15 aniversario Málaga Hoy | Economía Una montaña rusa para la economía de Málaga

  • En estos 15 años ha pasado de todo en la economía malagueña. Desde la locura inmobiliaria hasta una de las peores crisis

Centenares de personas pasean por el puerto de Málaga Centenares de personas pasean por el puerto de Málaga

Centenares de personas pasean por el puerto de Málaga / Javier Albiñana (Málaga)

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En estos últimos 15 años se han vivido situaciones realmente esperpénticas en la economía malagueña. De la falsa riqueza y la locura colectiva en la adquisición de viviendas a mediados de la década pasada a la peor crisis desde la Guerra Civil española, con tasas de paro cercanas al 40% y miles de empresas desaparecidas en combate. Málaga, como el resto del país, se instaló en una montaña rusa. Se llegó a lo más alto en 2007 tras continuas escaladas y se cayó en picado entre 2008 y 2014, mientras que ahora van seis años de trayecto llano en el que se intenta recuperar la estabilidad.

La construcción, cuyo auge irradió al resto de sectores productivos y generó mucho empleo durante cuatro años, se desplomó y se han necesitaron más de ocho años de duras reformas, de miles de parados y hasta de la desaparición por absorción de decenas de entidades financieras. Entre 2004 y 2006 se visaron en la provincia de Málaga más de 40.000 viviendas al año y se vendía todo sobre plano. Era tal la demanda que el precio subía constantemente y la diferencia entre adquirir un inmueble de una misma promoción en febrero o en julio podía ser tranquilamente de 20.000 euros. Entre el tercer trimestre de 2005 y el segundo de 2009, ya en crisis, el precio medio del metro cuadrado en Málaga no bajó de los 2.000 euros, llegando a alcanzar su cima en el primer trimestre de 2008 con 2.348 euros, según los datos del Ministerio de Fomento. Los malagueños no ganaban más porque su sueldo seguía prácticamente igual y era de los más bajos de España y, por supuesto, de Europa, pero los bancos financiaban no solo el 100% de la vivienda nueva sino hasta los muebles y el coche. No tenía sentido, pero buena parte de la población fue todos a una como Fuenteovejuna, pensando que la vivienda era un patrimonio seguro que nunca disminuiría su precio. Y reventó con virulencia. Cerraron empresas, miles de malagueños se quedaron en el paro y no podían pagar las hipotecas, se disparó la morosidad y muchos bancos quebraron, activándose fusiones y ayudas económicas públicas multimillonarias que posiblemente nunca se recuperarán.

Los promotores que sobrevivieron al tsunami tenían los barcos tan destrozados que desde 2010 apenas levantan cabeza. En 2014, por ejemplo, solo se visaron 798 viviendas en la provincia y en 2018 se han proyectado cerca de 8.000, un volumen insuficiente para la demanda de una provincia como la malagueña que siempre se ha caracterizado por su dinamismo económico y por tener un saldo migratorio, tanto exterior como interior, positivo. El año pasado se vendieron más de 30.000 casas en Málaga, la inmensa mayoría de segunda mano, lo que demuestra que la economía vuelve a respirar. De hecho, las grúas vuelven a estar a la orden del día y hay numerosas construcciones de urbanizaciones tanto en varios puntos de Málaga capital como a lo largo de la costa, principalmente la occidental. En la capital hay incluso dos proyectos de viviendas de gran lujo en la zona de la Térmica.

Han sido años muy buenos y muy malos, con crecimientos del PIB del 3,6% en 2006 y desplomes del 4,2% en 2009. Málaga lleva unos años recuperándose, con incrementos del PIB en torno al 3% y, lo que es más importante, intentando retomar la confianza. No ha sido por arte de magia, sino con mucho sufrimiento laboral en las empresas supervivientes, que han recortado sus plantillas o los salarios y derechos de las mismas para ganar estabilidad y lamerse las heridas. Las encuestas sobre el futuro laboral han cambiado. Hace apenas dos años, un porcentaje alto de empleados dudaban de si serían despedidos o no en los meses siguientes y, en estos momentos, esa incertidumbre es menor. Esa confianza genera consumo; el consumo ventas; las ventas un aumento de producción y, a su vez, empleo.

Una mujer observa el escaparate de una inmobiliaria Una mujer observa el escaparate de una inmobiliaria

Una mujer observa el escaparate de una inmobiliaria / Javier Albiñana (Málaga)

Se han creado más de 30.000 empleos en el último año, la tasa de paro ha bajado del 20% y se ha alcanzado un récord de afiliados a la Seguridad Social con más de 630.000. El sistema resucita, aunque otra cosa es la medicina empleada. Contratos temporales, gran tasa de paro juvenil, brecha salarial entre mujeres y hombres, escasa política de conciliación laboral y familiar, salarios bajos y, por tanto, cotizaciones reducidas... Los expertos tienen claro que con el sistema actual va a ser difícil que se puedan pagar pensiones dentro de 30 años.

Lo que sí seguirá igual dentro de 30 años, si no hay un cataclismo inesperado o una pésima gestión de los recursos, es el magnífico clima de la Costa del Sol y el tirón de esta zona como destino turístico. El turismo, al que muchas veces no se le presta la atención que se merece por ser algo con lo que siempre se cuenta, ha sido el salvavidas que ha permitido que la economía malagueña no se descosiera completamente en estos últimos años de crisis. De hecho, a diferencia del sector inmobiliario, el turismo ha crecido de forma constante y está batiendo récords año tras año. En 2004, cuando el boom estaba arrancando con fuerza, llegaron a la Costa del Sol 8,5 millones de turistas que hicieron 15 millones de pernoctaciones y desembolsaron 3.473 millones de euros, según los datos del entonces Patronato de Turismo de la Costa del Sol. En 2018, según este mismo organismo, Málaga captó a 12,5 millones de turistas y el impacto económico fue de 14.200 millones de euros.

El turismo ha sido y es un eje transformador para toda la provincia y para la capital. Tanto que incluso está provocando problemas colaterales como el alquiler de viviendas en zonas como el Centro de Málaga. La proliferación de plataformas de alquiler de viviendas turísticas en internet como Airbnb ha abierto una caja de Pandora que ahora nadie sabe bien como cerrar, pues miles de propietarios de inmuebles en zonas apetecibles para los turistas están prefiriendo arrendar sus casas a los viajeros que a los residentes de larga temporada porque le sacan una mayor rentabilidad. Hasta a un sector tradicional como el hotelero le están temblando los cimientos con este tipo de viviendas.

A lo largo de estos 15 años hemos narrado miles de historias empresariales, estadísticas, informes... Pero quedan miles de retos por delante gracias a las nuevas tecnologías. En los próximos años veremos coches sin conductor, avances genéticos sin precedentes, inteligencia artificial aplicada a numerosos recursos... Se abrirán nichos de mercado que ahora ni siquiera se conocen y las empresas malagueñas deben estar preparadas para no quedarse en fuera de juego.

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