentar propuestas. Pero eso sí, tienen que tener engranajes. No sólo es poner la máquina.
–¿A qué se refiere?
–Los consejos están muy bien, pero tienen que ser realmente consultivos, no pueden quedarse en decorativos, por cumplir.
–¿Qué proporción de la población representan gays, lesbianas, transexuales, intersexuales, bisexuales y queers (lgtbiq)?
–En torno a un 10% de la población, se estima. No hay una encuesta que pregunte si eres gay o lesbiana. La gente dice que ahora hay más gays o lesbianas, pero siempre han existido, lo que pasa es que antes estaban ocultos o invisibilizados. Yo personalmente incluso creo que más de un 10%.
–¿En las zonas rurales hay más discriminación hacia el colectivo?
–Hay discriminación en todos los sitios. En los pueblos la visibilidad es más reducida. Primero por la despoblación y segundo porque en un ámbito en el que todos se conocen, la gente queda muy señalada. Hay gente que no se visibiliza por privacidad o discreción porque la orientación sexual y la identidad de género siguen siendo un tema tabú. La identidad de género no se puede ocultar, pero sí la orientación sexual. Yo digo que un negro no puede ocultar que es negro, pero un homosexual sí puede ocultarlo. Es más difícil trabajar el tema en el ámbito rural, en los pequeños municipios por la falta de visibilidad. Pero eso no significa que sean más tolerantes o menos.
–¿Qué quiere decir?
–Hemos constatado en centros educativos de pueblos más receptividad a la hora de trabajar el respeto a diversidad afectivo sexual que en grandes ciudades. Nos sorprendemos que en los pueblos son más receptivos, quizás porque no están acostumbrados a que vayamos.
–¿Es decir que hay más invisibilidad, pero más receptividad?
–Sí, más invisibilidad desde el propio homosexual, pero la población es más receptiva a que el tema se trate en el ámbito educativo o juvenil; a que se aborde la diversidad sexual o la sexualidad. A lo mejor trabajando el tema en un instituto de Málaga capital te encuentras más cafres...
–Por cierto ¿los chicos de este colectivo sufren más acoso o bullying en los centros educativos?
–Sí. El bullying homofóbico por orientación sexual se sigue produciendo. El bullying sigue siendo invisibilizado en general. Los casos trascienden cuando hay una agresión muy fuerte o incluso cuando se ha fomentado el suicidio. El suicidio juvenil es un tema tabú. Los últimos suicidios de gente joven que están saliendo es por un bullying por su orientación sexual. Cada vez hay chicos más valientes, pero todavía hay gente que se reprime a la hora de mostrarse en el aula tal como es por miedo a la represalias. Igual que el gordo, el gafotas... Maricón es el primer insulto que se escucha en un estadio.
–Sí, hay cosas que corregir en el lenguaje...
–Y hay que corregirlas. Podía utilizarse otra palabra... Hay microhomofobias, igual que micromachismos, que se siguen produciendo. Los tenemos como algo muy natural, pero no es normal.
–¿En torno a qué edad una persona nota que es homosexual?
–Hay menores que se dan cuenta que son transexuales; personas con ocho o nueve años que sienten que son homosexuales; o con 14 ó 15. Generalmente cuando se explora la sexualidad. Otra cosa es que tengas la práctica sexual.
–¿Y se sufre mucho?
–Depende del contexto y de la familia, pero se sufre. Imagina que una persona que es homosexual tiene que decirle a sus padres que lo es. Debería ser algo muy normal, te guste lo que te guste. Hay padres que no aceptan la homosexualidad de sus hijos. Eso parece que está logrado y no es así. Hay gente que sigue llevando a los hijos al psicólogo o al psiquiatra para que les haga una terapia. Sigue habiendo clínicas de terapia para curar la homosexualidad.
–¿Sigue habiendo? ¿Aquí en España?
–Sigue habiendo, aquí en España. Según las encuestas que nosotros realizamos todavía hay gente joven que piensa que la homosexualidad es una enfermedad y que se puede cambiar. El 17 de mayo de 1990, la OMS [Organización Mundial de la Salud] descatalogó la homosexualidad como enfermedad, la quitó. Es una fecha señalada para nosotros. Han pasado casi 30 años; hemos avanzado, pero todavía las redes sociales son un campo de minas para insultar o degradar a las personas por su orientación sexual.
–Por cierto ¿cómo ve el tratamiento en las redes?
–Las redes sirven para denunciar casos [de homofobia], pero es un campo sin vallas y también se pueden usar para insultar. Afortunadamente, ya la Policía se está especializando en las nuevas tecnologías. Porque en las redes hay racismo, homofobia... No hay que confundir libertad de expresión con insultos. A mí me da igual, pero hay personas a las que las puede pillar más débiles y puede llevarlas de una depresión a un suicidio.
–¿Los padres cómo reaccionan ante la homosexualidad de sus hijos?
