"Que una familia se alimente de lentejas bebidas te afecta sin remedio"
Balcón de Notables · Patricio Fuentes
Con más de 20 años de experiencia en las obra social de Cáritas, reconoce que conocer de cerca la pobreza, lleva a vivir con austeridad y a intentar ayudar en todo lo posible.
CUANDO aún no han dado las once de la mañana, la casa de acogida Sagrado Corazón de Huelin desprende olores de almuerzo, un inmigrante ronda por la entrada hasta que una de las voluntarias sale y le da unos zapatos usados; ella espera para comprobar la talla. Dentro, los acogidos realizan manualidades y toman una pequeña merienda. El director de este hogar conocido como Cottolengo, Patricio Fuentes, nos recibe y explica lo que acabamos de experimentar, lo maravillado que quedó con esa casa cuando asumió la dirección hace poco menos de un año, en el momento en que las monjas que se ocupaban de ella se marcharon. Desde entonces compatibiliza la residencia de mayores sin recursos de Cáritas en Churriana, El Buen Samaritano, con el Cottolengo.
-Asumir la dirección del Cottolengo supondría todo un reto para que no perdiera su esencia, ¿no?
-Fue un reto importante y precioso, porque atender a las personas más pobres en una casa como ésta en la que no se pide absolutamente nada a nadie y se confía plenamente en la providencia, pues es precioso formar parte de ella, poner mi granito de arena para que la casa funcione.
-¿Y lo está consiguiendo?
-Esta casa cumple 50 años en 2015 y jamás se ha pedido nada a nadie, pero tampoco ha faltado de nada. Se sigue dando el pequeño gran milagro de que hace falta comprar alguna cosa y cuando vamos a ir a buscarla, llega.
-¿Hay mucha diferencia entre dirigir El Buen Samaritano y el Sagrado Corazón, que se centra en los desfavorecidos?
-La diferencia es sobre todo en cuanto a los acogidos, porque aquí hay desde jóvenes a mayores, por lo que el trabajo diario es diferente. No es lo mismo atender a personas muy mayores con alzheimer, donde es un trabajo muy asistencial, que lo que se hace aquí, que además de eso con algunas personas mayores, con otras se hace un trabajo mucho más educativo, de integración en la sociedad. Pero el espíritu es el mismo en todos los sitios. Aquí en el Cottolengo con su carisma propio, con una presencia importante del voluntariado de muchísimos años y que realmente es uno de los pilares fundamentales de esta casa.
-Además de voluntarios, también hay varios trabajadores.
-Hay un grupo de personas contratadas, siempre lo hay, y son muy importantes porque emplean su tiempo, ponen su vida y cobran su salario. Aquí hay muy pocas personas contratadas, eso es una diferencia con respecto a El Buen Samaritano, porque es una realidad distinta. Aunque los trabajadores tienen el espíritu del voluntariado.
-Un día cualquiera en estos centros, ¿cómo transcurre?
-Aquí empieza sobre las siete o siete y media de la mañana. Se desayuna y luego hay una misa, a las nueve y media, a la que asisten todos los acogidos que quieren. Después hay actividades diversas, tan variables como personas. La atención está muy centrada en la persona, porque muchos jóvenes están estudiando en colegios, otros van a centros especializados para personas con parálisis cerebral o retraso mental grave. Otros que no van a ningún centro se quedan aquí con nosotros, hacemos talleres, salidas. Intentamos hacer una vida lo más normal posible. Es como una casa y el ritmo de vida debe ser ese.
-¿Se generan problemas de convivencia?
-Como en todas las casas tienen sus problemas de convivencia, pero también la alegría y la riqueza de ese intercambio intergeneracional. Son una gran familia.
-¿Ha cambiado mucho la casa?
-A lo largo de la historia sí, porque la necesidad social de las personas más pobres en Málaga ha ido cambiando en 50 años. Cuando empezó había muchos niños con polio, que es lo que había en esta zona cuando lo fundaron las religiosas, con el impulso del padre Jacobo, que es quien puso esto en marcha y quien buscó a las religiosas. A partir de ahí han ido entrado diversas personas con todo tipo de necesidades. Antes entraban más niños, cuando la Junta de Andalucía todavía no se hacía cargo de los menores. Ahora ya hay menos, solamente si están los padres.
-¿Cómo repercute la crisis en estos centros?
-Yo diría que la providencia no está en crisis. O a lo mejor porque hay crisis y se sabe que la necesidad es más grande y que intentamos ayudar a más personas, se ayuda más; mueve las conciencias.
-¿La sociedad es consciente de la transparencia en la gestión?
-Eso es así aquí, en Cáritas y en lo que yo conozco de la Iglesia. Un céntimo que entra va donde tiene que ir, es algo garantizado. Y la sociedad lo sabe, por eso se fía. Tiene que ser así.
-Sin embargo, siempre hay algún que otro escándalo con subvenciones a ONG que se han destinado a fines diferentes de las necesidades sociales.
-Son las menos. En el mundo de las ONG hay gente buenísima que trabaja muy bien. Habrá habido personas que no lo hayan hecho bien, pero la mayoría de las entidades que trabajamos, además lo hacemos de forma conjunta, vamos en la misma dirección, trabajando por los más pobres.
-Tiene un trabajo con el que tiene un contacto directo con el dolor, la marginación, el sufrimiento, ¿cómo repercute eso es su vida diaria? ¿Cómo marca?
