Málaga

Historia de la deconstrucción

  • Antigua periferia y enclave estratégico de salida a la circunvalación, el barrio es un paisaje humano donde las heridas del presente son singularmente visibles

Hace cosa de dos décadas era muy fácil encontrar un piso en Portada Alta por un precio irrisorio. La proximidad de Teatinos, entonces uno de los principales asentamientos de chabolas de la ciudad, espantaba a los vecinos potenciales. La Historia, no obstante, muestra su disposición más paradójica también en lo que a urbanismo se refiere. El posterior crecimiento de Teatinos como barrio joven y dinámico (y como extensión natural de una ciudad que encontró así una solución redonda a su insondable estancamiento) convirtió a Portada Alta, la antigua periferia, en un reducto condenado a poco más que permanecer. Alguna desconocida ley de vasos comunicantes promulga que cuando una extensión urbana crece, otra contigua ve reducidos sus límites en la misma proporción. Entre la circunvalación y la Avenida de Carlos Haya, esta parte de la ciudad es un cúmulo de formas sociales y ecosistemas de contrastes pronunciados, donde conviven de una calle a otra extraños chalés, antiguas mansiones, promociones de viviendas franquistas y urbanizaciones posmodernistas en el entorno del Carrefour Alameda. La calle Cómpeta sirve de arteria fundamental y a la vez de frontera interna al barrio, desde la citada avenida hasta la Plaza José Bergamín. Hoy, todo este trayecto está abierto a sangre viva por unas obras del Metro que incluso se han colado en el patio interior del instituto. El tránsito es más difícil y el barrio parece aún más pertrechado, más extraído de sí mismo. Más deconstruido. No se sorprendan, no me refiero a la escuela arquitectónica deconstructivista. Ni Frank Ghery ni Daniel Libeskind anduvieron una sola vez por aquí. Portada Alta es una historia de deconstrucción en el sentido de Derrida: mirando las fachadas, es fácil distinguir las ideas con las que alguien, alguna vez, quiso componer un barrio. Y el barrio existe. Aunque sus piezas jueguen en cada esquina al despiste, o al camuflaje. El barrio lo han hecho quienes lo habitan. Ésta es una historia, más aún, de personas.

En los bares no resulta extraño que quien te prepara el café lo haga sin dejar de sostener el cigarrillo prendido entre sus dedos. Un hombre que ignora la reprimenda de su mujer pregunta por la hora a la que empieza el tenis en la tele y me pide que lo busque en el periódico. Pero ahora caminamos por la calle Benaoján, en esta frontera de pequeñas casas cubiertas de pintadas donde los mayores toman el fresco a la sombra en sus sillas de playa y donde las fachadas están cubiertas de ropa tendida. En realidad, en Portada Alta el secado al sol es una práctica general: en todos los bloques, altos o pequeños, la arquitectura cruda se confunde con sábanas, pantalones y camisas. Dos de estos mayores saludan con amabilidad cuando nos ven tomando fotografías. De inmediato se percibe el tono doméstico, la cercanía que se permite quien comprende que el mundo es el suyo, y viceversa. Portada Alta no es un barrio muy extenso, pero es uno de los que cuenta con mayor densidad poblacional en la ciudad. El mestizaje es norma, abundan subsaharianos y magrebíes. Más vecinos saludan con honesta hospitalidad, preguntan de dónde venimos, para quién trabajamos. Llegamos a la calle Torrox, donde estos mismos edificios de tres plantas se repiten con simétrica disposición, y el contraste se hace más agudo. Junto a un mismo portal lucen un ventanal engalanado, con tejas pintadas y muchas flores, y otro que parece arrasado tras un ataque, con la persiana desmembrada. Más ropa tendida.

En la misma calle Torrox comienza un desfile colmado de rostros. No hay bordillo libre de hombres y mujeres que beben cerveza y muestran serio su semblante, aburridos. Un tipo hace cabriolas frente a otro con un juguete. Algunos se mueven en círculos, otros permanecen quietos. Son jóvenes en su mayoría, pero otros no cuentan los cuarenta. O no deberían. Es otro contraste, cavado más hondo. No hay saludos ahora. Las miradas son mucho menos acogedoras. Y las pintadas más feroces. Toda esta gente no tiene nada mejor que hacer. El paro ha hecho estragos en el barrio. Quien quiera ponerle cara a la crisis puede darse una vuelta por aquí. Algunos de los oficiantes de esta procesión realizan ciertos trabajos manuales: tallan objetos de madera, fabrican herramientas con palos. Limpian, barnizan. En algunos casos se advierte el bricolaje casero a las puertas de los domicilios. En otros, el mero experimento ocioso. En ambos la búsqueda de un quehacer frente a un tiempo vacío que pesa demasiado.

Entramos al mercado municipal, flamantemente reformado hace año y medio. Hay 14 ó 15 puestos, pero sólo dos abiertos además de la cafetería. En uno de ellos nos recibe un carnicero. "No es un problema de los últimos meses, desde antes incluso de que reformaran el mercado se veía venir. Apenas acuden clientes, y así no se puede seguir mucho tiempo. Han ido cerrando todos poco a poco, y me imagino que los que quedamos lo haremos también. A mí me ha salido una oferta de trabajo y creo que la aceptaré. Así no puedo vivir, yo vendo carne, productos perecederos". ¿Cómo ha pasado esto? "En poco tiempo han abierto muchos supermercados por aquí cerca, además del Carrefour, que ya estaba. Es demasiada competencia. Y venden a precios más bajos. Yo ofrezco más calidad, desde luego, pero la gente está dispuesta a perder esa calidad para ahorrar. Será cosa de la crisis. El último en cerrar fue un chico que trabajaba ahí [señala a un puesto de ultramarinos, clausurado]. Echó la llave al puesto y después se suicidó. Cada uno, además, arrastra sus historias". Uno comprende que Portada Alta es también una cuestión de resistencia, a la que para colmo no le faltan leyendas sobre asuntos turbios como drogas y neonazis. Mucho menos se habla de la complicidad de los vecinos, del ambiente familiar que han logrado crear en muchos casos y al que, visto lo visto, más de uno deberá la vida.

Por las calles Soliva y Juan de Valdés, al otro lado de la calle Cómpeta, se llega a las calles Luis Martín Santos, Alberti, Pablo Neruda. Portales sucios, niñatos que conducen cochazos y aparcan en doble fila y hombres que cargan pesadas cajas de aquí para allá completan el paisaje. Una pintada reivindica a Lola Flores, otra a Michael Jackson. Los vivos andan por ahí.

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