Malagueños atrapados en Dubái tras la guerra con Irán: “Vimos explosiones y llamamos a nuestra familia para despedirnos”

Ana María Blanco, vecina de Benalmádena, regresaba de Maldivas cuando les informaron de que el aeropuerto cerraba porque habían cancelado todos los vuelos

Qatar Airways cancela de forma temporal sus vuelos entre Málaga y Doha por la guerra en el Golfo Pérsico

Una de las instantáneas que la malagueña Ana Blanco tomó / M. G.

Lo que comenzó como el regreso a casa tras una semana de vacaciones en Maldivas terminó en una madrugada de pánico para un grupo de siete malagueños atrapados en Emiratos Árabes Unidos tras el cierre del espacio aéreo por los bombardeos en Irán. El momento que marcó un antes y un después llegó ya en el hotel, después de horas de incertidumbre en el aeropuerto. Lo relata a este periódico con la voz aún entrecortada Ana María Blanco, vecina de Benalmádena: “Empezamos a ver explosiones. Ahí sufrimos ataques de ansiedad y llamamos a nuestros familiares para despedirnos”. Hasta entonces, la tensión había sido contenida. Habían salido del país insular soberano, al suroeste de la India, rumbo a la Costa del Sol con escala en Sharjah. “Llegamos al aeropuerto porque teníamos un vuelo de enlace a Milán y después a Málaga. De repente empezaron a decir por los altavoces que el aeropuerto cerraba porque habían cancelado todos los vuelos por guerra”, recuerda en declaraciones a este periódico.

Primero incredulidad. Después, miedo. “Unos nos reíamos, otros nos poníamos nerviosos”, afirma. La situación se agravó cuando el personal de seguridad les instó a abandonar la terminal: “Veíamos que nos sacaban a todos los extranjeros. Estábamos un poco asustados. Sentíamos miedo y estrés”.

Fuera del aeródromo, más de mil personas se acumulaban esperando transporte. “Ya éramos 2.000 personas. Ahí fue lo peor. La gente estaba apelotonada”. Entre los perjudicados viajaba una niña de 8 años recién cumplidos. “No nos queríamos separar. Intentamos subir los siete juntos al autobús. Íbamos todos a una”. Después de unas cuatro horas lograron llegar al hotel. Pensaron que allí podrían descansar y recomponerse. Pero la madrugada cambió todo y se afanaron en despedirse de sus familiares.

Las instrucciones del Consulado, sostiene, fueron escuetas: “Nos decían solo que nos separáramos de las ventanas, que mandáramos a través de WhatsApp nuestros nombres y número de teléfono, que siguiéramos redes sociales de la embajada y Asuntos Exteriores. Pero no sabíamos si estábamos seguros o no. La falta de información es lo que más preocupados nos tiene”.

A día de hoy, el grupo permanece a la espera de novedades. “Ahora no sabemos qué hacer. Estamos más tranquilos, más despejados, pensamos más”. Entre los afectados intentan organizarse. “Los españoles queremos unirnos en una página de Facebook. Aquí nos llegan noticias de familiares. Pero aquí somos miles de personas a las que nos ha pillado en tránsito en una ciudad o en otra”.

La escena en el hotel es de calma contenida. “Aquí se vive con tranquilidad, dentro de la tensión que hay”, señalan. Pero la incertidumbre pesa más que el estruendo lejano. Para Ana María, lo más duro no fue solo escuchar o ver las explosiones, sino desconocer qué iba a ocurrir después. “No saber si estamos seguros o no es lo que más nos preocupa”.

Otros españoles retenidos en la zona comparten esa mezcla de miedo e incredulidad: “Han atacado aviones… o sea que yo no me monto ni loca en un vuelo con la situación de ahora”.

Frente al pánico, también surgen voces que intentan serenarse: “Si no hay espacio aéreo es por seguridad, pensémoslo, es por nuestra seguridad”. Otro viajero reflexiona: “No sería el primer avión civil impactado en un conflicto; estadísticamente estás mucho más seguro en tu hotel”.

Creen que permanecer en tierra ahora es la opción más segura

“Al final aquí hay más seguridad que montarte en un avión y que lo ataquen…”, apunta también un español, convencido de que, pese a la tensión, permanecer en tierra es la opción más segura mientras el espacio aéreo siga clausurado. Según su testimonio, “todos los países, incluido España, están diseñando planes para repatriar”.

Mientras esperan poder retomar el viaje de vuelta a Málaga, los afectados permanecen unidos, aferrados a la consigna que repitieron frente al autobús en medio del caos: no separarse y volver juntos.

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