Manuel Romero | Jefe de Neurología Hospital Clínico “Tenemos que fomentar los valores; vivimos en una sociedad de apariencias”

  • Alerta que el estrés produce una oxidación de las neuronas que favorece patologías mentales, como la ansiedad

  • Por eso aconseja parar, observar y disfrutar

Manuel Romero, en un pasillo del Hospital Clínico. Manuel Romero, en un pasillo del Hospital Clínico.

Manuel Romero, en un pasillo del Hospital Clínico. / Javier Albiñana

Manuel Romero Acebal podría haber sido psiquiatra, poeta, pintor... Todos estos son estos son ámbitos de las ciencias y de las artes con los que coqueteó a lo largo de su vida. Al final se decidió por la Neurología. Y como le apasionaba tanto su profesión, hizo una segunda especialidad: Neurofisiología. Pertenece al equipo fundador del Clínico y desde su apertura dirige el área de Neurología.

–Tiene dos especialidades; Neurología y Neurofisiología. ¿Aquí el Clínico como qué está?

–Como neurólogo y como neurofisiólogo. La Neurología y la Neurofisiología son indisociables y complementarias. Cuando vine a Málaga, me propusieron iniciar en este hospital el Servicio de Neurología. Yo lo inicié, no había. Primero fue sección de Neurología, en 1991. Éramos entonces tres neurólogos y yo era el único que era neurofisiólogo. Yo saqué la jefatura de sección, que dependía de Medicina Interna. Yo venía del Civil.

–¿O sea que es de los fundadores del Clínico?

–Sí. Soy de los fundadores del Clínico.

–¿Cuántos neurólogos hay ahora?

–En plantilla somos 16 para Neurología y Neurofisiología Clínica.

–¿Por qué este incremento?

–Atendemos una población que ronda prácticamente los 900.000 habitantes. Tenemos prácticamente 10 consultas abiertas diariamente. De nosotros depende la referencia de Neurología y Neurofisiología de toda esa población porque no existen neurólogos en los hospitales comarcales. En Ronda hay una neuróloga contratada para consultas, afortunadamente. El Hospital Costa del Sol no tiene Neurología. Deberían tenerla todos los hospitales comarcales. Andalucía es la única comunidad autónoma en donde no hay Neurología en los hospitales comarcales.

–Es una reivindicación muy antigua de vuestra especialidad...

–Se lo dije a la consejera la última vez que la vi hace unas semanas. Es inconcebible que el Costa del Sol no lo tenga, o como el de la Axarquía o el de Antequera... Toda esa área nos viene a nosotros tanto para Neurología como Neurofisiología.

–Y la población cada vez está más envejecida, así que hay más patologías neurodegenerativas supongo...

–Totalmente. Y las personas cada vez son más conscientes lo que son las enfermedades neurológicas y quieren que las atienda un neurólogo. Además, tenemos una población flotante muy grande de extranjeros. Prácticamente, de los pacientes ingresados el 25% de media son extranjeros, residentes en la costa. Y eso hay que añadirlo a la complejidad de estas cosas.

–¿Cuántos pacientes atienden al año?

–De primera vez, procedentes de atención primaria podemos llegar a los 12.000 pacientes [al año] y de otras especialidades que nos piden consultas pueden ser unos 6.000. Nuevos... Luego tenemos las revisiones de patologías importantes, que tienen gran prevalencia, como cefaleas, epilepsias, las enfermedades neuromusculares o los trastornos del movimiento, como parkinson, temblor; enfermedades degenerativas como las demencias...

–¿Ha habido avances importantes en la Neurología?

