ÁLVARO VILLALOBOS. SACERDOTE MALAGUEÑO EN ROMA

"Para llegar a ser santo hay que esforzarse en mejorar cada día"

  • Compagina su doctorado en Teología con la labor en los procesos de canonización

  • Defiende que "está en juego un bien de la Iglesia" en los casos de pederastia

El sacerdote Álvaro Villalobos trabaja en Roma con la fase vaticana de canonización sacerdotal. El sacerdote Álvaro Villalobos trabaja en Roma con la fase vaticana de canonización sacerdotal.

El sacerdote Álvaro Villalobos trabaja en Roma con la fase vaticana de canonización sacerdotal. / j. l. p.

-de Málaga a Roma, centro de la Iglesia católica... ¿cómo llega allí?

-Estoy estudiando allí. Soy sacerdote de la prelatura del Opus Dei. Nuestra sede central está en Roma aunque trabajemos en todo el mundo. Allí está nuestro seminario y una vez ordenado sacerdote en 2012 me pidieron que me quedase un poco más porque están abiertos los procesos de beatificación de algunos de nuestros sacerdotes. Estoy preparando mi doctorado en Teología y trabajo en una iglesia celebrando misas y confesando, además de ser capellán de una asociación juvenil con la que me divierto mucho. Trabajar con ellos me entusiasma, tienen muchos proyectos e ilusiones. En un año acabaré la tesis y el Opus Dei está pidiendo que vaya a trabajar a Angola y Vietnam.

-Con la cercanía de la beatificación de Tiburcio Arnáiz y el proceso de Gálvez Ginachero, Málaga vive un momento especial para la fe. ¿Cómo asciende una persona a los altares?

-Lo primero que se debe conocer es si una persona ha vivido como un santo. Eso significa que ha dejado huella en muchas personas: se ha dado a Dios y a los demás, pensaba poco en sí misma y ha dejado huella en muchas personas. Cuando alguien fallece, se empiezan a saber más detalles que antes nadie había compartido. Dentro del ámbito de la Iglesia muchas personas empiezan a pedir que interceda por ellos ante Dios. Ese proceso tiene dos partes: una en la diócesis y otra en Roma. La primera compete al Obispo donde ha fallecido la persona. Éste elige a un tribunal que cita a testigos que le conocieron. Se recogen todos los testimonios y documentos de la vida de esa persona. Con ello se forman miles de actas de páginas, en Roma he encontrado algunos con 23 volúmenes. Todo se manda a la Congregación de la Causa de los Santos donde los expertos estudian estos documentos. Primero lo ven teólogos, luego obispos y cardenales y finalmente el Papa. Pero sólo con su visto bueno no basta, debe existir un milagro que pruebe que ha sido llamado por Dios. ¿Por qué hace la Iglesia este proceso? Porque es un modelo reciente de imitación de Cristo en el que nos podemos ver reflejados. Todos tenemos problemas y dificultades, y la forma de imitar a Jesús es seguir a los santos. Tuvieron una vida que pudo ser muy sacrificada, pero era gente muy feliz.

-¿Cómo descubrió su vocación?

-Por suerte tengo unos padres muy buenos, se han esforzado y lo siguen haciendo y han sabido enseñarme con su ejemplo. Cuando íbamos a misa y rezábamos, veía a mis padres tan contentos que ya desde pequeño quería esa alegría para mí. Estudiando Derecho en la Universidad me planteé si Dios me pedía que fuese sacerdote, podía darme también a los demás. Me sugirieron que acabase la carrera y me ofrecieron prepararme Teología en Roma. Ahora estoy muy agradecido y puedo hacer cosas también por los demás. Si lo vemos como una profesión es de las mejores que hay, no por el sueldo, sino porque es muy satisfactoria.

-¿Existen hoy personas que puedan aspirar a la santidad? ¿La sociedad lo permite?

