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Fermina Suárez Ruiz | Capitán del ‘Melillero’ “Me siento muy orgullosa de ser la capitán del ‘Melillero”

  • Reconoce que trabajar en un barco implica para una mujer "una serie de renuncias mayores" a las de un hombre

  • "Mi madre, esposa de un marino, es la que más me apoya", asegura

La capitán Fermina Suárez Ruiz, delante de la Farola. La capitán Fermina Suárez Ruiz, delante de la Farola.

La capitán Fermina Suárez Ruiz, delante de la Farola. / J. C. Cilveti

EL pasado 2 de febrero, Fermina Suárez Ruiz tomó el mando del ferry Ciudad Autónoma Melilla y tal vez, sin ser totalmente consciente de ello, entró a formar parte de la historia marítima malagueña al ser la primera mujer capitán del Melillero. Natural de Santa Cruz de Tenerife y con claros antecedentes familiares vinculados con la mar, además de su padre, un tío y un primo navegaban cuando ella era una niña, Fermina, a la que desde siempre han llamado Romi, ya que su padre quiso bautizarla con el nombre de Romina, a los 16 años decidió que quería ser marino profesional. Tras ingresar en 1996 en la Escuela de Náutica de Santa Cruz y cursar en esas instalaciones cinco años de estudios, Romi, con el ansia de todos los aspirantes a marinos realizó sus prácticas embarcada primero en un transporte de productos químicos para después completar su primer año de navegación en barcos de Trasmediterránea. Ya con su título de Oficial de la Marina Mercante bajo el brazo, en 2002, distintas rutas y buques de Trasmediterránea fueron curtiendo a Romi en una profesión en la que, la presencia de las mujeres aún sigue siendo muy escasa. Obtenida la certificación de capitán en 2017, el primer buque a su mando fue el ferry Fortuny (el actual Ciudad Autónoma Melilla), en la línea entre Cádiz y Canarias; un trabajo que después llevó a esta mujer de 45 años a la ruta del mar de Alborán.

–¿Cómo le gusta que la llamen, capitán o capitana?

–En mi título pone que soy capitán de la Marina Mercante, así que prefiero esta denominación, un término que podemos consensuar diciendo que soy la capitán del buque Ciudad Autónoma Melilla.

–Usted está sustituyendo al capitán titular de este barco ¿no es cierto?

–Sí, estoy cubriendo sus vacaciones. Cuando él regrese yo me iré a descansar y luego puede que vuelva a este barco como primer oficial o me asignen a otro ferry. Lo habitual en estos casos es que tanto el capitán como el primero tengan la misma titulación y nos vayamos turnando. El conocimiento absoluto de un buque como éste es fundamental para que se puedan dar estas alternancias.

–En 1979 se abrió en nuestro país la posibilidad de que las mujeres pudieran estudiar Náutica. Según estadísticas de 2018 en España hay 21.176 titulados y de estos, sólo un 2% son mujeres. ¿Por qué ocurre esto?

–La situación es muy compleja. Cuando yo estudiaba tenía muchas compañeras que se han ido quedando por el camino. Dejando a un lado la cuestión obvia de que durante siglos ésta ha sido una profesión de hombres [la sigue siendo], el que una mujer vaya subiendo en el escalafón y termine al mando de un barco es algo muy complicado. Conciliar una vida familiar y sobre todo la maternidad con estar embarcada es muy difícil. En cualquier caso, hay bastantes tituladas en Náutica que trabajan en tierra en asuntos relacionados con esta profesión. En mi caso, yo aposté al 100% por la mar sabiendo que tendría que renunciar a muchas cosas, y curiosamente, mi madre, esposa de un marino, fue en su momento y es ahora la que más me apoya.

–Volviendo a su barco ¿nota usted un trato especial por parte de la tripulación?

–No por ser mujer especialmente [sonriendo], de todas formas, las tripulaciones siempre hablan en positivo o en negativo, para bien o para mal, de las cosas que hacen los capitanes.

