OPINIÓN

La otra cara del turismo

  • ¿Podría estar abriéndose una crisis en uno de los principios hasta ahora inamovibles en el imaginario colectivo de la región, esto es, el turismo como bendición?, se pregunta el autor

La otra cara del turismo La otra cara del turismo

La otra cara del turismo

La transformación del territorio en la Costa del Sol encuentra cada vez más resistencia por parte de sectores de la población afectada. En estos casos lo que se transmite a la opinión pública es que se trata simplemente de actitudes retardatarias hacia iniciativas que llegan para mejorar las condiciones urbanas y económicas de la zona (especialmente por la creación de empleo). La mayor parte de la población sigue vinculando prosperidad actual o futura al incremento sostenido del número de turistas, y por tanto la expansión inmobiliaria. Multitud de agentes locales, siempre de modestas dimensiones, siguen interesados en el crecimiento demográfico, turístico y urbano. Y más ahora cuando muchos propietarios de viviendas se incorporan a la oferta turística de los llamados pisos turísticos vía internet.

Bien puede concluirse que existe una clausura (en el sentido de cierre o de llave) en la subjetividad colectiva dominante, que impide plantear operativamente un futuro colectivo diferente al del destino turístico para la Costa del Sol. No se dan las condiciones objetivas para que tal apertura sea concebida por la población como algo posible. En cuanto los agentes con recursos económicos y políticos, están muy lejos de quererlo, pues la situación actual les favorece. Además en su mayoría se deben a instancias de decisión exteriores, igualmente favorables a su perpetuación. Siendo este el sentir de la mayoría de la población residente, aun cabe la posibilidad de que quienes sufren directamente los efectos negativos de la estrategia pro-crecimiento inmobiliario no se resignen y se movilicen para resistir. A partir de ahí, ¿podría darse, en una escala significativa un cuestionamiento del ideario del desarrollo en su versión más simplista, aunque dominante, de crecimiento meramente cuantitativo?

La población vincula prosperidad al incremento sostenido del número de turistas

La pregunta es importante porque la destrucción de la base paisajística, ecológica y medioambiental de la Costa del Sol, es una inquietud compartida desde hace mucho tiempo en la comunidad científica y académica, incluyendo los titulados universitarios en turismo. A esto se añade la novedad de las transformaciones urbanas que están provocando serias dificultades para el acceso a la vivienda y la permanencia de los residentes en las zonas en proceso de turistización. Solo un cambio en la percepción colectiva de los problemas podría variar la actual dinámica de deterioro.

Cuando la resistencia supera la oposición individualista es oportuno plantearse qué ocurre en los grupos que se enfrentan a tales amenazas. En un trabajo en colaboración con diversos colectivos, estos coinciden en que los conflictos están provocados por una notoria rapacidad de la actividad inmobiliaria sobre el medio físico (y social). Pero el turismo apenas se pone en cuestión y sigue considerándose una fuerza benéfica. Sin embargo en el caso de la turistización y gentrificación de los barrios, el problema lo produce directamente el turismo, en concreto la expulsión de los habitantes por la presión insostenible del flujo masivo de turistas. Aunque ese fenómeno no es nuevo en la Costa del Sol (los antiguos centros de las poblaciones hace tiempo que dejaron de estar habitados por residentes), su violencia actual, proporcional a su rapidez, hace que la causa se adjudique a la manera en que funciona el nuevo turismo de masas ¿Podría estar abriéndose una crisis en uno de los principios hasta ahora inamovibles en el imaginario colectivo de la región, esto es, el turismo como bendición y la condición de destino turístico como cualidad propia y rasgo principal de la identidad de la zona?

Hay un interés concreto para estudiar lo que está sucediendo a partir de estas experiencias de lucha porque brindan vías de aproximación diferentes y complementarias a las habituales en los estudios académicos. Pero más importante aún, es que podrían sugerir la incipiente existencia de respuestas sociales, gérmenes de subjetividad colectiva de relativa autonomía, formada a lo largo de los procesos de lucha. Son colectivos que tienen características propias, están escasamente relacionados con movimientos sociales anteriores y sobretodo podrían proveerse de núcleos de agregación y expansión social importantes, aunque sean todavía mal conocidos, como es el gran tema del decrecimiento. La articulación en red de estos nodos entre sí ayudaría a lograrlo.

El trabajo con los grupos de resistencia tiene un interés mayor que el de poder acceder a una fuente de información alternativa o el de mostrar la cara menos agradable de los procesos en marcha. Al respecto el prestigioso geógrafo Edward Soja, en su libro En busca de la justicia espacial, y tomando como referencia a E. Said y M. Foucault, sugiere que las "[…] geografías injustas de poder político también pueden permitir crear fundamentos para la existencia de la emancipación"; por ello podrían aparecer "[…] espacios potenciales de resistencia y empoderamiento [...]". Esto remite a la siguiente cuestión: ¿en qué medida se da en los colectivos protagonistas de las resistencias una creatividad social por más que el relato oficial reduzca su voz a la insignificancia?

El papel de los prescriptores de opinión sigue siendo fundamental en la conducción del imaginario colectivo. En su mayoría creando una receptividad social favorable a los grandes proyectos inmobiliarios y turísticos. Formando parte (menor) de los agentes cuya postura tiene relevancia política, estamos las y los profesionales relacionados con dichas actividades. Pero al mismo tiempo somos habitantes de este lugar. No podemos disociar tranquilamente nuestra experiencia existencial y el conocimiento que tenemos acerca de lo que está ocurriendo y sus consecuencias, respecto nuestro propio trabajo académico. Así como comprobamos que los grupos comprometidos en estos conflictos, al intentar transformar una realidad exterior adversa, también se transforman, procesos parecidos tienen lugar entre nosotras. Se problematiza el proceder en nuestra práctica diaria y en la reflexión teórica. Y aparece entonces la necesidad de incluir como objeto de la investigación el sentido de nuestro quehacer profesional y la misma investigación.

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