-Quizás pensemos que un santo es una persona con capacidades especiales, que hay casos, pero la mayoría son personas muy normales que se esfuerzan por seguir a Jesús. Rezan mucho, aman a Dios e intentan vivir cerca de Él y darse a los demás. Lo pienso cada día cuando doy misa. Si Dios ha dado su vida por nosotros, yo debo hacer lo mismo. El Papa, con la exhortación Gaudete et Exultate habla de la santidad en la calle. Para ser santo hay que acercarse a Dios, pedirle su ayuda y esforzarse cada día en hacer lo mejor.

-¿Entiende que puede existir una religión a la carta?

-Hay que distinguir dos cosas: todos buscamos la verdad y el bien. Tenemos que pensar y juzgar, con espíritu crítico, debemos reflexionar lo que Dios nos ha dicho. No hay una religión a la carta. Si Dios lo ha hecho todo con amor y quiere sacar de nosotros lo mejor, Él sabe más que nosotros y nos va a llevar por un camino con circunstancias que nos pueden ayudar en el futuro. Dios tiene otra lógica distinta de la nuestra, es la lógica del amor y la entrega por nosotros.

Trabajo mucho con jóvenes y adolescentes, y actualmente están muy bombardeados por un ambiente de que la sexualidad es un producto de consumo. No se dan cuenta de que, si no se aprende a ordenar la vida sexual, no vas a saber amar después a una mujer o un hombre, no van a saber ser fieles. Así vas a ser más feliz para amar, no vas a tener el corazón partido en partes para muchas personas.

-¿Hace falta que los sacerdotes estén más al servicio?

-Al haber menos sacerdotes tenemos más tareas. A veces, sin darnos cuenta, nos preocupamos por todo lo que tenemos que hacer cada día. Primero debemos darnos a Dios, que nos lo devuelve con creces. Luego toca darse a las personas. Es verdad que debemos esforzarnos más en esta tarea, y el Papa trabaja en esa línea. Al final se convierte en una vida llena, siempre que nos interesemos en el prójimo. El Papa nos está animando a que salgamos fuera y compartamos.

-¿Qué papel juegan tanto los religiosos como las familias en el proceso de fe de una persona?

-El papel de los padres y el entorno familiar hasta la mayoría de edad es fundamental. Se transmite sobre todo con la vida y el esfuerzo. Los padres necesitan a su vez la ayuda de todos los demás, desde otros familiares a sacerdotes y el colegio. A mí me ayudaron muchos sacerdotes simplemente con su ejemplo. Siendo pequeño hacíamos campamentos en la Sierra de Cazorla. Don José María, un sacerdote mayor que durante el año era capellán de un hospital, al acabar la eucaristía en los campamentos, a pesar de su edad, cogía un reclinatorio y se arrodillaba entonando una oración. Notabas que se lo decía con sinceridad a Dios. Otra vez, en misa en San Gabriel, mi madre me dijo en la cola para la comunión que bien podías fijarte en las personas o prepararte para recibir a Jesús. Desde entonces lo he hecho siempre.

-Con los últimos casos de pederastia en Estados Unidos y de pornografía infantil en Málaga, ¿qué mensaje debe dar la Iglesia ante estas situaciones?

-Nos da mucha pena y dolor. El día 20 de agosto el Papa escribió una carta diciendo que si un miembro de la Iglesia sufre, nosotros también con él. Tenemos que ver a Jesús en la víctima. Son cosas que no deberían pasar y mucho menos en un sitio donde se esperan bondades de la gente. Como ha dicho el Papa, la Iglesia está cambiando y va a tratar de que no ocurra nunca más. En el Opus Dei atendemos a mujeres y niños en los confesionarios desde hace tiempo, tanto para preservar su anonimato e intimidad como para que sea en un lugar donde pueda pasar más gente. Todo lo que hagamos para que no existan sombras o dudas es poco. Está en juego un bien de la Iglesia. Con esta medida se respeta más a la persona, y hay que valorar más la dignidad del hombre y la mujer.

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