Málaga

Moneo y el hotel eterno

  • La Junta y el Ayuntamiento desbloquean tras seis años de espera el proyecto de Promociones Braser en Hoyo de Esparteros

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Seis después, el proyecto de hotel diseñado por el reputado y prestigioso arquitecto Rafael Moneo, e impulsado por Promociones Braser, ve la luz. O, mejor dicho, abandona la senda de oscuridad, opacidad y bloqueo en el que había permanecido desde que, en 2004, la firma malagueña pusiese sobre la mesa esta iniciativa. Seis años después de trámites y cambios, de variaciones y dudas, esta intervención, en la que se calcula recaerá una inversión de unos 60 millones de euros, se ha convertido en una de las actuaciones privadas que más ha sufrido la confrontación institucional, hasta el punto de haberse situado con nombre propio en el escenario de las diferencias entre el Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía.

Y, para algunos, en ejemplo de la mala práctica que en más de una ocasión realizan las administraciones públicas, más proclives al distanciamiento que al acercamiento. "Es increíble y desmesurado que un proyecto como éste, que tiene prestigio, pueda estar paralizado tantos años", comenta la gerente de la Asociación de Promotores y Constructores de Málaga, Violeta Aragón. Siempre crítica con las dificultades con las que los empresarios se topan cada vez que apuestan por actuar en el centro histórico, Aragón destaca el "daño" que letargos como el que ha padecido este proyecto puede causar a la ciudad, al generar una reacción de duda en aquellos inversores interesados en intervenir en esta zona de la urbe.

"Merma las iniciativas emprendedoras en una ciudad como ésta", apostilla. ¿Por qué? Porque "si alguien quiere invertir y ve que un proyecto de este tipo tarda seis años en resolverse puede pensárselo dos veces". Aunque el repertorio de intervenciones aparcados en el tiempo del centro no son pocos y si no que se lo pregunten a Salsa y el hotel en el Marqués de la Sonora o al Grupo Baensa y su proyecto residencial en la manzana de los antiguos cines Astoria y Victoria, ahora irremediablemente reservados para uso cultural por parte del Ayuntamiento.

La desesperanza de la que habla la representante de los promotores y constructores gana enteros cuando se asume que la solución finalmente adoptada por la Junta y el Ayuntamiento para dar encaje urbanístico al proyecto hotelero, que duplica en altura lo actualmente autorizado en el Plan Especial de Protección y Reforma Interior (Pepri) del centro en Hoyo de Esparteros (de cinco alturas se pasa a diez), "se podría haber alcanzado hace mucho tiempo". "La impresión es que esto ha sido fruto de una confrontación política; que si una parte piensa una cosa la otra, lo contrario", sentencia.

Una idea en la que se muestra conforme el que fuera director de la Oficina de Rehabilitación del Centro José María Gómez Aracil. "De esa envergadura no recuerdo un proyecto que haya tenido tanto tiempo de espera", apunta, y sentencia: "Es un asunto donde parece que ha habido más política que urbanismo porque la solución que se ha logrado ahora se podría haber alcanzado hace cuatro años".

Reflexión no muy alejada de la realidad de los hechos. Hasta en dos ocasiones los mismos técnicos que ahora avalan el proyecto, lo vetaron. Algunos llegaron a insinuar malestar en el seno de la Consejería de Cultura ante la decisión del equipo de gobierno del PP de tramitar la modificación de la norma urbanística del casco antiguo sin consultarlo antes con la Junta. Sea como fuere, desde Cultura se justificaron ambos rechazos en el impacto que causaba en la zona el volumen planteado, y ello a pesar de que justo al lado de la parcela sobre la que se dibuja el establecimiento se levanta un inmueble, construido antes de la aprobación del Pepri, de diez plantas.

Tras varios años de impás, fue hace unos meses cuando ambos organismos volvieron a acercar posturas en pos de allanar su camino. Quedaba claro que no podía acordarse una solución que sólo afectase al hotel de Moneo, lo que se interpretaría como un traje a medida para su desbloqueo. Por ello, la opción finalmente consensuada pasa por variar la norma del centro en toda la franja de la margen izquierda del río Guadalmedina entre la calle Especerías y la trasera del Centro de Arte Contemporáneo (CAC), donde podrán levantarse edificios de mayor altura respecto a lo ahora permitido.

Para el decano del Colegio de Arquitectos, Antonio Vargas, la senda tomada es la adecuada. "Tenemos que felicitarnos porque asuntos que llevan años bloqueados empiecen a encontrar una solución y que ésta sea razonable", expone. A su juicio, la altura en la zona del centro "puede aumentar de manera justificada y uno de los sitios en los que se plantea es en Hoyo de Esparteros". "Es muy razonable que la medida no se limite al edificio, ya sea de un arquitecto u otro, sino que se reflexione sobre todo ese borde del casco antiguo", añade.

Pero quien realmente se felicita por el desbloqueo es el responsable de Promociones Braser, José Luis López. "Nunca he dejado este proyecto, lo he apoyado a nivel personal incluso con inversión propia; nunca he perdido la confianza en su continuación, pero sí es verdad que en estos seis años he tenido que convencer a algunos de mis socios para seguir adelante", explica. López se muestra convencido de las bondades de su proyecto, que permitirá "regenerar una zona degradada" y dotarla de un equipamiento que creará un centenar de empleos cuando esté ejecutado, algo para lo que habrá habrá que esperar unos tres años.

"Nunca es tarde si la dicha es buena", dice el refrán. Aunque en su caso, la espera se cuenta en dinero, el que ha tenido que desembolsar en todos estos años a aquellos que han realizado proyectos, en la demolición de los inmuebles cuando estos resultaron afectados por un fuego, en el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI)... Un largo listado que suman, hasta la fecha, unos 12 millones de euros. "La caja va haciendo clac, clac. No entra nada pero sí que sale", añade. Su mayor recompensa, ahora, es ver cómo el hotel de Moneo toma cuerpo, no en piedra, pero sí en forma de realidad. Eso sí, seis años después.

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