–Cada vez hay más padres y madres que protegen a sus hijos y están sensibilizados en el respeto. Incluso que trabajan en colectivos lgtbi. Pero hemos tenido casos de represión, de que no les permiten salir; de no aceptarlo y hacerles la vida imposible. Eso sigue pasando. Son padres que no lo aceptan y les hacen la vida imposible. También hay otros que lo aceptan muy bien y los defienden a capa y espada.
–¿Es más difícil para la gente gay normalizar una relación de pareja?
–No. Como todos... Hay un estereotipo de que los gays somos más promiscuos. Pero las casas de lucecitas están en todas las autovías y no son de gays.
–¿Qué le diría a los que los discriminan?
–Que la diversidad enriquece, que la libertad enriquece; que hay que respetar a cada uno; que las cosas no son blanco o negro, sino que hay una gran escala de grises. Porque estamos hablando no de un capricho o una novedad, sino de derechos humanos y fundamentales. Hay que respetar la libertad de cada uno, de cómo quiera realizarse, de cómo quiera vivir, de a quién quiera enamorar o cómo quiera sentir.
–Las lesbianas tienen menor visibilidad, me parece. ¿Por qué?
–Las lesbianas han tenido la vida entre comillas más fácil porque las chicas van con chicas y no llaman la atención. En tiempos de ocultación era más fácil ser lesbiana. En cambio, ser gay era más complicado. Si ves dos chicas juntas, pueden ser dos amigas o primas. Pero si ves dos chicos cogidos de la mano, llama la atención. En su momento, esa invisibilización tuvo sus cosas buenas; pero también ha supuesto una invisibilización de sus reivindicaciones. Cada vez hay más lesbianas que se hacen visibles, pero estamos en un mundo heteropatriarcal donde el hombre gay es más visible.
–¿Hay muchos delitos de homofobia?
–Sí y aumentan. Creo que por los grupos políticos ultra que están saliendo y que avivan el odio hacia el colectivo lgtbi. Y también porque cada vez son más los gays que no se callan y los denuncian. Pero debo aclararte que hay una gran infradenuncia. Hay mucha denuncia en medios de comunicación y redes sociales, pero por ejemplo hay 100 denuncias en las redes y sólo cinco llegan a una comisaría.
–¿Habría que denunciar más?
–Sí, sin duda. Hay que animarse a denunciar. Aunque te den largas, porque es muy complicado. Nosotros intentamos facilitar el tema, pero hay que denunciar porque las leyes cambian si hay más denuncias, si se ve el problema.
–Dice que hay políticos que avivan el odio hacia el colectivo...
–Todos sabemos a qué partido me refiero, uno que tiene nombre de diccionario... Pero yo creo que hay cosas que ya están superadas. Creo que están volviendo a las andadas, como hace una década cuando se estaba debatiendo la Ley del Matrimonio Homosexual... Nos están obligando a salir a la calle a decirles que no nos van a pisotear, que hay cosas conseguidas. Se están basando en esterotipos y prejuicios y ya se ha demostrado que no ha pasado nada. En 2005, cuando se aprobó la Ley de Matrimonio Homosexual, se dijo que íbamos a destruir la familia, que los hijos adoptados por homosexuales iban a ser gays... Ni la familia se ha destruido y los niños criados por parejas homosexuales son heterosexuales, con una vida normal.
–¿Qué haría con el solar del antiguo cine Astoria que está frente a la sede de su federación?
–Si no hay ruinas, dejaría la plaza totalmente abierta. Lo haría plaza, el miedo que me da es que termine con terrazas... Yo ahí pondría zona verde y un parque para niños, que no hay en esta zona del centro. Es penoso que en una plaza tan bonita, los niños no tengan ni un tobogán. Es que aquí hay vecinos que viven, no es todo terrazas.
–Se acercan los Reyes, ¿qué le pediría para la provincia?
–Pediría que el Cercanías llegue a Marbella, que es una necesidad básica; que terminen las obras del Metro, que parece que no avanza; más empleo fijo y estable; lluvia para el campo y para que los pantanos tengan agua y en el ámbito sanitario pediría el tercer hospital, el cuarto y el quinto para que mejoren las listas de espera y que un especialista no hasta seis meses en atenderte.
–¿Qué le parece el aluvión para ver el alumbrado navideño?
–Todavía no lo he visto. Málaga es un referente para muchas ciudades que se han apuntado a última hora al tema de las luces. He vivido en Madrid, Sevilla y Málaga ha sido referente. Las demás ciudades se han puesto las pilas porque han visto que traen gente y vida al centro; que compran, consumen... El problema es que habría que buscar fórmulas para la accesibilidad con el transporte público. La otra forma sería intentar poner algo en otro punto de la ciudad; dividir. No sé dónde lo pondría. En el puerto, en el paseo marítimo... Habría que encontrar otros sitios comerciales de la ciudad y fomentarlos.
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