Televisión

'Malaka': los momentos más perórticos de la serie

  • Puente de plata para Globomedia, pero no para que huya, sino para que vuelva a grabar en Málaga

  • Destripamos la ficción más merdellona de cabo a rabo

Salva, deja a ese señor echar la siesta tranquilo. Salva, deja a ese señor echar la siesta tranquilo.

Salva, deja a ese señor echar la siesta tranquilo.

Anoche se emitió el octavo, y último, episodio de la serie de Globomedia rodada en Málaga: Malaka. Si no habéis oído hablar de ella es que vivís en una cueva, porque ha sido la comidilla en las redes sociales desde el día en que se estrenó.

Y ahora -mejor que ahora después-, es el momento de repasar los momentos más perórticos, o peritas, vividos por los protagonistas de este noir malaguita del que deseamos disfrutar más pronto que tarde de una segunda temporada.

¡Aviso, bajo estas líneas hay muchos destripes! Lo que ahora la chavalería llama spoilers.

¡Que abandone toda esperanza aquel que siga leyendo!

  • La llegada a Málaga de Blanca Gámez, el personaje interpretado por Maggie Civantos. La agente Gámez pone en su sitio a un perla de esos que van por la vida de guay hasta que no les ríen la gracia; en ese momento se muestran tal y como son. Lo mejor: la peseta de la niña y que Blanca se la devuelva.
  • Cuando 'La Tota', el agradecido personaje interpretado por una chunguísima Laura Baena, va a un burger a comprar cien hamburguesas de un euro para alimentar a sus hampones que están lampando. De nunca ha sido fácil trabajar sirviendo comida rápida en Málaga.
  • No sabemos qué escena es mejor, si la anterior o esa en la que 'La Tota' pone a unas chiquillas a lavar, literalmente, el dinero con el que los yonquis le compran la droga porque huele mal
  • "El proyecto para el Guadalmedina es una cicatriz que parte en dos a la ciudad, una cicatriz entre barrios ricos y pobres, una herida que vamos a comenzar a coser". Así se expresa el empresario Germán Castañeda (Antonio Gil) al presentar un proyecto que recuperaría el río más seco de la historia para beneficio de los malagueños. Tan sólo con esta escena se justifica todo el rodaje de Malaka. Los guionistas rozaron el cielo con ella.
  • El origen del Joker de la Palmilla ("El que se ríe de los Cucos, que se ría ya pa'siempre"). Joaquin Phoenix tiene mucho que aprender del malaje malagueño.
  • El primer encuentro entre Darío 'El gato' Arjona (Salva Reina) y Blanca. Como bien sabemos, todos los detectives de siempre "trabajan solos", hasta que les obligan a cargar con un compañero a lo Tango y Cash.
  • Por supuesto, uno de los grandes aciertos de la serie es emplear con mucho tino y dignidad el acento y las expresiones malagueñas.
  • Germán Castañeda entra en la cárcel de Alhaurín de la Torre (y, como en la vida misma, sale a los cinco minutos). Esto nos trae recuerdos de Roca y compañía, el caso Malaya y los tiempos en los que los periodistas vivían en la puerta de esta famosa prisión. Eso sí, en la escena de Malaka echamos de menos al Mocito Feliz, y su becario, situados detrás del reo, estropeando todos los planos y las fotos de la prensa. Estropeando, o mejorando con su enorme halo surrealista.
  • La primera aparición del Chule y cía. Palmilla en estado puro. Si Er Banco Güeno fuera en realidad una caja de ahorros y el personaje interpretado por el Chule trabajara en él, cualquierilla iba a dejar sin pagar una sola letra del microcrédito.
  • La presentación de la situación familiar a lo Modern Family de Darío, Salomé (Susana Córdoba), Perico (Marco Cerezo) e Ibra (Patrick Mitogo). La tensión se puede cortar con un cuchillo.
  • Y, por extensión, la casa donde vive Darío: en cá'la abuela. Una casa de abuela abuela, con su figurita de Niño Dios, su cuadro con una escena de la caza del ciervo y, nos atrevemos a elucubrar, su Barbie con vestido de crochet en el cuarto de baño para decorar el rollo de papel higiénico.
  • Los teatrillos que se monta el detective Joaquín Romero, interpretado por Vicente Romero, para salir de algún apuro, conseguir información o esconder la petaca a la vista de todo el mundo.
  • El encontronazo entre Esteban Sarabia (Manuel Morón) y el detective Quino. Dos perros viejos peleando por un hueso mal enterrado en el descampado del pasado (lo siento, el género negro acaba afectando).
  • ¡Momentazo! Una escena en la que Boris Izaguirre, si fuera de Málaga, hubiese gritado a pleno pulmón "¡Páralo, Paul!": cuando El Gato y Gámez se comen por la calle un camperito bueno (con su extra de mayonesa y su mijilla de recuerdos). Hay que decirlo: si los protagonistas no llegan a salir comiéndose un campero posiblemente en Málaga se hubiesen producidos disturbios que ríete tú de los de Barcelona.
  • Esa escena en la que Darío le pega un vacile guapo a un pinchadiscos que va de guay: eso es algo que todo el mundo ha querido hacer alguna vez en su vida con uno de esos espabilados.
  • La medallita de El Cautivo no podía faltar: esto estaba fijado en el contrato de rodaje ante notario.
  • Como tampoco podía faltar un preso, Nabil Hareke (Abdelatif Hwidar) que fuese liberado por la cofradía de Jesús El Rico. La verdad es que el hecho de que no haya salido un par de legionarios cantando El novio de la muerte nos ha dolido un poco. Hubiese sido el combo perfecto.
  • El colegón de 'El Gato', 'El Barra' (Ignacio Mateos), que se merece una serie para él solo. O al menos que le invitemos a un vino dulce en Casa de Guardia.
  • Cuando Darío le revienta la cara a 'El Malo' (Hector Medina), un gaditano con muy malapipa con una sonrisa que da mucho miedo.
  • El atraco cutre de 'El Suizo' (Víctor Castilla) a la peluquería nigeriana del barrio. Como detalle curioso: le clavan unas tijeras en la espalda, herida de la que milagrosamente se cura sin mayores daños.
  • Si no llega a salir una fiesta ultra hortera de gente con dinero y políticos corruptos, esto no sería la Costa del Sol.
  • También nos hubiese decepcionado que no saliera una pelea entre padres en un entrenamiento de fútbol de críos. De eso, aquí, por desgracia, sabemos un rato. Aunque sí nos apena que no se escuchara en la serie un "¡Poooooo, pelea!" en mitad del altercado.
  • Los crudos encuentros entre padres e hijos: el de Darío con su chiquillo Perico, y el durísimo entre Blanca y su padre.
  • Tenemos que hacer una mención especial a la canción de la cabecera de Malaka. La sintonía de la serie está compuesta por Pablo Martín Jones, con la voz de Rosario la Tremendita. Este tema recuerda a la canción de dicha artista titulada Al mal tiempo (que además suena en los créditos finales) y a la famosa copla popularizada por Marifé de Triana Puente de plata. ¡Un temazo, oiga!
  • Y, por último, pero no por ello menos importante (de hecho, lo dejamos para el final porque es el mejor guiño de la serie), el momento en el que el personaje de Noelia (Helena Kaittani) aparece por la playa de Pedregalejo montada en su patinete eléctrico. Actualmente, ¿hay algo más malagueño que alguien subido a un patinete eléctrico? Pues eso.

Y, ahora, como diría 'La Tota', ¡jopo de aquí!

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