Economía

El escudo económico de Málaga ante el coronavirus

  • La gran ventaja competitiva de Málaga es que su clima seguirá atrayendo a millones de turistas

  • Es fuerte en la industria agroalimentaria y gana enteros en el segmento tecnológico

Interior de la fábrica cárnica malagueña Famadesa

Interior de la fábrica cárnica malagueña Famadesa / Javier Albiñana (Málaga)

Vivimos en un mundo globalizado para lo bueno y para lo malo. Es muy cómodo adquirir productos tecnológicos baratos importados directamente de China desde el teléfono móvil, comprar piñas de Costa Rica, traer gas de Argelia o ver películas de la plataforma estadounidense Netflix. La globalización favorece la competencia y obliga a las empresas locales a estar más despiertas si no quieren verse engullidas. Pero también provoca que cualquier conflicto en cualquier país del mundo pueda ser un problema. Basta recordar, por ejemplo, el serio revés que sufrió la fábrica de Fujitsu en Málaga por el tsunami y posterior accidente nuclear en la central nuclear de Fukushima en Japón en 2011. Un golpe de estado, un terremoto, una quiebra de un banco o un volcán en erupción a miles de kilómetros puede provocar y, de hecho ha provocado, despidos en Málaga. Ahora estamos hablando de una pandemia, el peor de los escenarios en décadas.

La economía malagueña ni puede ni debe escapar de la globalización. Vive del turismo, principalmente extranjero, y las importaciones de productos suelen superar a las exportaciones porque hay una gran demanda. No obstante, Málaga también tiene su pequeño escudo, es decir, sus fortalezas que le hacen poder sobrevivir cuando se cortan o se debilitan los lazos con el exterior. Se es más pujante en unos segmentos que en otros, aunque hay buenos mimbres.

Agricultura

Los agricultores y ganaderos malagueños producen de todo de forma autóctona: fruta, pollo, cerdo, hortalizas, leche, frutos secos, productos subtropicales, aceite... El sector agrario malagueño facturó el año pasado 733 millones de euros de los cuales 613 millones correspondieron a la agricultura y 119 millones a la ganadería, según el informe que presentó la patronal agraria Asaja.

El olivar es el gran protagonista con 130.000 hectáreas cultivadas y una facturación de 224 millones de euros en 2019. El Valle del Guadalhorce encabeza la producción de cítricos, con una facturación de 51 millones de euros, aunque se está viendo duramente castigado por las importaciones europeas de Sudáfrica o Egipto. Es un sin sentido, pero es el pan nuestro de cada día. Europa compra productos agroalimentarios a países de fuera de la UE aunque eso suponga castigar al agricultor europeo al que luego tiene que darle ayudas para poder sobrevivir. El precio del mercado manda, pues la calidad suele ser mayor en los agricultores locales ya que tienen más controles sanitarios y se reduce el tiempo de desplazamiento en la distribución, evitando así numerosos días en neveras.

Un empleado en la fábrica de Dcoop en Antequera Un empleado en la fábrica de Dcoop en Antequera

Un empleado en la fábrica de Dcoop en Antequera / Javier Albiñana (Málaga)

Esta provincia tiene una amplia capacidad de producción, pero la demanda del mercado local es aún mayor, ya que estamos en una provincia con 1,6 millones de habitantes censados a los que hay que sumarles los 13 millones de turistas que llegaron el año pasado. 

Málaga ha conseguido crear una sólida industria agroalimentaria con firmas de la talla de Dcoop -líder mundial en producción de aceite de oliva virgen-; Trops y Montosa, que están llevando el aguacate y sus derivados a medio mundo; Hutesa que exporta sus aceitunas envasadas a más de medio centenar de países; o Famadesa y Facssa que son dos gigantes del sector porcino en España y que también tienen entre sus clientes a personas de numerosos estados. La industria agroalimentaria es una de las que más posibilidades de futuro ofrece a esta provincia y un hierro importante dentro de ese escudo que intenta proteger a la economía local.

