La falta de sitio para parar en los colegios agudiza el peligro del tráfico

mOVILIDAD El atasco cotidiano en horas punta ante los centros educativos

Vehículos en doble fila, en paradas de autobús o subidos a la acera y peatones que cruzan por lugares indebidos son el paisaje diario frente a los centros educativos, un riesgo para la seguridad del tráfico y de las personas

Afluencia de padres, alumnos y coches, ayer, ante un colegio de Teatinos.
Afluencia de padres, alumnos y coches, ayer, ante un colegio de Teatinos.
C. Fernández · L. García / Málaga

02 de diciembre 2011 - 01:00

Coches en doble fila, mal aparcados, peatones que a veces cruzan por lugares indebidos y un gran caos circulatorio. No es nuevo, es algo que se vive a diario a la entrada y salida de los colegios. Las prisas, el uso abusivo del coche para llevar a los hijos a clase y las escasas zonas de aparcamiento hacen que de lunes a viernes cerca de 9:00 y a primera hora de la tarde estas zonas se conviertan en peligrosas. El accidente del pasado lunes que acabó con la vida de un padre y su hijo en la calle Rodeo, en el entorno del colegio Cerrado de Calderón, vuelve la mirada a estas situaciones recurrentes.

En la calle Tamayo y Baus, donde se encuentra la puerta lateral del colegio Luis Buñuel, los conductores ya están acostumbrados a rebasar la pista de obstáculos en que se convierte cada mañana. La parada de coches en doble fila obliga a muchos a circular por el carril contrario y en la maniobra evasiva se pueden saltar alguno de los pasos de peatones de la vía. En la calle Mercedes Llopart, donde se localiza la entrada a Primaria del CEIP Pintor Félix Revello de Toro, el atasco es constante. "La gente, aunque sea en tercera fila, pero tiene que aparcar en la misma puerta, es alucinante", dice Susana, madre de una alumna del centro. La doble fila se forma en los dos sentidos de la circulación, por lo que queda un mínimo paso y los padres han llegado a ver cómo alguien paraba su coche colapsando totalmente el tráfico para acercar a su hijo al colegio. Verónica y Estefanía piensan, como Susana, que "sin duda la culpa es nuestra, en cuestión de minutos creamos nosotros el peligro, pensamos que no va a pasar nada y somos en general muy imprudentes". Poca policía han visto estas tres madres en la puerta del colegio, pero consideran que también es cuestión de educación y civismo. "Los pasos están señalizados y la obligación de reducir la velocidad, pero aquí van muy rápido", dice Susana que el pasado miércoles presenció otro atropello con heridas leves, en la puerta del instituto Torre Atalaya.

También se complica la mañana en las inmediaciones del colegio Cardenal Herrera Oria, junto al Seminario. Una calle con un sólo carril llega al acceso de Infantil y abundan los padres que aparcan sobre la acera e, incluso, cortan el tráfico parando el vehículo en la misma puerta. La acera es tan estrecha que los padres y alumnos que esperan a que se abran las puertas incluso tienen que ocupar la carretera. Los vehículos inutilizan a diario un carril aparcados sobre la línea amarilla.

En El Candado, la entrada de los colegios Jorge Guillén, Platero y el IES El Palo es un "infierno" diario. "Es una zona apartada de los núcleos residenciales y muchos vienen desde el área metropolitana, así que la mayoría llega en coche", dice una madre del colegio Platero. La acera es pequeña, hay árboles en mitad de la misma que cortan el paso y la gente tiene que andar por la calzada. En Huelin, el problema se repite ante el colegio San Patricio. Hay coches sobre la acera, en doble fila y en la parada del autobús. El río de vehículos que va hacia la Avenida Juan XXIII se topa con este tapón. "Yo no tengo más remedio que venir en coche porque vivo en Teatinos", dice Yolanda Rincón. Rafael Conde trae en bici a sus dos niños, pero admite que su mujer usa el coche. Viene desde la zona de Vialia. "Debería haber un sitio para parar, como lo que hay para taxis y autobuses", opina.

Ante el colegio Ave María, en la Avenida Sor Teresa Prat, el paisaje es el mismo. En un momento llega a haber una quincena de coches aparcados, limitando la circulación a uno de los dos carriles. Unos abuelos viven en la barriada de enfrente han llevado al niño en coche porque dicen que de ahí se van al hipermercado a hacer la compra.

Entre tanto, el colegio Cerrado de Calderón se recupera de la tragedia mientras que sus responsables, junto con padres, vecinos de la zona y Ayuntamiento, afrontan la reordenación del tráfico. "Es un tema que venía de atrás y, desgraciadamente, esto ha servido para agilizar las medidas", comentó ayer el director del centro, Pedro Lanzat. "Los padres vienen antes para encontrar un aparcamiento cercano y no hay, así que finalmente dejan coches sobre las aceras hasta que salen los niños", reconoció el director. Macarena tiene matriculados en el colegio Cerrado de Calderón a sus dos hijos y se queja de que la salida de la calle Rodeo, donde ocurrió el accidente del lunes, no tiene valla protectora que separe la acera de la calzada. Además "la acera es muy estrecha y sobre ésta han colocado un contenedor que obliga a padres y niños a bajar a la carretera", decía ayer. Pero también subrayó que suele ver a conductores que pasan de los 50 kilómetros por hora cuando es zona 30.

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