Málaga

El Padre Tejera, en 2013: "La política nuestra es el mundo. Si alguien te llama lo atiendes. Ésa es mi política"

El Padre Tejera.

El Padre Tejera. / M. H.

José Pablo Tejera es un sacerdote jesuita del colegio San Estanislao de Kostka, censado en El Palo y que nace en Sevilla el 15 de enero de 1927. Un sevillano que ha entregado su vida mimando Málaga con el alma y de corazón. Un sacerdote, ¿nace o se hace?: “El sacerdote es llamado. Y responde a esa llamada”. Él tenía quince años. Y no existía el móvil. Aunque parezca mentira, está aquí ahora de casualidad. El puro azar le retuvo. Pretendía ser misionero, pero se tuvo que empadronar en El Palo. Sí o sí. Pese a estar fascinado por Oceanía y las Islas Carolinas, frente a Australia, motivado por una revista que cayó en sus manos, una publicación que, parece, fue su imán apostólico. “Ahí ya pensé que podía ser misionero”. Pero hasta los 18 años no ingresa en el sacerdocio. Asegura que le dio tiempo a “estar con amistades para poder decidir por dónde tirar”. “No tengo hijos, pero sí una gran familia como la Compañía de Jesús, la familia del colegio, la de El Palo, más la familia de alumnos que ya son nietos y biznietos de mis primeros alumnos. A todos los quiero como hermanos, como compañeros” relata. El padre Cuenca, su responsable provincial, le empleó con casa fija en San Estanislao de Kostka, el colegio de El Palo, frenándole emigrar de misión, su verdadero deseo.

Nieto del organista de la Catedral de Las Palmas e hijo de Domingo Tejera, colaborador en ABC que llegó a dirigir El Correo de Andalucía y La Unión Mercantil, recuerda que su padre fue siempre un periodista “incómodo” para el poder, exiliado a Marruecos en tiempos de Primo de Rivera, que tuvo sesenta y tres procesos durante la II República y fue encarcelado tres meses en tiempos de Franco nada más terminar la guerra. Es el sexto de once hermanos, aunque una de ellas murió con dos meses y otro con dos años.

Asegura que nunca ha dudado sobre si ha elegido el camino correcto, pero reconoce que “hay momentos difíciles en los que piensas: ¿Será esto para mí? Soy persona, y, gracias a Dios, seguimos para delante”. ¿Ha sentido represión alguna vez?: “Cuando hacemos los votos en el sacerdocio y en la vida de la Compañía de Jesús -pobreza, castidad y obediencia-, Dios te da fuerza, los compañeros y la Compañía te ayudan para irlo haciendo. Fallos que puedas tener, le pides perdón al Señor”.

No cree que los sacerdotes se deban casar libremente. Sobre el manifiesto distanciamiento de la juventud respecto a la Iglesia del siglo XXI revela que “se produce por cómo la misma sociedad va evolucionando, aunque conozco y sé que hay gente que sí se compromete. La Iglesia somos todos, todos los que estamos llamados a ser cristianos”. Este sevillano, malagueño de corazón y adopción, cree que Málaga ha tenido “una evolución muy positiva desde que llegué aquí en 1953. Málaga, ahora, es otra. Ha crecido mucho gracias al turismo y al clima. Ahora voy al centro y casi me pierdo, jeje...”. Piensa que “tó er mundo es güeno”, típica expresión de mi barrio, El Palo. “Aquí no nos fijamos en la mancha, sino en el traje. Hay que buscar el lado bueno y positivo de las cosas y los acontecimientos, porque si nos enrollamos, nos caemos. Hay que resaltar el valor de las personas y las instituciones”. ¿Qué le pide ahora a la vida?: “Le pido a Dios que seamos fieles al camino y a su llamada, que tomemos la vida con alegría. Es lo que le digo a estos pequeñitos de hoy, muchos de ellos, ya nietos y biznietos de mis primeros alumnos. Hay que dar alegría y satisfacción”, indica.

Nadie entiende cómo sus pilas de la felicidad no se agotan con el lógico desgaste de su agitada vida. Pese a sus dificultades auditivas y de visión, sigue sin andar de puntillas por esta vida. Nada le mina. Emana paz. Irradia positivismo. No reconoce tener ningún secreto especial para la conservación del chasis. “No sigo dieta. Me muevo. Siempre he sido activo y he jugado al fútbol, de pequeño y también aquí de Jesuita”. Aficionado al paseo por los montes y a ir de excursión. Fundó los Scouts Católicos en 1971 y sigue yendo al monte con el grupo. Dibujar o pintar son otras de sus aficiones. “Mientras mis hermanos jugaban en Sevilla, yo dibujaba”. En fútbol, “soy del Sevilla, lo siento, soy fiel a mis raíces”. Dice seguir “poco” la política. Su casa “era carlista”. “Yo, ahora, no tengo ideas políticas. La política nuestra es el mundo y ya está. Cuando hay alguien que te llama, lo atiendes. Ésa es mi política”.

Cuenta una anécdota: “He tenido hoy a una madre que me ha dicho que está educando a sus hijos en tres palabras: por favor, perdón y gracias”. “Lo engloba todo. El por favor, ser educado, el pedir las cosas y no exigir; el perdón, otorgado, ofrecido, etcétera, matrimonio, sociedad; y el gracias, pues, el que no es agradecido no es bien nacido. Muy bonito. Le doy las gracias a Dios, a la Compañía de Jesús, a Málaga y a todos los que me han atendido, me quieren y nos queremos”.

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