Industria

La industria es el mayor déficit en las cuentas provinciales. Está tirando, como se ha comentado, la agroalimentaria, pero el resto del sector tiene poco peso y en muchas ocasiones ni siquiera es local, sino que son sedes de firmas extranjeras. Cabe aquí traer a colación de nuevo el caso de Fujitsu que, si bien lleva 40 años implantada en Málaga y es un referente en la fabricación de cajeros automáticos o de dispositivos para automóviles, es propiedad de una empresa japonesa.

Hay, no obstante, algunas locomotoras, siendo la principal Mayoral, una industria textil para niños que vende sus prendas en medio mundo desde hace más de medio siglo y que aguanta la presión de las mega multinacionales incrementando anualmente su facturación e incluso sus infraestructuras al ampliar su producción a la antigua fábrica de Intelhorce. También resisten como pueden, dentro de sus capacidades, firmas malagueñas de fabricación de ascensores como Embarba o GeXXI. Dentro del Parque Tecnológico hay enseñas punteras como Premo, especializada en la fabricación de dispositivos para automóviles y que cuenta con varias fábricas en Asia para abaratar el coste de producción. Financiera y Minera es otro de los pivotes de la industria malagueña al fabricar cemento en La Araña desde hace más de un siglo, aunque su propietario es una multinacional alemana.

Rafael Domínguez de Gor es el fundador de Mayoral. Rafael Domínguez de Gor es el fundador de Mayoral.

Rafael Domínguez de Gor es el fundador de Mayoral.

Una industria suele generar miles de empleos, lo que puede suponer una ventaja o una desventaja. Se aprecia claramente en la industria de la automoción, donde hay localidades que viven prácticamente de los centros de fabricación de las firmas automovilísticas: Almussafes (Valencia) con Ford, Figueruelas (Zaragoza) y Vigo con PSA (Opel) o Martorell (Barcelona) con Volkswagen. Es un empleo estable, hasta que deja de serlo por motivos de deslocalización o la pandemia actual. Málaga tiene el hándicap de no poseer grandes industrias de la que dependan miles de empleos, pero en momentos como este podría considerarse una pequeña ventaja.

Servicios

La economía malagueña siempre tiene el mismo debate: ¿es el turismo una industria? No lo es en el sentido de que, siguiendo la metodología clásica, no se fabrica un producto en un espacio concreto sino que se presta un servicio hotelero, hostelero o de ocio a cualquier viajero que venga a disfrutar unos días del clima y de la oferta de Málaga y el resto de la Costa del Sol. Sin embargo, en un enfoque menos literal, también es cierto que emplea a miles de personas y que se hacen grandes inversiones en la construcción y modernización de las plantas hoteleras o restaurantes. El gran escudo económico de Málaga es que el sol no se puede deslocalizar. La Costa del Sol va a seguir teniendo uno de los mejores climas del mundo y va a seguir atrayendo a millones de turistas cada año salvo que estalle un meteorito, se multiplique el cambio climático o cualquier otra circunstancia que acabe con este planeta, que visto lo visto ya nadie pone la mano en el fuego por nada.

Turistas en Málaga capital. Turistas en Málaga capital.

Turistas en Málaga capital. / Javier Albiñana (Málaga)

El 80% del PIB malagueño depende del sector servicios con el turismo a la cabeza. Hay dos aspectos a mejorar. El primero es que, pese a ser los anfitriones, el negocio se lo están llevando empresas de otras partes de España y del mundo, es decir, apenas hay cadenas hoteleras locales con cierto peso: Fuerte Hoteles, MS, Soho y poco más. Si piensa en los nombres de los hoteles instalados en Málaga capital y en la costa, la mayoría pertenecen a grandes cadenas foráneas. Generan, lógicamente, empleo local. Pero el dueño, mayoritariamente, no es ni malagueño ni andaluz.