-Es imposible no quedarse marcado ante las situaciones que se viven diariamente. Cuando una familia te dice, y sabes que es verdad, que lleva tres días comiendo lentejas bebidas, sólo con agua, porque no tiene otra cosa para ponerle a las lentejas, pues claro que eso te marca y te afecta. Si no fuera así, uno no podría trabajar en estos sitios ni ser voluntario. Nos afecta y nos dejamos afectar por lo que le pasa a las personas. ¿Eso a que nos obliga? A ser austeros en la vida en general, porque conociendo estas cosas no puede ser de otra manera, y a intentar ayudar en todo lo posible tanto económicamente como con nuestro tiempo. No es un trabajo de ocho horas, nos implicamos personalmente en todos los sentidos.
-Su familia, entiendo entonces, que igualmente implicados.
-No tienen más remedio. Si no contara con la comprensión por el tiempo que se dedica a esto... Aparte de que compartimos la realidad de la pobreza y del dolor. Y los niños, que son pequeños, van a ser educados conociendo esta realidad; cuando venimos aquí o vamos a los sitios de Cáritas es así. Pero yo creo que eso es bueno también, porque es la realidad de la vida.
-A veces parece que vivimos al margen de esa realidad.
-Sí, y creo que equivocadamente, porque ponemos el foco o nuestra felicidad en cosas que no son tan importantes. Y cuando ves esta realidad, te das cuenta de dónde está la felicidad, porque hay personas que con lo mínimo encuentran felicidad y tienes que saber dónde y cómo la encuentran, lo que te lleva a aprender muchísimo.
-No faltan voluntarios, ni donantes y hasta los trabajadores están implicados, ¿echa algo en falta?
-No falta de nada y falta de todo. Sigue haciendo falta la solidaridad y una implicación mucho más importante por parte de la sociedad y sobre todo de nuestros responsables, que son las administraciones públicas para que el mundo de la pobreza sea mucho más una prioridad de lo que lo es actualmente.
-Cuando ven los millones gastados en proyectos de las Administraciones que nunca han visto la luz o tardan en verla, ¿qué sensación les queda?
-Nos duele enormemente. Y estamos viendo que ahora mismo se va a asumir por parte de la Junta de Andalucía dejar un 15% de plazas vacías en las residencias para personas mayores y esas cosas nos duelen. De todos los centros concertados, se asume que se llenan hasta un 85%, porque el mundo de la Administración no pone más dinero para la dependencia.
-Y todo eso sabiendo la demanda de plazas que hay en la residencia El Buen Samaritano.
-Con gente llamando y conociendo la realidad; sabiendo que en Andalucía hay menos plazas concertadas que en ningún otro sitio de España por media de población. Si eran pocas, ahora hay menos. Entonces, nos duele y lo decimos, y luego intentamos paliar todo lo que podemos esa realidad.
-Entonces, hacen falta más recursos y menos proyectos faraónicos, ¿no?
-Al final nos gustaría que se destinaran más recursos al mundo de la pobreza. Entendemos, y además lo ha dicho el Papa en lo último que ha escrito, que pensar que porque se genere mucha actividad económica eso luego llega a los pobres, eso es muy difícil. De hecho, en la mejor época económica de España de hace ya unos cuantos años, ya había en Málaga un 22% de la población por debajo del umbral de la pobreza. Los pobres han estado, están y estarán, por desgracia, si no cambia mucho la sociedad en el ámbito de los valores; y si esto no llega a las Administraciones.
-Cambiando un poco de tema, ¿cómo cree que ha afrontado el Obispado el conflicto generado en el colegio San Patricio por el trato de una menor transexual?
-No conozco a fondo el tema y es un tema muy complicado. Sé que el colegio ha mirado en todo momento, y eso me consta porque sé cómo trabajamos y conozco muy bien la Fundación Santa María de la Victoria, por el bien del menor. Siempre se ha buscado eso, independientemente de las connotaciones.
-El nuevo cardenal Fernando Sebastián tuvo recientemente unas declaraciones desafortunadas sobre la homosexualidad.
-La verdad es que no puedo opinar porque no estuve en la entrevista.
-¿Y su opinión personal sobre el tema?
-Mi opinión, lo dice el catecismo de la Iglesia y el Papa, que el Señor quiere a todo el mundo, independientemente de su condición, de su raza, especialmente a los más pobres.
-Y sobre el aborto, ahora que tenemos esa reforma pendiente, ¿cómo se pronuncia?
-En Cáritas Málaga hay un centro para ayudar a las madres que se ven obligadas a abortar por motivos económicos u otros motivos. Creo que éste es el símbolo más bonito que podemos hacer, ayudar a las madres que se ven tan desesperadas de llegar a esa situación, que sabemos que no es grata para nadie. Y luego lo que hay que querer es a todo el mundo, eso es lo que digo yo; habrá que entender, comprender y querer a todas las personas, independientemente de lo que hayan hecho en su vida.
-El Papa va en esa línea, desde luego.
-En la Iglesia siempre decimos que lo que tenemos que hacer es querer a la gente y eso nos tiene que definir. Luego en la vida nos habremos equivocado, habremos acertado, pero tenemos que querer a la gente. La postura de la Iglesia con el aborto ha sido muy clara siempre y eso no va a cambiar, porque se entiende que desde el momento de la concepción hay vida. Y yo también lo entiendo así, pero eso no quita que a una mujer que lo haya hecho, haya que quererla, comprender la situación que la llevó a eso. Y por supuesto que el Señor quiere a todo el mundo, independientemente de sus circunstancias personales.
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