–La vida a bordo de un ferry debe ser bastante rutinaria. Unos horarios de salida y llegada, un tiempo fijo de navegación, siempre las mismas maniobras…

–Hay una expresión que dice que “la rutina mata al marino”. La habitualidad, es decir, la rutina de estas navegaciones puede producir problemas si hay una excesiva relajación, pero este no es el caso del Ciudad Autónoma Melilla. Aquí trabajamos mucho toda la tripulación. No hay que olvidar que estamos cumpliendo un servicio público llevando pasajeros y transportando carga, y esta es una gran responsabilidad. Además, tanto la línea de Málaga como la de Almería (en ambas he trabajado y las conozco en profundidad), son muy diferentes al resto de las rutas que cubre Trasmediterránea y esto ya es un motivo más que suficiente para que no podamos relajarnos en ningún momento.

–Se dice que en la actualidad los capitanes hacen cada vez más trabajos burocráticos. ¿es eso cierto?

–[Sonriendo]. Desde luego; los papeles no desbordan. Yo paso muchas horas sentada en mi despacho gestionando todo tipo de documentos. Certificados, reglamentos, revisiones… y todas estas cosas debe pasar obligatoriamente por mí. Pero estoy es lo que hay. La burocracia en los barcos, excesiva pero necesaria, se ha convertido en algo habitual y los capitanes tenemos que lidiar con ello. Le pongo un ejemplo. Cuando tengo algo de tiempo libre me gusta escuchar música o ver películas y series y la lectura, que también debería servirme para despejarme un poco, en la mayoría de los casos pasa por textos técnicos que debo leer y estudiar.

La capitán en el puente de mando del 'Melillero'. La capitán en el puente de mando del 'Melillero'.

La capitán en el puente de mando del 'Melillero'. / J. C. Cilveti

–Hay una tesis publicada por la Universidad Politécnica de Barcelona que dice que los marinos mercantes españoles embarcados duermen al día no más de seis horas. ¿es cierta la frase que dice que los capitanes descansan pero no duermen?

–Los capitanes sin hacer guardias estamos en todo momento al tanto de todo lo que ocurre a bordo. Yo subo con mucha frecuencia al puente de mando y lo tengo todo controlado. Con mal tiempo, con niebla o cuando hay algo que se sale de una navegación habitual no dejo el puente ni un instante. Además, mis oficiales son de una ayuda inestimable. Lo de las seis horas de sueño tal vez sea verdad; pero nuestros horarios y más en una línea como la que hace este barco no son los habituales horarios de “tierra”.

–Hasta ahora en nuestra conversación no ha mencionado la palabra Melillero y usted en la actualidad es la capitán del Melillero.

–[Sonriendo]. Es cierto. Pero aunque no haya mencionado la palabra le aseguro que estoy muy emocionada y orgullosa de mandar el Melillero, ahora si lo digo, unos barcos y una línea que han tenido y tienen mucho peso en la centenaria historia de la Compañía Trasmediterránea.

–Entrando y saliendo a diario del puerto de Málaga ¿Qué le parecen sus instalaciones?

Málaga me recuerda mucho a mi tierra, especialmente si hablamos de su clima y el puerto, para el trabajo que nosotros hacemos tiene unas instalaciones muy buenas, aunque siempre, todo es mejorable.

–¿Conoce Málaga?

–No lo que me gustaría. Aunque podría salir a dar un paseo a diario no lo hago, y los domingos, que nuestra parada es de muchas horas, tampoco suelo salir del barco y sólo en algunas ocasiones desembarco para hacer determinadas compras. Quizás sea como los antiguos capitanes que durante el tiempo de su mando no bajaban a tierra para nada. En el caso de este embarque como capitán estaré algo más de dos meses y durante este tiempo no creo que salga mucho.

–Usted es la capitán pero, además de usted, ¿cuántas mujeres trabajan a bordo de su barco?

–Ahora mismo tengo a la sobrecargo y a dos terceras oficiales, una de puente y otra de máquinas. Hace unos días desembarcó por vacaciones nuestra sanitaria. En trabajos que llamamos subalternos o de cámara también hay algunas mujeres.

–¿Le parecen pocas?

–Mi compañía, al igual que otras que trabajan con ferries en líneas regulares, es una de las que más mujeres tituladas embarca. Aunque tal vez debería haber más, la cuestión es compleja como ya le he dicho. Trabajar en un barco es una decisión que implica una serie de renuncias para una mujer; unas renuncias que en mi opinión son mucho más duras que las de un hombre. De todas formas, la profesión de marino seguirá siendo una profesión de hombres en la que estoy segura de que cada vez habrá más mujeres.

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