El segundo es que hay una gran dependencia del turismo extranjero. Es positivo porque permite diversificar mercados y no depender solo del nacional, algo que se ha podido comprobar en la pasada crisis ya que ha sido el turismo extranjero el que ha salvado al sector porque el español estaba en bancarrota. Sin embargo, el sector turístico malagueño puede sufrir mucho este verano porque se desconoce cómo va a ser la proliferación del coronavirus en otros países y cuándo podrán entrar turistas de forma segura a España y a Málaga. Reino Unido es el principal cliente turístico de la Costa del Sol y su lucha contra el coronavirus está en pleno auge, llegando a contagiarse el propio primer ministro Boris Johnson que menospreciaba la enfermedad hace apenas unas semanas.

El turismo es el termómetro de la economía malagueña. Si va bien, crecemos, y si va mal toca números rojos. Pero Málaga también tiene entre sus filas a otras empresas de servicios que son líderes en sus respectivos segmentos. Acotral en el transporte de mercancías, Primor en la distribución de productos de perfumería o parafarmacia, o Tiendanimal en el mercado de las mascotas tiene facturaciones altísimas y sus sedes centrales están en Málaga, si bien esta última ha sido adquirida recientemente por una multinacional.

Una mujer saca dinero en un cajero de Unicaja Banco. Una mujer saca dinero en un cajero de Unicaja Banco.

Una mujer saca dinero en un cajero de Unicaja Banco.

La revolución tecnológica y de internet han permitido la creación en Málaga de dos empresas que son puntas de lanza a escala mundial en sus respectivos sectores. Son Freepik, en el diseño gráfico, y Besoccer, en el mundo de los resultados deportivos. Su crecimiento en empleo y facturación está siendo exponencial, lo que anima a otros jóvenes emprendedores a poner en marcha sus proyectos. Hay centenares de startups, incubadas o por libre, que tienen potencial y que pueden dar un giro de tuerca a la economía local.

Por otra parte, dentro del sector servicios está el financiero y Malaga cuenta con la fortuna de albergar la sede central de Unicaja Banco, el séptimo mayor banco del país con un activo total de 56.708 millones de euros y un beneficio neto de 172 millones de euros en diciembre de 2019.

Construcción

La Costa del Sol es un destino privilegiado desde el punto de vista climático y eso atrae a millones de personas que, por motivos turísticos o laborales, necesitan una vivienda para vivir. La construcción ha sido tradicionalmente un sector potente en Málaga, aunque funciona con dientes de sierra. Ha pasado por momentos de burbuja -como en el inicio del milenio- y de graves crisis como en 1993 o en la anterior década.

La crisis se llevó por delante a numerosas empresas locales, la mayoría gigantes con pies de barro como fue el caso de Aifos o, más recientemente, Vera. Sí han conseguido mantenerse a flote firmas como Sando, Myramar o Edipsa gracias a la diversificación de sus carteras. El futuro es incierto ya que el número de viviendas visadas sigue siendo bajo para la demanda estimada y su comportamiento está siendo inestable. La crisis provocada por el coronavirus no ayudará en nada por las implicaciones que tendrá en los sueldos de los trabajadores -hay millones de personas en Expedientes de Regulación Temporal de Empleo- y en las capacidades de financiación del sistema bancario.

Energía

El nivel de autoabastecimiento energético de la provincia de Málaga es bajo, por lo que la dependencia energética del exterior sigue por las nubes. En una provincia donde reina el sol sería lógico apostar más por la energía solar y otras fuentes renovables, pero su peso es aún reducido.

La Junta de Andalucía informó en febrero que el consumo general de energía eléctrica se incrementó un 2,2% en Málaga en 2018, mientras que el de productos petrolíferos lo hizo en un 2,6% y el de gas natural un 3,9%. Málaga tiene una veintena de parques eólicos, mientras que la importancia de otros segmentos renovables es menor siendo una clara asignatura pendiente.

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