Esperanza Solano, la pasajera malagueña que se bajó del Iryo diez minutos antes del accidente en Adamuz

Natural de Alhaurín el Grande, viajaba en el vagón cinco y finalizó su trayecto en Córdoba capital, donde reside actualmente por motivos laborales

Jesús Saldaña, el cardiólogo malagueño desaparecido, entre los fallecidos del accidente

Esperanza Solano, la joven malagueña que viajaba en el Iryo. / M. H.

Diez minutos. Es el tiempo que discurrió desde que Esperanza Solano, natural de Alhaurín el Grande, abandonase el Iryo en la estación de Córdoba Julio Anguita hasta que el convoy descarriló en Adamuz. Su tren, que se dirigía a Madrid, colisionó con un Alvia que hacía el trayecto inverso en dirección a Huelva. Un accidente ferroviario que, ha causado más de 40 víctimas mortales. Viajaba en el vagón cinco, en la fila 16, a escasos metros del sexto coche, el primero que se salió de la vía. Incluso, confiesa, al estar a la cola del vagón, se bajó en la estación por la puerta del seis’. ‘‘Cuando me enteré de lo ocurrido quedé en shock y pensé la suerte que había tenido’’, suspira.

Solano recibió la noticia cuando llegó a casa y deshacía la maleta: ‘‘Hablando con mi pareja por teléfono escuché una voz de mi suegra preguntando si había llegado’’. Pensó que, como siempre, solo querían confirmar que ya estaba en casa. Sin embargo, segundos después, comenzó a recibir notificaciones del siniestro. ‘‘Mi suegra estaba viendo la televisión en el momento de la llamada, saltó la noticia y por eso preguntó’’, relata.

En un primer momento, no creyó que el tren accidentado fuese en el que ella había viajado escasos minutos antes. Tampoco ubicaba Adamuz, por lo que desconocía en qué punto del mapa se situaba. Aunque, asume, que fue ‘‘algo ilógico’’ ese pensamiento. ‘‘Había salido a la hora misma que el mío y, aparte del Iryo, en Málaga solo había, si no recuerdo mal, dos trenes de Renfe y un Cercanías’’, apunta. Por tanto, terminó de confirmar que el convoy que descarriló era el suyo.

Aquella noche, admite, no pudo dormir porque los pensamientos rondaban su cabeza durante el poco tiempo que descansó. ‘‘Fatal, me despertaba a cada instante’’, señala. También, estuvo gran parte de la madrugada pendiente de las últimas actualizaciones del siniestro. ‘‘Es que podría haber pasado diez minutos antes y habría estado yo dentro’’, dice, sin quitar importancia a la grave situación de la que se salvó y que, por desgracia, otros si sufrieron.

La joven alhaurina ejerce como trabajadora social en el Ayuntamiento de Córdoba desde el pasado mes de noviembre de 2025. Cada fin de semana, excepto en dos ocasiones, ha utilizado el tren de alta velocidad como medio de transporte. ‘‘Es algo habitual ya en mí coger un tren los viernes para regresar a Alhaurín y otro los domingos para volver a Córdoba’’, narra. Es un trayecto de 50 minutos, algo más si realiza una parada en Antequera o Puente Genil, y ofrece más soluciones que circular en autobús o blablacar, precisa Solano. En ninguno de los trayectos que realizó semanas anteriores percibió desperfectos en las vías, ni vibraciones que le alertasen: ‘‘Al final, no entiendo de trenes, pero cuando noto algún bache, lo normalizo. Piensas que es común’’.

Ahora, relata que las próximas veces que vuelva a Málaga lo hará asustada, pero no le queda otra, tiene que cogerlo por necesidad. ‘‘Es un medio de transporte que, primero, se entiende como seguro y, segundo, estás en otra ciudad en 50 minutos, cosa que no te da el coche’’, precisa. Como reflexión, anima a disfrutar de la vida y a dar abrazos siempre que se pueda. ‘

‘Al estar sola, después de todo lo que pasó, habría necesitado ese abrazo’’, confiesa. Por ello, no puede imaginar el sufrimiento de cada uno de los familiares y allegados de las víctimas mortales que ha dejado el trágico accidente ferroviario. ‘‘Ojalá, no hayan tardado mucho en recibir ese abrazo’’, remata.

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