Proyectos de ciudad

¿Quién se acuerda del Guadalmedina?

  • Cinco años después de que Ciedes asumiese la actuación sobre el río como una prioridad, la misma sigue sin impulsarse de manera decidida. Todas las administraciones siguen esperando un informe del Cedex encargado a finales de 2007

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Fijada la atención de las administraciones públicas en tratar de hallar las fórmulas con las que evitar el naufragio de parte de los proyectos prometidos en los últimos cuatro años, pocos son ya los que entre sus pensamientos incluyen una intervención no hace tanto era añorada y ensalzada por su trascendencia: la recuperación del río Guadalmedina. El protagonismo que se dio a esta actuación, objeto de agrias y duraderas polémicas entre instituciones, se ha ido diluyendo con el paso de los meses con un azucarillo en agua caliente. Y lo que se anunció como proyecto estrella del II Plan Estratégico de Málaga, impulsado por la Fundación Ciedes, se mantiene en la sombra.

Hoy, ¿quién se acuerda del Guadalmedina y su recuperación para la ciudad? ¿Quién osa plantear una iniciativa con la que sanar la que para muchos es una cicatriz histórica de la urbe? Estas mismas preguntas debieron hacérselas casi tres años atrás los entonces responsables de los organismos públicos que hoy siguen integrando la Fundación Ciedes, alianza institucional que si bien mantiene su ojo puesto en este proyecto, no transmuta el interés en hechos concretos. Y son las mismas cuestiones que trata de resolver la ciudad desde siglos atrás.

Tres años hace casi desde que el Gobierno central, en la figura del subdelegado, Hilario López Luna; la Junta de Andalucía, con su entonces delegado del Gobierno, José Luis Marcos, y el Ayuntamiento de Málaga, con el alcalde, Francisco de la Torre, anunciaron públicamente la decisión de Ciedes de encargar a un organismo dependiente del Ejecutivo central, el Cedex, un estudio objetivo y riguroso sobre las opciones de futuro sobre el río. El documento debía poner sobre la mesa las potencialidades de la obra de regeneración en el cauce, ya fuera con su embovedamiento, como se había planteado en el pasado, o su mantenimiento como cauce abierto y con agua. Pero hasta la fecha ningún resultado.

Al menos ninguna conclusión válida. Porque es cierto que el Cedex hizo un estudio pasados casi dos años desde que se produjese el primer encargo, pero el mismo era inútil. ¿Por qué? Porque los datos hidrológicos sobre los que sustentaba sus determinaciones eran antiguos, algunos incluso de 1989. Esta circunstancia obligó a Ciedes a, en una reunión celebrada el 9 de febrero pasado, volver a remitir la documentación y datos necesarios al organismo estatal para el diseño de tal trabajo.

¿Y qué ha pasado desde entonces? En estos ocho meses nadie tiene respuesta a la pregunta. Ni el subdelegado del Gobierno ni los miembros de la Fundación Ciedes consultados por este periódico tienen novedad acerca del encargo realizado ni de los plazos que se estiman para conocer la decisión del organismo estatal.

Entre ellos, algunas voces discrepantes con la situación actual. Otro de los organismos integrantes de la Fundación Ciedes es "Hay que darle más apoyo, no tanto en la financiación, pero sí en un acuerdo para proyectarlo y buscar el consenso de todos los implicados", señaló el secretario general de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), Javier González de Lara. Por su parte, los presidentes de las federaciones de asociaciones de vecinos Unidad y Cívilis, Ramón Carlos Morales y Antonio Fuentes, respectivamente, tachan la situación de "insostenible". En esta misma línea, el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Linde, dijo que se trata de una intervención "de trascendencia histórica al llevamos demasiado tiempo sin meterle mano".

De la complejidad de la actuación dio buena muestra el ingeniero militar Jorge Próspero de Verboom cuando, en el siglo XVII, presentó la primera propuesta para desviar el río Guadalmedina y afirmó: "Esta no es obra para una ciudad, sino para un rey". Y desde ese momento el debate sobre qué hacer con el cauce es eterno, sin que se haya logrado un punto de consenso y de cierre. Son muchas las ideas que se han puesto sobre la mesa, pero ninguna ha llegado a fructificar. Y muchos los alcaldes que se han postulado para resolver esta cuestión. De Pedro Aparicio a Celia Villalobos y de ésta a Francisco de la Torre.

El ex regidor socialista encomendó estudiar la viabilidad de la desviación del río y su embovedamiento, pero los técnicos concluyeron que no existían garantías de que pudiera resistir una gran avenida de agua y se optó por reforzar el encauzamiento. La más ambiciosa fue Villalobos, quien aprovechando su investidura en 1999, convirtió este proyecto en uno de sus estandartes para el mandato. En agosto de ese año hizo público un estudio que confirmaba que técnicamente era posible soterrar el cauce al menos en los dos kilómetros de su recorrido. El coste se estimaba en 20.000 millones de pesetas (120 millones de euros).

En la campaña a las elecciones nacionales de 2000, cuando Villalobos era cabeza de cartel del PP, hizo del embovedamiento del río su gran promesa. El coste se disparaba ya a los 492 millones de euros. En 2001, Acusur licitó la redacción de dos proyectos técnicos para desviar el cauce en su parte alta. Y ahí quedó todo. La línea fue continuada por Francisco de la Torre en 2003, cuando dijo que tenía como prioridad avanzar en el proyecto. Pero se encontró con que al año siguiente el PP perdió las elecciones nacionales y con que la Confederación Hidrográfica del Sur fue transferida a la Junta de Andalucía. En su primera comparecencia, el recién nombrado director de la Cuenca Mediterránea Andaluza, Antonio Rodríguez Leal, dejó claro que el embovedamiento era técnicamente inviable y suponía un riesgo.

Desde ese pulso, ambas administraciones han ido flexibilizando sus posiciones y se han mostrado dispuestas a que fuese un organismo neutral el que fijase los límites de una demanda que incluso hizo suya el actor Antonio Banderas: "Si fuera alcalde desbloquearía el embovedamiento del Guadalmedina". Todos lo han intentado, nadie lo ha conseguido.

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