De la Torre plantea ahora que el Metro llegue bajo tierra a La Marina en 2016
Ofrece la Junta la opción de desgajar el tramo final y ejecutar la parte hasta La Malagueta cuando haya financiación para ello
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, planteó ayer a la Junta de Andalucía desgajar en dos la obra del tramo final, Guadalmedina-Malagueta, para poder acometerlo bajo tierra. Frente a la posición de la Consejería de Fomento, que defiende llevar en superficie el recorrido del ferrocarril urbano en esta parte de la ciudad, regidor sorprendió ayer a los asistentes a un desayuno informativo al plantear la opción de, si no hay recursos económicos suficientes, se acometan primero los trabajos para que el Metro llegue en 2016 a la Plaza de la Marina, aplazando su continuidad hasta La Malagueta a otro momento, aunque fijando como límite el año 2020.
Y ello con un objetivo, "que sea rentable". "Cabría la fórmula de llegar soterrado al menos hasta la plaza de la Marina, para que el esfuerzo realizado en el Metro tenga más utilidad desde el punto de vista de los usuarios, pensando en los números de la empresa que lo explote", explicó. En este mismo acto, en el que admitió que no es época para asumir grandes inversiones, sí reclamó al Gobierno central y a la Junta que estudien la posibilidad de prolongar en el futuro el tren de Cercanías hacia el litoral oriental de la provincia.
De lo que ocurra con el tramo final del Metro está muy pendiente el Banco Europeo de Inversiones (BEI), cuyos créditos permiten financiar ya 280 millones del suburbano (de un total de 325 millones concedidos). Sobre ello, la vicepresidenta de este organismo, Magdalena Álvarez, dejó entrever que la posición del ente respecto a la financiación del proyecto estará condicionada precisamente a lo que suceda con la pieza final del recorrido.
No tanto con si va en superficie, como ahora defiende la Junta de Andalucía, o soterrado, como demanda el Ayuntamiento de la ciudad, sino a cuándo se acometerá dicha intervención. "Tenemos que analizar la decisión final y en función de eso sabremos la decisión final del BEI, aunque siempre desde una postura positiva", dijo Álvarez, quien se mostró comprensiva con el constante movimiento de plazos que pesa sobre esta infraestructura. "El banco tiene flexibilidad para analizar lo que se nos plantee cuando se nos plantee", añadió, aunque sí destacó la necesidad de que se cumplan los "requerimientos financieros y la solvencia del proyecto como un todo".
El acuerdo de financiación fijaba en origen unos calendarios de puesta en servicio del ferrocarril urbano ahora obsoletos, al punto de que fueron renegociados ante la rémora que acumula la obra. En este sentido, Álvarez apuntó que en el nuevo calendario se apunta a verano de 2013 para que los trenes lleguen a El Perchel, y no finales de ese ejercicio.
El acuerdo con el BEI le permite revisar las garantías del crédito, tales como subir el tipo de interés, imponer nuevas formas de pago e incluso cortar la línea de préstamo y reclamar la devolución de todo lo invertido si se considera la obra paralizada o se pone en riesgo la rentabilidad del proyecto.
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