Manuel Bernal | Enfermero de Urología del Hospital Clínico “Pido que se nos respete a los que salimos a la carretera con una bici”

  • Sostiene que la ciudad de Málaga es la Nueva York de Europa y reclama que la provincia potencie más su turismo interior

  • Demanda concienciación sobre la seguridad para los ciclistas

Bernal delante de un cartel que conmemora los 30 años del Hospital Clínico.

Bernal delante de un cartel que conmemora los 30 años del Hospital Clínico. / M. H.

MANUEL Bernal es de Sierra de Yeguas. Quizás por eso cuando se le pregunta qué le falta a Málaga sugiere que se potencie su turismo interior. Este enfermero del Clínico tuvo cargos de gestión en los hospitales de la Axarquía y de Antequera. Ahora ejerce su labor asistencial en la Unidad de Urología. Más precisamente en el área de Suelo Pélvico donde trata a diario patologías estigmatizadas, como la incontinencia urinaria y fecal. Lejos de silenciar el problema, lo aborda de lleno porque defiende que hay que darle visibilidad y normalizarlo para ayudar a los pacientes.

–Trabaja en Urología. Se centra en disfunción del suelo pélvico. ¿Eso qué es? ¿Me lo explica?

–Abordamos los trastornos ocasionados por problemas con las heces y la orina. Incontinencias, cuadros obstructivos, de estreñimiento crónico, retenciones agudas de orina...

–Suena muy mal, pero es la vida misma...

–Son trastornos que hoy por hoy no se hacen todo lo visible que quisiéramos, pero que tienen muchas consecuencias en la calidad de vida de los pacientes porque afecta a su esfera personal, social, laboral... y tienen un impacto socioeconómico. Por eso, desde la Unidad de Urología, con un equipo multidisciplinar damos respuesta a estos pacientes que de manera vergonzante dejan de salir a la calle por problemas derivados de [la incontinencia] de orina y heces.

–Pueden ser estigmatizantes, pero estos problemas existen...

–Totalmente. Y tienen una prevalencia importante. No sabría cuantificarlo, pero es algo que en muchos casos aísla a la persona. Sabemos que la prevalencia es elevada y sería aún más si fuéramos capaces, todos juntos, de hacer que este problema se abordara de manera más natural.

–¿No hay una estimación porque hay gente que ni siquiera lo dice?

Me han agredido. Física y verbalmente. Físicamente poco porque pude esquivarlo”

–Efectivamente.

–Creo que hay deportes de impacto que no le hacen muy bien al suelo pélvico...

–Exactamente. El suelo pélvico es como la vela de un barco que está sometido a muchas fuerzas que son antagonistas. Podemos hacer que esa vela se desestabilice si no trabajamos adecuadamente la musculatura perineal.

–Supongo que afecta más a las mujeres.

–La incidencia es mayor en mujeres, pero también afecta a los hombres. De hecho tratamos la incontinencia urinaria derivada de cirugías prostáticas, en pacientes con esclerosis múltiples o neurológicos.

–¿Y qué se puede hacer en plan preventivo?

–Desde el punto de vista de promoción de la salud lo que provocaría un impacto positivo en el desarrollo del suelo pélvico sería que desde pequeños, igual que ejercitamos el bíceps, identificáramos y trabajáramos esos músculos, que no se trabajan. Hay que saber que fruto de la edad, hay un deterioro de ese suelo pélvico; que se puede ir preparando para que la tonicidad sea la adecuada y redunde en menores disfunciones.

–¿En definitiva, que la gente se preocupa por el musculito del brazo y no del suelo pélvico?

–Efectivamente. Porque

pasa desapercibido

y sólo cuando se desencadena un inconveniente de incontinencia es cuando toma relevancia.

–¿Van a llevar este tema al Parlamento?

–Desde la Unidad de Urología y por grupos nacionales con los que estoy trabajando para dar mayor visibilidad a las incontinencias urinarias y fecales, es posible que comuniquemos en el Parlamento andaluz el impacto que este tipo de disfunciones tienen sobre la calidad de vida y la autonomía de los pacientes.

–Se habla del cáncer, del infarto; pero de esto no...

–Claro. En la Unidad de Suelo Pélvico, liderada por la doctora Castillo, nos preocupa dar visibilidad a este asunto. En el Hospital Clínico creemos que con la escuela de pacientes, esto debe ir cambiando. Si tenemos un trastorno de este tipo, debe saberse que hay profesionales que los pueden abordar.

–Supongo que hay gente que no acude porque no le dan importancia y otros porque les da vergüenza...

–Por supuesto. Me viene a la cabeza el caso de un abuelo que pasaba por ser gruñón. Se me echó a llorar en la consulta. En realidad no se acercaba a los nietos porque cuando los cogía se le escapaba la orina. Así que lo vivía en silencio. La vergüenza y la humillación que supone esta patología hacen que la persona se aísle.