–Han habido avances en diagnósticos y tratamientos. La Neurología es una especialidad distinta a la que yo empecé en muchísimas ocasiones a lo largo de mi vida. En el diagnóstico, ha sido la incorporación de las técnicas de imagen, entre ellas el TAC, la resonancia nuclear magnética, las pruebas funcionales de fisiología... Todo esto ha ido y va revolucionando el diagnóstico. Y con respecto a tratamientos se han producido avances importantísimos. Las demencias no se curan, pero hay remedios para retrasarlas. Los ictus, de tener una situación casi nihilista o preventiva, se están desarrollando técnicas intervencionistas que permiten hasta quitar los trombos de las arterias. Esto es ya una realidad. Enfermedades como la epilepsia con nuevos fármacos y cirugía funcional de la epilepsia han cambiado totalmente. Enfermedades de trastorno del movimiento, como el parkinson, también. O la esclerosis múltiple, con la incorporación de fármacos innovadores.

–¿Y las terapias genéticas?

–Los tratamientos genéticos creo que van a revolucionar la Neurología. Van a ir abriendo unas puertas considerables a las enfermedades degenerativas, las neuromusculares, las de transmisión genética. Es una realidad que afortunadamente ya la estamos viendo.

–Pienso en los pacientes terminales de esclerosis lateral amiotrófica o con otras patologías al final de su vida ¿Qué opina de la eutanasia?

–Es un tema delicado. Independientemente de los avances terapéuticos que se van haciendo para esta enfermedad, que son muchos; la realidad es que es una enfermedad incurable y se hace un tratamiento paliativo prolongado del paciente. Hay que tener con el paciente y con su familia un estrecho contacto y comunicación personal e individualizada. El médico debe tener un compromiso individual con estos pacientes. La sociedad, también para poderle ofertar las cosas que necesita. Y en el ejercicio de ambas cosas, disponiendo de los medios y de la información, una persona puede ejercer su libertad. No creo que exista libertad si no existe la posibilidad de tomarla.

–Perdón, no me queda claro...

–El derecho a vivir y a morir es un derecho del ser humano, pero ese derecho debe ser tomado en un momento de libertad y la libertad tiene que ser mental, física, psíquica y social. No se debe ver presionado por algo ajeno que le delimite esa libertad. Si la persona tiene todas las cualidades para ser libre, tiene el derecho a elegir entre la vida y la muerte.

–¿Se debería legislar y estar establecida la eutanasia por ley?

–No sé si se debe legislar, probablemente sí. Pero hay determinadas cosas que son consideraciones éticas... Yo no sé cuándo empieza la ética y cuándo empieza la ley. O cual es la relación entre la ley y la ética. Yo sé que el derecho a la vida existe, pero también existe el derecho a una muerte digna. Siempre en condición de libertad y la libertad reúne una serie de requisitos y no es estar abocado a ella porque no tengo más remedio que... sino porque es una libre elección. Eso creo que es un derecho del ser humano.

–Teniendo en cuenta el envejecimiento de población y las enfermedades neurodegenerativas, ¿la Neurología debería tener más recursos?

–En general para Neurología y en Andalucía, debería haber muchos más. Somos probablemente la comunidad junto con Extremadura que menos neurólogos tiene por 100.000 habitantes. Y en la provincia de Málaga tenemos un número muy escaso.

–Hábleme de los 30 años que va a cumplir el Clínico ya que usted está desde el principio...

–El hospital es un poco el reflejo de la sociedad. La sociedad ha ido cambiando también durante este tiempo, así como el panorama asistencial. El hospital empezó y continúa con una serie de profesionales que son el sustrato más valioso que tiene, unidos por una coherencia de ilusión, compañerismo y de un proyecto común. La sociedad empujaba en ese sentido porque había más ilusiones, más capacidades y más recursos. Era una sociedad que se despertaba hacia los derechos sanitarios y a la forma de conseguirlos. Eso ha sido una fase de auge en muchas cosas. Hemos continuado avanzando en conocimientos, en darle mayor respuesta a la sociedad, en asumir nuevos tratamientos para una sociedad que ha ido envejeciendo. En los últimos años nos ha tocado una época más oscura de crisis económica... Nos hemos visto en los últimos tiempos en tesituras de seguir queriendo llevar el ritmo que la sociedad demanda, pero con unos recursos que no han ido paralelos a ello. Eso es un reto político, social y profesional que tenemos que afrontar.

