"No sé por qué extraño complejo no se promociona más a los artistas de aquí"

Pintor, grabador y dibujante, José Hernández vive a caballo entre sus obligaciones en Madrid y sus devociones en Málaga · Villanueva del Rosario lo acoge desde 1981 y la Diputación Provincial lo nombró Hijo Adoptivo

Un antiguo molino en Villanueva del Rosario es el lugar en el que Hernández crea.
Un antiguo molino en Villanueva del Rosario es el lugar en el que Hernández crea.

09 de noviembre 2008 - 01:00

José Hernández cogió el lápiz y el pincel cuando era un niño y aún tiene mucho que decir en la pintura española e internacional. Ecuánime, terriblemente honesto y poco amigo de encargos e imposiciones, el artista lleva ya dos años dirigiendo la Calcografía Nacional. Su nombre está en los libros de texto, aunque en algunos se reproduce una obra suya al revés.

-Nació en Tánger pero se considera apátrida.

-Yo digo que me gusta estar en la tangente. Es en ese punto inexistente de la tangencia donde me siento mejor y sí, técnicamente, soy apátrida. Nací en un país, la ciudad de Tánger, que tenía asamblea legislativa y estaba gobernado por cuatro potencias. En el 59 pasó a ser de Marruecos. Así que yo ¿de dónde soy? Aunque de hecho y de derecho soy español.

-Pinta desde pequeño, pero es autodidacta...

-Cuando era niño me hubiese gustado ir a una escuela de Bellas Artes pero no pudo ser, aunque eso no me frenó para que yo siguiese pintando. Nunca me ha gustado el término autodidacta porque uno aprende de todo y no sabe dónde va a encontrar su manantial. El vivir te produce una serie de sensaciones y si tienes un instrumento en la mano lo expresas a través de él.

-Así nace José Hernández...

-Si sumas pudor, dificultades en los inicios..., de esa especie de mezcla salgo yo. Lo del genio, si hay esa mano que llega y te toca, pues muy bien. Pero tampoco tengo yo mucha fe en esas cosas. Yo lo que quiero es que nada me impida expresarme pintando, con eso creo que cumplo con mis deseos.

-¿Más que un oficio ser pintor es la elección de vida?

-Efectivamente, pintar es un proyecto largo y extenso, un proyecto de vida y el cuadro viene a ser un fragmento de esa obra por concluir, por inventar. El oficio ayuda puesto que conoces la herramienta que tienes en la mano y eso es lo que te facilita el lenguaje.

-No le gustan las etiquetas ni las clasificaciones, pero ¿se adscribe en algún sitio?

-No me gustan las etiquetas porque es una manera de simplificar y las cosas son más complejas que eso. Yo he ido a mi bola, esto es una aventura personal. Yo no he optado por la pintura, ella optó por mí. Así lo he entendido siempre, aunque me ha interesado más el surrealismo que el constructivismo, por decir el contrario.

-¿Qué quiere que contenga el cuadro que tiene enfrente?

-Soy muy ambicioso, lo quiero todo, un cuadro ideal. Pero quizás si lo consiguiera tendría que dejar de pintar o cometer otras barbaridades, como tirarme por el balcón. Eso lo hicieron muchos, desde Rothko a Lucio Fontana. Llegaron a una síntesis tal que a partir de ese punto sólo quedaba repetirte, que es una traición a sí mismo, o tirarte por el balcón. Ellos optaron por eso, yo aprecio mucho mi pellejo. Además, creo que hay muchas maneras de conservar la honestidad.

-Es pintor de largo recorrido...

-Eso creo, que tengo cuerda para rato, yo vivo esta aventura con pasión, como muchos otros.

-Sus obras son minuciosas, cuida mucho el detalle, ¿cuánto tarda en realizar un cuadro?

-Tardo dos, tres, cuatro o cinco meses. Pinto muy lentamente. Hay cuadros que se malogran y no salen. Tú sabes lo que tienes que hacer, para bien o para mal. Yo produzco una media de siete u ocho cuadros al año, eso sí, grabo mucho y dibujo mucho, algo fundamental para mí. No podría vivir sin dibujar.

-¿Siempre hace bocetos previos?

-Sí, sí. Y en la elaboración de un cuadro pueden mediar de uno a cien bocetos. Van variando según se perfila la idea y transportando ese boceto a la tela, hay veces que la tela pide algo que no has podido concretar en un formato pequeño. Dibujar me da mucha vida.

-En el Rectorado está expuesto un lienzo de Picasso, perteneciente a la Colección Santander, que el malagueño firma como su tercer cuadro de ese día. ¿Qué opina?

-En principio, me da mucha alegría que alguien pueda hacer eso y después, lo inconfesable, la envidia que me causa que alguien tenga esa facilidad para resolver así. A Picasso le tengo una admiración tremenda precisamente por eso. Picasso ha influido mucho en que yo me dedicara a esto. Una exposición en el Grand Palais de París fue como un reactivo en un momento bajo de mi vida. Eran objetos y esculturas hechas con cajitas y cartones y eso me puso como una moto. Me lo imaginaba haciendo estas piezas, lo veía, y quise experimentar esa alegría en mi propio estudio.

