Málaga

Su Primera Comunión

  • Muy a pesar de Montesquieu, incorporarse al Pleno es casi como recibir un sacramento, así que por galas que no queden Los portavoces de los nuevos grupos invitan, por si acaso, al estoicismo

LAS dudas terminaron de disiparse cuando María Gámez entró de blanco al Salón de Plenos: el Ayuntamiento hizo ayer la competencia a las parroquias de los barrios y organizó una suerte de Primera Comunión a lo civil para vestir de largo su nueva Corporación. Incorporarse a un Pleno, qué duda cabe, es un acontecimiento muy importante, como graduarse con buena nota o abrir un negocio; así que buena parte de los familiares de los ediles acudieron con sus mejores galas, dispuestos a arropar a los suyos, haciéndose selfies en la escalinata y pensando en el banquete de después. Entre los concejales, sin embargo, la indumentaria era dispar: predominaban, claro, las corbatas y los modelos de discreta elegancia, aunque Juan José Espinosa, de Málaga Ahora, se plantó con la camiseta oficial de la Marea Verde educativa; e Ysabel Torralbo, portavoz de la misma formación, decidió ponerse una vez concluido el acto, para la foto de familia, otra camiseta de estruendoso colorado con un lema antidesahucios. Pero no crean que los de la marca municipalista de Podemos acudieron con menos ilusión que el resto: Torralbo fue jaleada antes de entrar al salón por una pandilla de incondicionales al grito de "¡guapa, guapa!", como la Pantoja. Eso sí, resulta improbable que Juan Manuel Moreno Bonilla se plante cualquier día en la Primera Comunión de cualquier chiquillo, así sin avisar, hola qué tal, como lo harían Violetta o Spiderman; pero ayer sí lo hizo en la Casona, que para eso Málaga es la ciudad más poblada de España con Gobierno del PP. Y anduvo el popular andaluz gentil y amable, como suele, dando su lado bueno a las cámaras, saludando a los protagonistas y compartiendo tribuna con personalidades varias, con empresarios y sindicalistas por igual, con senadores terrestres y comandantes aéreos, con decanos de peritos, vicerrectores de postín y con el presidente de la Agrupación de Cofradías. Ya se sabe, qué diantre, que Montesquieu está muerto y enterrado. Y si de una Primera Comunión se trataba, pues tampoco habría quedado del todo mal que hubiesen invitado a Jesús Cautivo. Tardando están en nombrarlo alcalde perpetuo.

Ya en materia, tocaba jurar o prometer el cargo. De la Torre juró, Bendodo prometió. Los socialistas, en su mayoría, prometieron. Pero los de Málaga Ahora y los de IU-Málaga para la Gente consideraron que aquello era demasiado fácil y decidieron trabajárselo un poco más. Los primeros utilizaron esta fórmula: "Prometo por imperativo legal y con la esperanza de que cambie para devolver al pueblo su soberanía y sus derechos fundamentales". Y los dos ediles de IU, por su parte, se expresaron así: "Como ciudadano partidario de un Estado republicano, federal y laico, prometo por imperativo legal". A Mario Cortés todo esto le hizo mucha gracia y en su posterior intervención como portavoz del PP prometió a la ciudadanía que harían lo suyo lo mejor que pudieran "sin tanto imperativo legal". Por si había alguna duda, el secretario general, Venancio Gutiérrez, confirmó que la Constitución ofrecía suficientes márgenes a los argumentos esgrimidos en tales sentencias, así que podían considerarse legales. La utopía, ya ven, tiene sus pequeños márgenes en los procedimientos litúrgicos.

Una vez culminado el recuento de votos y designado Francisco de la Torre como alcalde (abrazado a la vara de mando con gesto de aquí me las den todas), llegó el entrañable momento en que el primer edil impone al resto las medallas de la Corporación. Con los populares abundaron abrazos y complicidades tipo choca esos cinco, aunque fue comentado el gesto hierático de Elías Bendodo (más comentado fue el que regaló a las cámaras en la foto oficial de la escalera, como si acabase de perder el DNI; y que se mostrase en cambio pródigo en sintonías y sonrisas con María Gámez. Al cabo, parece que los alcaldables frustrados tienden a comprenderse y estrechar vínculos: lo que los sillones han unido, que no lo separen las siglas). Al recibir su colgante, Gámez saludó al alcalde con lo justo, quieto parao. Y los citados Torralbo y Espinosa casi ni le dieron la mano a De la Torre, con expresión de asquito como si quien les entregase el galardón fuese el monstruo de Frankenstein. Al alcalde le costó después encajar el cordón en la altísima cabeza de Zorrilla, agáchese querido, que no llego, y allí en las alturas se quedó de hecho la medalla colgando unos segundos como campana en la catedral; la anécdota se resolvió con un abrazo fraternal, pues aquí estamos hombre, qué le vamos a hacer.