–En Urología también se trata la salud sexual. ¿La gente se preocupa de su salud sexual?

–Sí. Los pacientes que nosotros tenemos en seguimiento procuramos verlos de una manera integral, no sólo como si fueran una vejiga. También indagamos sobre otros posibles trastornos que pueda haber y si son subsidiarios de una terapia sobre disfunción sexual, se pone en marcha y se deriva al profesional pertinente.

–¿Hay menos tabú que antes?

–Aquí es básico encontrar un escenario de educación terapéutica que sea efectiva. Me explico. Tratamos temas muy íntimos. Si el paciente siente confianza y se siente seguro, será más probable que el problema se haga visible. Nosotros facilitamos eso como profesionales. En muchísimas ocasiones somos nosotros los que dirigimos el que se nos cuente qué tipo vida sexual llevan y si existe algún trastorno que pudiera abordarse.

–¿Qué le diría a las personas con un problema de salud sexual?

–Igual que si tienen un trastorno del suelo pélvico, que se pongan en manos de especialistas.

–¿Le han agredido?

–Sí, hace años. En 2003, creo que fue. Físicamente, poco porque pude esquivarlo. En otra ocasión fui agredido de manera verbal. Resulta muy desagradable... De manera verbal me refiero a gritos, no a insultos. Creo que en ambos casos había detrás unos factores, que no justifican ese trato de ninguna manera, pero hubo situaciones que quizás derivaron en esa actitud.

–¿Qué más habría que hacer contra las agresiones en el ámbito sanitario?

–La tendencia aquí obviamente debe ser intentar dar un trato de calidad que cubra las expectativas del paciente en un medio en el que cada vez la demanda es mayor. Tendremos que ser especialmente cuidadosos con la información que se brinda al paciente y su familia; acercarnos a él. En muchos de los casos podríamos encontrar un escenario que sea el deseado por todos y con una alta probabilidad es posible que las agresiones disminuyan.

–Le apasiona la bici ¿Qué reivindicaría como ciclista?

–Mayor sensibilización de los conductores. Yo sufrí un atropello antes del nacimiento de mi hija. Eso, junto con el cuidado que ella requería, fue uno de los motivos por los que dije que esos 15.000 o 16.000 kilómetros anuales que hacía en bici iba a dejarlos.

Tengo compañeros que para trabajar emigraron a Reino Unido, Italia, Alemania y Francia”

–¿Lo dejó por la seguridad o por tener menos tiempo?

–Por seguridad y porque las prioridades cambian. Si bien el ciclismo es una de mis pasiones. Por fortuna el músculo tiene recuerdo y en la medida de lo posible intento conjugar la vida familiar, la profesional y el ciclismo.

–¿Qué le diría a los conductores?

–Yo les pediría sensibilización y concienciación.

–¿Y a las Administraciones?

–Lo mismo. Aquí se trata de que todos lleváramos una línea homogénea. Pediría que a los que salimos a la carretera con una bicicleta, nos respeten teniendo en cuenta que nos encontramos en una situación de indefensión en comparación con la persona que va en un vehículo. Pediría tolerancia y respeto.

–¿Ahora hace bici?

–Suelo salir en dos o tres ocasiones con distancias muy cortas. Vivo en Chilches y voy hasta Torre del Mar, de modo que el gusanillo me lo quito. Además, como profesional sanitario intento integrar vida saludable y ejercicio para no quedarme anquilosado. Predicar con ejemplo, vamos, aunque de manera insuficiente...

–¿Tiene compañeros que hayan emigrado buscando trabajo?

–Sí, sí. Algunos han regresado y otros siguen en el extranjero. Yo soy de la promoción de 2001 y recuerdo que en aquella época el panorama profesional para enfermería era oscuro. Por fortuna la enfermería española goza de muy buena formación y se reclamaban muchos profesionales en toda la Unión Europea. El nivel de la enfermería en España es muy elevado. Tengo compañeros que han estado en Francia, Alemania, Reino Unido, Italia... La mayoría ha vuelto, pero algunos siguen fuera.

–¿Qué le falta a Málaga?

–Un buen amigo mío, granadino, dice que Málaga es la Nueva York de Europa. En los últimos años, por fortuna, no asociamos Málaga a Costa del Sol sino que ya la capital tiene peso propio por su oferta cultural, de ocio y gastronómica. Yo vengo de la zona de Antequera y por eso creo que debería potenciarse el turismo de interior.

–¿Cree que Málaga es la Nueva York de Europa?

–Totalmente.

–¿Algo que quiera añadir?

–Que tengo la fortuna de formar parte del equipo multidisciplinar de la Unidad de Urología donde damos trato humanizado y personalizado para resolver cuestiones que de forma muy clara merman la calidad de vida de personas. Es un privilegio, un honor y un orgullo estar al lado de compañeros con los que comparto actividad en el día a día.

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