"El alcoholismo no tiene días festivos"

AMAR ofrece sangría sin alcohol con grandes dósis de información

Un socio de AMAR sirve en la barra de la Asociación en la Feria, ayer.
Un socio de AMAR sirve en la barra de la Asociación en la Feria, ayer.
Marta Valverde Málaga

19 de agosto 2015 - 01:00

Veintitrés Ferias y mil esfuerzos. Desde su fundación en 1992, la Asociación Malagueña de Alcohólicos Rehabilitados (AMAR) acoge a miles de personas que han tropezado con el alcoholismo con el objetivo de superar una enfermedad que en la mayoría de los casos ha supuesto el destrozo no sólo de aquel que la ha padecido, sino de la gente de su alrededor. Existen ciertas frases que de un modo u otro se han acomodado en la cotidianidad hasta el punto de alejarnos por completo de la realidad, porque ¿quién no ha escuchado alguna vez "yo dejo de beber cuando quiera"? La cantidad masiva de personas que ha hecho esa afirmación es inversamente proporcional a aquellas que se han planteado su adicción.

"El que es alcohólico nunca deja de serlo", explica con contundencia Jerónimo Rosas, presidente de AMAR y rehabilitado por la misma asociación. Para algunos la Feria es puro júbilo y para otros, como los socios y rehabilitados de la asociación AMAR es una prueba de fuego. Durante años estos se enfrentan en Feria a sus vicios y a sus miedos poniéndose al servicio de aquellos que lo necesitan o que no se han dado cuenta aún de esta necesidad.

"Aquí está el que lo quiere, no el que lo necesita", explica Rosas, que comenta la cantidad de casos al día que, sobre todo en la Feria donde alcohol tiene un papel protagonista, observa. "Tuvimos que cambiar de ubicación. Antes estábamos en el centro y ahora estamos en la avenida Andalucía por los riesgos que supone en estas fechas", explica.

Desde terapias individuales hasta terapias familiares y pasando por actividades voluntarias como es, en este caso, estar detrás de una barra. Lo que a algunos les puede parecer una nimiedad, para los adictos al alcohol supone todo un reto como es en el caso de Carlos Jiménez. Carlos se encuentra en la fase 1, la más crítica y arriesgada para ocupar ese puesto durante una semana donde contínuamente se ve rodeado de alcohol.

"La vivo bien porque me he preparado a conciencia, el año pasado lo hice pero piqué un poco, este año con dos meses de antelación me he preparado", comenta Jiménez, que intenta, mediante gestos, exteriorizar el calvario que en el fondo suponen estas fechas. Se considera "fuerte anímicamente" y no es para menos después de que el alcohol destrozara su vida hasta dejarlo dormir en la calle.

Según explica Rosas, son los propios socios los que gestionan la caseta año tras año pero claro, "el que viene tiene que venir con fuerzas y con la cabeza bien alta". Frente a aquellos alcohólicos que prefieren llevar su rehabilitación en el anonimato, AMAR ofrece llevarlo "sin caretas" y con dignidad. "Verguenza es cuando uno sigue con el alcoholismo, eso es vergüenza, el no poner solución a eso, o no poder pasar por según qué sitios por lo que hiciste el día anterior", explica el presidente de la asociación mientras sirve con entusiasmo cada vaso de sangría sin alcohol.

"Perdí a mi familia me perdí a mi mismo, me perdí el respeto y me vi reflejado en el testimonio de mis compañeros de terapia, ahí fue cuando decidí intentarlo", explica Jiménez mientras recuerda el esfuerzo que tuvo que hacer para subir las escaleras de AMAR por primera vez. Pero ahora que Carlos empieza a recuperar su trabajo, a reencontrarse con amigos y a recuperar parte de su familia, invita a que cada día más gente suba esa escalera porque, según el mismo, "cuando la has subido te das cuenta de que ahora te toca vivir la vida" .

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