Como sucede en las comuniones, ayer se celebraron dos actos de institución de la Corporación municipal: la que sucedió realmente y la que se contaba al instante vía Twitter. El frenesí tecleador se percibió especialmente en las intervenciones de los portavoces de los nuevos grupos, pero la conclusión a la que cabe llegar tras escuchar sus pláticas, por si no había bastante con lo que ya teníamos, es que al resto de miembros del Pleno les conviene adscribirse a los rigores estoicos si quieren salir vivos de aquí a cuatro años. Juan Cassá admitió poco antes de que comenzara el aquelarre que estaba nervioso, pero no hacía falta tanta sinceridad: la voz le temblaba como cuando se pide salir a la primera chica. Aunque, si por su actuación de ayer dependiera, no le iban a caer más que calabazas. Los referentes del portavoz de Ciudadanos en cuanto a retórica no son Winston Churchill ni Benjamin Disraeli, sino el contestador automático del teléfono de la Agencia Tributaria: con sus pausas plomizas después de cada palabra, su expresión monótona y sus nulas inflexiones, Cassá hace realidad los viejos relatos de ciencia-ficción que hablaban de mundos gobernados por máquinas. Hasta el programa de voz del Windows 95 leía los textos con mayor fluidez.

Pero no crean, que el momentazo de la jornada llegó con Torralbo, que puso a competir a los tuiteros a cada frase. Sólo le faltó una vestimenta más apropiada para arremangarse antes de decir lo que traía preparado. Después de identificarse con la "gente" y con los "nadie", y como bien ha contado Sebastián Sánchez en las páginas anteriores, tildó a De la Torre de corrupto, de derrochador, de franquista y, en fin, le dijo de todo menos bonito en un verdadero alarde de mala leche. Luego, no satisfecha, les dio un rapapolvo a los ediles de Ciudadanos, por cómplices, y les acusó de que ninguno de los tres fuese mujer, lo que, ciertamente, tiene poco arreglo. Sólo le faltó espetar a Cassá: "Sepa usted, señor, que lleva una coleta feísima". El atril sobre el que se apoyaba, pobrecito, pedía clemencia. Su discurso recibió calurosos aplausos, pero se lo puso a huevo, con perdón, a Mario Cortés para que éste replicara que quien había favorecido el Gobierno popular era la gente corriente. Pues claro. Torralbo amenazó de lo lindo a De la Torre advirtiéndole de que se lo iba a quitar todo, de que no le iba a dejar ni las gafas. Pero parece que la edil desconoce aún que los concejales no están ahí para poner ni quitar a nadie. Que eso es competencia de la gente con la que ella tanto se identifica. Que los concejales están ahí para servir, no sólo a quienes les han votado, sino a todo el mundo. Y que eso supone aceptar que la gente no siempre vota lo que uno quiere, pero que aun así hay que aceptarlo. Democracia lo llamaban los griegos. No hubo en sus palabras ni un signo de respeto a los votantes ni, lo que es peor, una sola idea para Málaga. Así que habrá que componérselas para ver cómo se resuelve Torralbo en el futuro. Prometer, promete. Y cómo, oigan.

Por lo demás, Zorrilla, cortés como siempre, insistió en su discurso social, concreto y previsible. María Gámez jugó en terreno neutro, se olvidó de la política y pronunció la palabra cambio muchas veces; Mario Cortés, que estuvo ayer sembrao (le faltaba una copita de fino en la mano izquierda y música de Los del Río), respondió en su turno: "¿Cambio? ¿Qué cambio?" De la Torre demostró en su larguísima exposición que lo de haberse comprometido con Cassá a Dios sabe qué tampoco significa gran cosa: dijo lo de siempre, que si la Málaga tecnológica, que si el turismo y la cultura. Todos ellos ofrecieron, lamentablemente, una actuación bastante aburrida. A la altura de una Primera Comunión.

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