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Málaga

Una fractura en el espacio-tiempo

  • El CERN ha puesto en marcha su juguetito galáctico y el mundo no se ha acabado l Los agujeros negros siguen estando en el asfalto de las Pedrizas l Pero sí se han notificado algunos efectos colaterales l Al parecer, en el túnel de la Alcazaba se ha abierto una grieta, ruidosa, a otra dimensión

FUE un anciano de rostro aguileño y traje de verano el primero en descubrirlo. Se disponía a entrar a pie en el túnel de la Alcazaba agarrado del brazo de su mujer, también elegante y distinguida, y cuando el ruido emergía como del estómago del Leviatán soltó al oído de su compañera: "Esto tiene más peligro que el laboratorio ese del fin del mundo". Y tenía razón. De hecho, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) puso en marcha el miércoles su acelerador de partículas subterráneo, donde los físicos esperan reproducir el Big Bang, y ningún agujero negro, en contra de lo que advertían algunos agoreros, se ha tragado el planeta. Los agujeros negros siguen absorbiendo el asfalto de las Pedrizas, a la entrada de Málaga. ¿Recuerdan la canción de The Beatles A day in the life? John Lennon leía en un diario la noticia de que alguien se había puesto a contar los baches de una carretera y se preguntaba cuántos baches harían falta para llenar el Royal Albert Hall. A partir de Casabermeja, tendría de sobra. Pero por lo demás, nada ha ocurrido. El Palacio de la Aduana sigue inspirando la misma tristeza, la crisis ha pasado a llamarse recesión, Salomón Castiel va a seguir de gerente del Cervantes un poco más, los pantanos mueren como moscas y el curso escolar empieza con un buen número de alumnos metidos en gallineros y otro tanto de profesores con los hijos y cónyuges a cientos de kilómetros, para que luego oigan a la Junta hablar de reunificación familiar.

No obstante, sí es cierto que se han dado algunos efectos colaterales tras la puesta en marcha del acelerador de partículas. Y a menudo bastante lejos de la frontera entre Suiza y Francia, donde se oculta el artilugio. El universo, como Tabletom, ha salido a salvo, pero no sano. En Málaga hay algunos ejemplos. El de libro, claro, y tal como intuía aquel anciano, es el mismo túnel de la Alcazaba. Algunos testigos aseguran que si se entra por un extremo, al salir por el otro se llega a una ciudad completamente distinta. Habrá que hacerles caso. Otros perjuran que el dichoso experimento ha abierto una grieta en el espacio-tiempo en el mismo interior del túnel y que cualquier peatón que lo traspase puede verse sometido a las más variadas metamorfosis: se puede regresar al exterior más viejo o más joven, más flaco o más gordo, con más capacidad para entender el Tractatus logico-philosophicus de Wittgenstein o con menos. Quienes se introducen en las entrañas del monstruo en automóvil cuentan con más posibilidades de salir como entraron, pero aún así deberían desconfiar, especialmente si les pilla algún atasco. Quienes van a pie pueden entrar por Málaga y salir por Sebastopol. Y no es de extrañar: caminando por allí dentro, entre el escándalo, los gases, los ventiladores enormes como platillos volantes y los gritos de las yolis gamberras, el tiempo pasa de manera inexorablemente lenta. Toda una vida te estaría mimando. Las ganas de llegar a la salida se multiplican a cada paso. Hubo un plan, del que nunca más se supo, que contemplaba la instalación de cabinas aislantes por las aceras. Deberían mejor repartir mascarillas de oxígeno.

Otro efecto: cada tarde, a las 19:30, en la playa de La Malagueta, la marea sube como sopa que se escapa del plato. Dura sólo unos segundos, pero pone perdidos a los bañistas que extienden las toallas en primera fila. Dicen los pescadores que el culpable es un barco que siempre atraca en el Puerto a esa hora. Pero parece que lo del CERN tiene que ver. ¿Cambiarán los polos magnéticos? ¿Se estará convirtiendo Málaga en San Sebastián? A lo mejor así ganamos el 2016.

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