–¿Y qué responsabilidad tiene la sociedad?

–Me acuerdo de la frase de Kennedy de “No penséis qué puede hacer América por vosotros, sino qué podéis hacer vosotros por América”. La sociedad tiene que aprender a qué es lo que podemos hacer todos por todos. Pero para eso necesitamos tener claras ciertas cosas. En primer lugar, tratar de fomentar los valores personales. No vivimos en una sociedad de valores, vivimos en una sociedad de apariencias. Por otra parte, es importante la cohesión que se basa en el cariño, en la comprensión del otro y en la empatía. Y también está la generosidad. Todo eso adobado con una gran dosis de honestidad. Me gusta la palabra inglesa loyalty. Lealtad, honestidad... Todo eso tiene que cambiar en la sociedad, pero en todos los aspectos. Sin eso, no conseguiremos que la sociedad cambie y es responsabilidad de todos.

–¿El estrés afecta neurológicamente?

–Pues claro. El estrés neurológicamente produce un estímulo oxidativo. Nos oxidamos más neuronalmente y entonces estamos más predispuestos a las enfermedades mentales como la ansiedad y también a otras cosas. Incluso el deterioro cognitivo es mayor también con el estrés. Determinadas enfermedades degenerativas también son mayores con el estrés. Todo lo que sea aumentar el estrés oxidativo celular hace que empeoremos.

–¿Y qué puede hacer la gente de esta sociedad tan estresada?

–[Risas] Como decía John Lennon, la vida es algo que pasa mientras hacemos planes. Les aconsejaría que vivieran algo más el momento. La vida es irrepetible, es maravillosa. Tiene matices que nos pasan por delante y que no despiertan en nosotros prácticamente nada. Hay que aprender a vivir el momento con toda su intensidad, reflexionándolo, dándonos cuenta y saboreándolo. Pero para eso hace falta parar un poquito y observar. Vivimos en una sociedad más crispada y como más triste en ciertas cosas. Yo creo que la vida se define fundamentalmente por la novedad y por la sorpresa. El sorprendernos siendo cada día ensueños de cambiante realidad. Porque la sorpresa ayuda, nos hace descubrir una cara distinta en cada nube, como la que estoy viendo. Yo veo matices mientras usted escribe. Todo eso es agradabilísimo. Pero para ello hace falta querer y atreverse.

–Tiene 65 años y surfea...

–Empecé a los 59. Como nací en una ciudad del Atlántico, me gusta el océano. A mí me gusta el Mediterráneo, pero para sumergirme me gusta el Atlántico. El mar hace que uno pierda un poco la identidad y se convierta en algo entre el agua, la tierra y el cielo.

–¿A Málaga qué le mejoraría?

–Málaga tiene su idiosincracia. Es una ciudad muy especial. Yo no conocía Málaga hasta que vine a vivir. El Levante no me atrajo nunca como el Poniente. Yo le pondría... conservar sus cualidades de ser una ciudad cosmopolita, que lo es. Málaga sigue siendo un puerto fenicio, un crisol de culturas... Le pondría parte de las cosas que ya le están poniendo; cultura..., respeto, educación y amor hacia las cosas que tiene. Porque tiene cosas muy bonitas y, aunque no soy de aquí, me duele cuando veo paisajes expoliados o maltratados. Hay cuidar y respetar este entorno tan privilegiado... Hay que querer, cuidar y mimar lo nuestro. Tenemos cosas muy, muy, muy valiosas. Tenemos que ser conscientes de nuestro patrimonio, de nuestra gente y respetarnos los unos a los otros. Esa educación social debemos de promoverla. Y debemos ver al que no lo hace como un sinvergüenza y no como un listo. Yo creo en la honestidad, en la bondad. Hay que promocionarlas. Es noticia la bondad y el cariño.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios