Las infraestructuras que Málaga perdió con la Expo: sólo el Palacio de Ferias y Auditorio avanzan
Eran hasta 2.000 millones de euros que iban a cambiar la ciudad en cuatro años, en 2026, cuando las obras ya debían estar avanzadas, muchas se han caído por falta de financiación
No hace tanto que en Málaga seguía vivo un suelo que traía aparejada una lluvia de millones. Y nada tenía que ver con un boleto de Euromillones. Se trataba de organizar la Exposición Internacional de 2027. El planteamiento versaba sobre la ciudad sostenible. Y la ciudad de la Costa del Sol quería enseñar al mundo las bondades que esto tenía. Y rozó la oportunidad. En medio del camino se interpuso Belgrado y su propuesta de la música y los deportes. Y con ella, cerca de 2.000 millones en infraestructuras que prometían cambiar la ciudad en cuatro años.
El alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, defendía como una virtud el poco gasto que necesitaba la ciudad: las grandes infraestructuras (aeropuerto, estación de trenes, hoteles) ya estaban hechas. También lo veía así el Buró Internacional de Exposiciones (BIE), el órgano que debía decidir la propuesta ganadora y acabó dejando a Málaga en segundo lugar. De todas las propuestas que iban a hacerse en cuatro años, para estar listas para el 2027, ya en 2026 cuando debían estar en obras, sólo se ven avances, y a nivel de proyecto, en la ampliación del Palacio de Ferias y el Auditorio. También, aunque a nivel de anteproyectos y en busca de financiación, el Guadalmedina.
Una vez que se dijo que no al sueño de 2027, el alcalde quiso volver a intentarlo, conocedor de la inyección de millones que supone, y con el ahorro relativo de tener el proyecto ya desarrollado. Tanto desde el Gobierno como desde la Junta de Andalucía le invitaron a repensarlo y Málaga ya no tiene en sus planes volver a ser candidata. Lo cierto es que el proyecto empezó al traspiés de un Ejecutivo central que esperaba que Barcelona se presentase candidata a la Exposición Universal, lo que cerraba la puerta a Málaga. Y, pese a que fue favorita, lo cierto es que, a última hora, los serbios le dieron la vuelta.
La comitiva malagueña se dio cuenta de que habían perdido la carrera cuando en el vídeo promocional de Belgrado vieron a técnicos y empresas chinas trabajando en pro de las infraestructuras serbias. El país asiático, su poder de influencia internacional y una semana previa de cabildeo de los balcánicos que en Málaga echaron de menos por parte del Ministerio de Exteriores español. En cualquier caso, esas obras dirigidas por empresas chinas pesaron en la balanza. Y dejaron a Málaga sin las obras que anhelaba.
La primera de las infraestructuras a la que se le dijo adiós, evidentemente, era el anillo gigante que iba a presidir las 25 hectáreas que vendrían a acoger el evento. Se destinaba casi la mitad de la inversión total: cerca de 930 millones según el propio Plan Maestro de la candidatura malagueña.
El alcalde intentó impulsarlo, con la idea de hacer un polo para empresas innovadoras. Estaba pensado ya, en parte, para ese fin y también para ser reutilizado como parte del Consorcio de Transporte Metropolitano de Málaga (CTM). Es más, este último debe ser el que se beneficie de la infraestructura que se haga en esos suelos, en base a un convenio que firmaron Ayuntamiento y Junta de Andalucía. Pese al intento de De la Torre, nada más se supo de esa propuesta para la que no hay financiación.
En Buenavista también hay 1.433 viviendas que se iban a destinar a alojar a los trabajadores de la Expo para luego reconvertirse en VPO. Si no debían estar ya cerca de terminarse para esta fecha, al menos construyéndose si se quería llegar al evento en 2027. Lo cierto es que se van a hacer, o no hay nada que indique lo contrario, pero su paso es mucho más lento del esperado. Ni siquiera están urbanizando aún los terrenos. Recientemente la Junta dio el último visto bueno a un informe necesario para poder avanzar con el proyecto de urbanización por parte del Gobierno. Con la burocracia hemos topado.
Otro de los grandes anhelos del alcalde, el Plan Litoral, también estaba dentro del paquete de infraestructuras que se preveían para el gran evento. En el cálculo municipal eran 436 millones de euros que el regidor sabía sería difícil encontrar financiación sin el empujón internacional. Tanto es así que del soterramiento se despidió –"alguien lo hará"– recientemente, mientras que para los intercambiadores en la estación de tren y La Marina está buscando fondos privados que le ayuden a pagarlos.
El que sí parece que toma impulso es el Auditorio. En el Plan Maestro de la Expo iba a costar 100 millones. Ya ha subido a 200 millones. El alcalde pretende empezarlo antes de las elecciones municipales. A este ritmo a la Expo no hubiera llegado, claro. Pero es que tampoco cuenta con el empujón financiero del Gobierno central. Sí que tiene ya empresas que le pongan apellido o, al menos, eso dice. Los terrenos están listos, sólo queda amarrar la financiación y licitar la obra.
Otro de los proyectos que parecían guardados en un cajón durmiendo el sueño de los justos a la espera de que alguien –véase fondos de alguna administración– lo reanime es el Guadalmedina. Ahora están impulsando los anteproyectos. Brecha abierta que antes de las elecciones comenzaron a adecentar estéticamente eliminando los graffitis y plantando árboles y enredaderas en el cauce y en el lecho. Para la Expo afirmaban que serían 200 millones los necesarios. Ya van por 299 millones con el último anteproyecto. Aunque ya han encargado uno nuevo para soterrar el tráfico hasta el Puerto. Esta es la justificación para que el Gobierno lo pague, aunque sea en parte. Aunque también será más cara.
Va más rápido, la ampliación del Palacio de Ferias y Congresos. El Ayuntamiento metió la directa después de otro evento internacional, la Comic-Con, que demostró el pasado septiembre que el espacio ya no daba para más. Aunque esto ya se veía venir. Le han dado las riendas a su padre, Ángel Asenjo, que ya ha estimado en unos 180 millones el coste de la obra. Por los 110 millones que se preveían para la Expo. En cualquier caso, cuando se termine, Málaga tendrá un espacio para ser capaz de albergar congresos multitudinarios de alto nivel.
A cero se quedan, eso sí, las infraestructuras y conexiones viarias, a las que se iba a invertir 109 millones de euros. La mitad iba a parar al vial distribuidor metropolitano oeste, 30 millones a la avenida Ortega y Gasset y otros 20 se destinan al enlace de la A-307 con la A-7. A esto hay que sumarles 39 millones más para la finalización de la Avenida Julio Cortázar.
Una de las obras más baratas, y demandadas en el PTA, era la que llevaba un apeadero de Cercanías a La Corchera. Con esto acercaban la línea C-2 al recinto. Sólo costaba 5 millones de euros, pero se descartó con la pérdida de la Expo. No es la única propuesta que podría revitalizar la línea. También vendría a suplir esta ampliación una lanzadera entre la estación de Campanillas y el propio PTA. O la que puso sobre la mesa Diputación, cuyo presidente, Francisco Salado, afirmó que si aumentaban las frecuencias pondría un aparcamiento disuasorio junto a la estación de Aljaima.
En cualquier caso, la Expo casi dibujaba una nueva ciudad, una segunda transformación en sólo cuatro años, que se perdió en pos de Belgrado. Algo similar a lo que podría haber sucedido con el Mundial de fútbol y la nueva Rosaleda. Que ahora está buscando un cauce mucho más lento. Una más de esa Málaga que podría haber sido.
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