Y cruzaron el Estrecho a nado para ayudar a Juan Jesús
Un policía y un funcionario judicial nadan 17 kilómetros para ayudar a un niño con parálisis cerebral
Se lo propusieron y lo han logrado. Jorge Luque y Sebastián Álvarez cruzaron ayer a nado el Estrecho de Gibraltar con el recaudar fondos para un niño con parálisis cerebral. "Yo tenía confianza, estaba tranquilo; porque no teníamos que demostrar nada. Las condiciones meteorológicas nos han favorecido. Hemos disfrutado y hemos contribuido a una buena causa", dice Jorge, todavía sin terminar de creérselo.
Este funcionario judicial reconoce que la experiencia le ha aportado mucha confianza en sí mismo. "Me ha servido internamente", admite.
Pero además, el cruce le servirá a Juan Jesús, un niño de 7 años con parálisis cerebral. El dinero que Jorge y Sebastián han conseguido con donaciones, huchas y rifas le permitirá a su familia adaptar el baño de su vivienda. "Mi hijo no se pude bañar ni de pie si sentado, tiene que ser en una hamaca y necesitamos un baño más grande", explicaba ayer Inmaculada González, la madre del pequeño. Y agregaba: "Estamos muy contentos y agradecidos por lo que han hecho Sebas y Jorge".
Sebastián confesó que ayer, cuando estaba dando brazadas en mitad del Mediterráneo, hubo momentos en los que pensó en tirar la toalla. "Es duro. Pero por pundonor y por la buena causa que había detrás, tenía que seguir", reconocía este policía nacional. "Pero el esfuerzo tanto de cruzar a nado el Estrecho como de los entrenamientos previos han valido la pena", afirmaba.
Los dos nadadores se echaron al agua sobre las 7:40, en Tarifa (Cádiz). Cuatro horas y 26 minutos después llegaban a Punta Cires, en Marruecos. Fueron 17,230 kilómetros. En suelo alauita no los esperaba nadie. Solo un peñasco rocoso del que cogieron una caracola de recuerdo. Durante su hazaña les secundaba un barco que además de certificar la proeza, debía garantizar la seguridad de ambos. También les acompañaron algunos amigos de Aliquindoi, su grupo de nado.
La vuelta fue algo más cómoda. El barco que los vigiló durante la idea los trajo de regreso. Al llegar a Cádiz los esperaban sus familias y más amigos. En sus móviles, cada uno de los nadadores tenía por lo menos 300 whatsapp felicitándolos por su valentía y su solidaridad. Sebas, Jorge, Inma y sus familias estaban ayer muy emocionados. Sobre las tres de la tarde, ya algo relajados, los nadadores empezaban a creerse la hazaña que habían conseguido y se disponían a almorzar. Sebas bromeaba: "Nos lo hemos ganado".
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