-¿Es que sufre cuándo pinta?

-No, sufro como cualquiera cuando algo no me sale, sufres cuando te ves incapaz de resolver, pero no, no me fustigo.

-¿Mantiene una vinculación muy directa con la literatura?

-Sí, me gusta mucho. Uno está hecho a una serie de autores y esas son las fuentes de las que siempre he bebido. La literatura es parte del alimento que me ha hecho seguir. Pero mi pintura no es una recreación. Esto es ponerte delante de una tela en blanco, sentir ese escalofrío que siente uno casi siempre y dejar que la inercia te lleva ahí o pillarle en un momento de descuido y colarte. La tela en blanco impone mucho. Aunque tengas toda la información previa y todos los bocetos previos, es como empezar de nuevo cada vez.

-¿Cuánto de lo que hay ahí fuera, de las noticias que lee o escucha, pone en su obra?

-Se va formando una especie de filtro y para mí lo primero es lo que está en esta casa, mi pequeña familia y mis cuadros. Pero, como todo el mundo, sí que soy sensible a las catástrofes de todo tipo aunque no lo traslado al cuadro. Yo no soy una metáfora.

-¿Qué Málaga recuerda de sus primeras visitas?

-Siempre he tenido una vinculación con Málaga muy cercana. En aquellos tiempos era muy tristona y muy grisácea, como eran todas la ciudades de España en la época de la dictadura. En Madrid conocí a colegas como Paco Peinado, Enrique Brinkmann, Alberca, que fueron y son muy queridos por mí y poco después decidimos buscar una casa por aquí. En los 80 encontré una ciudad muy agradable, donde la gente se mueve y goza de lo que tiene y eso relaja mucho.

-Y en estos 28 años que lleva yendo y viniendo de Málaga a Madrid, ¿qué cambios ha palpado en la provincia?

-Hombre, pues el cambio que todo el mundo ha experimentado en el país, sólo que aquí de otra manera. Aquí tienen un añadido, que es algo más de gracia y tomarse las cosas con una filosofía distinta. Quizás hemos vivido los cambios más relajadamente y por ello con más objetividad. El mundo del arte también ha cambiado tantísimo, y lo ha hecho en función de la sociedad...

-Ha dicho alguna vez que el norte le fascina pero el sur lo necesita...

-Sí, es cierto.

-¿Qué le da el sur, ese relajo imprescindible?

-Pero un relajo bien entendido. No quiere decir que no se trabaje sino que se ven las cosas de otra manera, de otro color. Hay otros mecanismos mentales que ayudan a superar las crisis de otra manera, y la vida así se hace más llevadera. Eso sí, yo me tengo por persona muy disciplinada.

-¿Cómo cree que Málaga trata a sus pintores?

-Creo que nuestra profesión es de las más desconsideradas, porque entiendo que es una materia no clasificable y se hace difícil valorar una actividad como la nuestra. Pero en Málaga parece que hay más pintores por metro cuadrado que en otras partes. Y a lo mejor es porque es una región que propicia el sentimiento artístico.

-Pero, ¿considera que los artistas malagueños tienen poco hueco aquí?

-No sé porqué extraño complejo no se promocionan más a los artistas de aquí. Han entrado artistas extranjeros que han dado prestigio a los centros, pero no creo que se deba a ninguna razón maquiavélica no programar a españoles, aunque yo soy muy inocente. Creo que es algo pasajero. La Historia ha demostrado que nadie puede despreciar la pintura española. Ahora, eso sí, convendría que la administración tomara más cartas en el asunto.

-¿Echa de menos exponer más asiduamente en Málaga?

-Bueno, yo acudo a dónde mis amigos me reclaman y así he expuesto toda mi vida. En Málaga hay mucha actividad, aunque esto no va en proporción con las galerías que existen, porque hay buenas pero pocas y son las galerías las que sirven para enseñar tus cosas, vender si se tercia y seguir adelante. Pero sí que los gobiernos deberían ayudar a las galerías privadas, dar un estímulo oficial. Las galerías son las que hacen que se muevan las cosas y las salas institucionales las que recogen la trayectoria. La galería hace una labor social muy importante y normalmente no se le reconoce.

-¿Cree que Málaga tiene opciones para ser Capital Cultural de Europa en 2016?

-Creo que sí. Málaga tiene unos espacios expositivos de primer nivel. El Museo Picasso, el Thyssen, el Bellas Artes, las salas del Ayuntamiento, de la Diputación, el Palacio Episcopal. Está en una buena posición, la propia ciudad ya es artista. Materia hay, pero eso no se puede improvisar. Creo que estamos en un momento muy bueno para que arranque algo, aunque no sé qué.

-Y ahora que estamos en crisis...

-Sí, el arte es muy difícil venderlo. Al que le gusta no tiene dinero y el que tiene... (risas). Ahora, una cosa que tengo clara es que no porque haya más o menos dinero el artista va a dejar de hacer lo que tiene que hacer.

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