La fábrica de los 'coloraos'sigue al pie del cañón

Fundada en 1905 por un grupo inversor británico, que aún mantiene la propiedad, la empresa Óxidos Rojos es conocida en todo el mundo, desde Chile hasta Australia, por la calidad del producto

Ángel Recio / Málaga

22 de febrero 2009 - 01:00

Dicen sus trabajadores que la expresión "sabes más que los ratones coloraos" se puso por esta fábrica, en la que desde hace un centenar de años se trabaja en la molturación de óxido de hierro para la construcción y del que se impregnaba, de un fuerte color rojo, cualquier animal que pasara cerca en busca de alimento. El recinto fabril pasó de Huelin al polígono Guadalhorce en la década de los 70, pero basta con entrar en la instalación para comprobar el porqué de ese dicho. El rojo es el color predominante y, como si se estuviera de pronto en Marte, cubre tejados, maquinarias, suelos y hasta a los empleados, aunque éstos aseguran que no es nocivo para la salud.

Pocos empresarios presumen en Málaga de tener una compañía centenaria. Los propietarios de Óxidos Rojos sí pueden hacerlo y, de hecho, cuentan con uno de los CIF más antiguos de la provincia. Eso no es óbice para que, en pleno siglo XXI, sea uno de los líderes nacionales en su sector y conocida en todo el mundo, ya que exporta el 80% de su producción.

La historia es curiosa. Un grupo inversor británico llamado Golden Valley Colours, de Bristol, llegó a Málaga en 1905 atraído por el nuevo auge industrial de la ciudad a principios del siglo XX. Se acababa de crear la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, el sector alimentario se hizo fuerte con la venta de vino y pasas, y la metalurgia cobró protagonismo con empresas como Trigueros, Heaton, Vers o la Sociedad Minero-Metalúrgica Los Guindos. En el área química surgieron firmas destacadas como Unión Española de Explosivos, Cros o Vasco-Andaluza y, en este contexto, los británicos apostaron por la creación de Óxidos Rojos de Málaga, también conocida como La Victoria, en la que molturaban el óxido de hierro que extraían de minas de Jaén o Córdoba con diversos fines. Obtenían pigmentos naturales que se empleaban para usos dispares como pintar el revestimiento de los barcos, tejas, hormigones o hasta cosmética. En estos momentos, esos pigmentos se siguen empleando para pinturas anticorrosivas, pero se le han dado nuevos usos como, por ejemplo, su colocación en redes de piscifactorías para que no se peguen microorganismos y fluya el agua o para los carriles bici.

La molienda de ese óxido empezó a ser un negocio y se crearon varias empresas más en Málaga pertenecientes en su mayoría a inversores británicos y alemanes, como Compañía de Colores Minerales, Bonitz Hermanos o Barblán y Cabrera, según explica el ingeniero Mario de Ory en un proyecto realizado para la Universidad de Málaga.

Aunque empezó a funcionar en 1905, la sociedad como tal no se constituyó hasta el 24 de febrero de 1921. La fábrica originaria estaba en Huelin, en la calle Héroe de Sostoa, y allí permaneció hasta que en 1971 se inició el traslado de la maquinaria y el personal al Polígono Guadalhorce, sede en la que opera al completo desde 1976.

A lo largo de todos estos años han pasado muchas cosas, aunque tal vez una de las más llamativas es que se ha mantenido la misma capacidad de producción. En 1920 se producían 5.000 toneladas al año y ahora se obtiene la misma cantidad. Lo que sí ha variado notablemente es el número de trabajadores. En 1920 la plantilla la componían 110 personas y ahora son ocho personas (cuatro en la fábrica, tres en la administración y uno en el laboratorio). "La producción se ha mecanizado y se necesita mucho menos personal que antes", explica Raúl Sánchez, jefe de ventas internacionales de la empresa. En cualquier caso, Óxidos Rojos siempre se ha caracterizado por ser una empresa familiar. "Los dueños actuales son los herederos de los fundadores y los trabajadores han sido normalmente los hijos de los empleados que estaban antes", continúa Sánchez. Curiosamente, el propietario de la fábrica es un periodista deportivo británico que vive en Inglaterra pero que viene habitualmente a Málaga a ver cómo funciona la empresa y los partidos del Málaga C.F., del que es socio.

Al principio extraían el óxido de hierro de minas propias, posteriormente decidieron comprar directamente el material y en estos momentos han vuelto a los orígenes, ya que tienen los derechos de explotación de una mina en Córdoba que, según Sánchez, "nos garantiza que vamos a tener el mineral para los próximos 30 años". El jefe de ventas explica que los derechos de explotación de una mina no son caros en sí, aunque "lo realmente costoso es extraer el mineral y acondicionarlo".

La construcción es uno de sus principales clientes y la empresa, como el resto, también se está viendo perjudicada por la crisis económica. Su fórmula para salir con éxito ha sido entrar en nuevos mercados, diversificando así el riesgo. "Lo normal es que la exportación represente el 65% de las ventas, pero con la crisis de la construcción en el mercado nacional, las ventas al extranjero suponen ahora el 80% de nuestra facturación, que está en torno a un millón de euros", subraya Sánchez, quien destaca que desde Málaga cubren prácticamente todo el planeta. Venden el producto en casi toda Suramérica, Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia, Filipinas, China o Singapur. Incluso relata que en Suráfrica su óxido se emplea mucho y se conoce directamente como Malaga red y "así nos llaman en muchas ferias internacionales a las que acudimos".

La firma malagueña transporta el material en barco a través mayoritariamente del puerto de Algeciras con la diferencia de que antes se hacía en barriles de madera y ahora en sacos de distintos tamaños, habiéndolos de hasta 1.300 kilos.

La fábrica de los coloraos, como siempre la han llamado, tiene más de cien años de vida, pero sigue al pie del cañón, con una amplia cartera de clientes y sorteando la crisis con experiencia y paciencia, su principal aval después de tantas décadas. Durante el reportaje no vimos a ningún ratón colorao pero seguro que hay alguno.

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