¿Quién es el auténtico asesino de los carnavaleros?

Mientras los detectives de Jesús Gutiérrez siguen buscando al asesino de comparsistas, la fiesta aún lucha contra los enemigos que no le dejan crecer todo lo que desea

El plato fuerte de la tercera semifinal se sirve en El Tintero

El asesino de comparsistas.
El asesino de comparsistas. / FCCM
José L. Malo

04 de febrero 2026 - 18:13

Por un lado, este año los detectives de Jesús Gutiérrez buscan averiguar quién ha asesinado a un comparsista. Por otro, Miguel Ángel Merchán ha dictado sentencia sobre la pérdida de nivel en la murga. Lo de Guti es una metáfora; lo otro, una frase que ha traído cola. Son ya varios compañeros de modalidad los que le han replicado con coplas, que es siempre la mejor manera de contestar. Puro Carnaval.

Lo cierto es que esta fiesta siempre anda luchando contra enemigos. Propios o externos, invisibles o más localizados. Va dando pasitos adelante, pero muy pequeños. Al menos, desde hace dos años se ha democratizado y figura en manos de sus propios actores. La Fundación del Carnaval ya explota los derechos audiovisuales, ha mejorado el reparto de los beneficios que los autores y componentes generan y ha creado una escuela. La sensación de que queda mucho por hacer no impide que se celebren dichas conquistas.

Con razón, puede lamentar el carnavalero que hay sombras que no le dejan crecer más. El Teatro Cervantes sigue siendo un coto exclusivo para la fase final, y hay que resignarse a celebrar las preliminares en la ESAD, a la que hay que estar agradecidos por ello, pero que no permite desplegar todos los encantos en escena de su grupo por sus limitaciones físicas.

También hace bien en quejarse de que el Ayuntamiento apueste por su fiesta más desde el compromiso cívico que desde la fe en lo que representa. Porque esa es otra: la Semana Santa sigue siendo la tradición por excelencia de la ciudad. Una realidad que a la vez es encrucijada, pues un alto porcentaje de actores carnavaleros mantiene un fuerte vínculo con las cofradías.

Hay asesinos en la propia familia

Igualmente, se ven molinos convertidos en gigantes. De puertas hacia dentro, la competencia en el concurso provoca una visión túnel que impide enfocar el Carnaval como una fiesta global y que más de uno se limite a valorarla desde la posición en la que haya acabado en el COAC. El ego, la falta de autocrítica o el jurado como escudo ante cualquier revés continúan impidiendo naturalizar que lo del teatro es solo un concurso, que solo puede ganar uno y que en las calles es donde todos pueden cantar victoria ante un público que no quiere competición, sino deleitarse.

Por fortuna, se están sembrando semillas llamadas a dar una dimensión más justa al Carnaval. La cantera, cada vez más presente y con niños y niñas que ya apuntan maneras muy ilusionantes, viene empujando para que la cadena de alimentación entre generaciones vaya consolidando el Carnaval con un folclore más arraigado en la ciudad. Es solo cuestión de paciencia y seguir haciendo piña entre todos los que componente la fiesta para recoger el fruto.

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