Las mujeres artistas de Málaga no son “una niña mona que pone la cara y tres frases en las canciones”

El 85% de los 'singles' de las listas musicales de referencia son de hombres y, a ojos de ellas, "si la música no es una competición, ¿por qué estamos en una categoría diferente?"

Mujeres malagueñas que cambiaron la historia: un homenaje por el 8M

Estudio de grabación musical / M. H.

Ser mujer, polifacética, disidente y local puede parecer una definición muy concreta, pero es la realidad de muchas cantantes de Málaga. Ellas no son solo artistas, preparan su propio estilismo, dirigen sus videoclips, se exponen en redes para promocionar su arte y cargan con el equipo de sonido con el que escriben y producen sus canciones. Todo esto para que al llegar a una sala no se las tenga en cuenta.

“A la gente le encanta explicar lo que tienes que hacer todo el rato y es agotador”, cuenta Nina Raku, cantante y compositora emergente de pop alternativo en español. La artista multidisciplinar, que estudió Bellas Artes y toca el violonchelo, la guitarra y el piano, vive esta situación a pesar de haber empezado a compartir su música desde 2024. “Que te digan cómo tienes que enchufar la guitarra es como: ‘Oye, que yo sé lo que estoy haciendo’”, argumenta. 

A Korashe le molesta que en los conciertos no la tengan en cuenta y se dirijan a Kfé, su amigo y productor que la acompaña como dj: “Me puedes dar el micro a mí, me puedes dejar que haga yo la prueba de sonido, me puedes preguntar qué cables necesitamos”. Karima, nombre real de Korashe, es una cantante que forma parte de “Los 7 inetiquetables” de Jack Daniel's, una plataforma para apoyar a artistas que van más allá de géneros tradicionales y experimentan con sus códigos, ritmos y estilos. La artista se ha llegado a acostumbrar tanto a esta situación que en uno de sus últimos bolos, cuando un técnico de sonido se le acercó para hacerle una pregunta, se quedó “bloqueada”. Ante estas situaciones, es su compañero quien le incita a coger el micro.

Esto no es un hecho aislado. A Anadie, cantante, compositora y productora que lleva siete años lanzando música, le ha llegado a pasar que tres técnicos diferentes de un mismo evento se acercaran a preguntarle cuestiones del show a su amigo, quien solo era su acompañante, antes que a ella. “El paradigma de la mujer productora no encaja en los cerebros de la gente todavía". "Cómo no, siempre la parte más emocional es la mujer y la parte más técnica es el hombre”, cuestiona Anadie.

De izquierda a derecha, las cantantes: Nina Raku, Korashe y Anadie / M. H.

Las artistas coinciden en la importancia de compartir este tipo de experiencias con su círculo para valorar su gravedad, porque “las demás lo ven igual de estúpido que tú”, aprecia Nina Raku. El aislamiento puede provocar que cada mujer piense sus condiciones como individuales y no como un “problema estructural”, como califica Más Músicas, en una industria musical donde existe una brecha salarial del 20% respecto a sus compañeros, según la Asociación de Mujeres de la Industria de la Música (MIM).

Esta mirada compartida de la “visión femenina” en base a “la experiencia vital de ser mujer” para Korashe es esencial a la hora de colaborar con otros artistas. En contraste, en estilos de música urbanos, se toma más en serio a la cantante que proyecta una presencia “masculina”. Kadriana Massri es una compositora, productora e intérprete que busca criticar al sistema patriarcal a través de la fuerza y el descaro de su personaje y música. “Lo mejor que puedes hacer es ocupar espacios: incomoda, coge las riendas y pon todas tus ideas”, cuenta Kadriana sobre su forma de trabajar con los hombres.

Anadie, que publica su música desde hace siete años, siente que las mujeres en general y en la industria musical en particular tienen “fecha de caducidad”. Para Kadriana, las mujeres nacen “con un reloj debajo del brazo que va muy rápido”. “Hace nada sentía que no tenía experiencia, ¿en qué momento todo ha cambiado tanto y es una problemática que a todas nos pasa y que muchas veces tememos hablar con tal de ocultar el tema?”, comparte Kadriana.

BadB es el pseudónimo artístico de Blanca, una cantante y bailarina con un estilo que juega con el R&B y que desarrolla su proyecto musical en Madrid. La afincada en la capital siente que la presión estética es un factor determinante, ya que “por la educación social que vivo y que comparto, siento que cuando mi atractivo se reduzca, voy a tenerlo más complicado”. Blanca cuestiona que ninguna mujer termina de desprenderse de estos juicios debido a las imposiciones que se ejercen sobre ellas desde pequeñas. 

De izquierda a derecha, las cantantes: BadB y Kadriana Massri / M. H.

El mansplaining es un tratamiento condescendiente de un hombre hacia una mujer y se da frecuentemente hacia las artistas dentro de la industria musical. Esto se acentúa al inicio de su carrera o cuando se las reduce erróneamente a “una niña mona que pone la cara y tres frases en las canciones”, como cuenta Kadriana Massri. Nina Raku señala que es muy común en el mundo artístico y de la música que los hombres “te puedan tratar con cierto paternalismo, te puedan decir qué es lo que tienes que hacer y por dónde tienes que ir”, pero también ha hecho hincapié en que “no tenemos que tener miedo de exigir, de decir qué es lo que necesitamos y que se nos respete”.

BadB, acostumbrada a lidiar con este tipo de discriminación, manifiesta su forma de gestionarlo: “Yo ya estoy tan desinhibida de ello, que cuando me pasa, me regulo para decir: ‘Venga, va, déjale vivir en su pompa un ratito y ahora le explicas tú a él’.

Las principales listas de plataformas de música como Spotify reúnen las canciones más populares según el algoritmo, de la misma manera que la radio decidía la música que sería tendencia. Sin embargo, el 85% de los artistas que pasan por Éxitos España son hombres, y solo el 15%, mujeres. La lista cuenta con tres millones de suscriptores, y estas apariciones suelen ser en forma de colaboraciones, según el estudio de Jenesaispop.

“La música no es una competición, pero precisamente si no es una competición, ¿por qué estamos en una categoría diferente? ¿Por qué estamos en una playlist diferente?”, reflexiona BadB. Las listas que solo incluyen a mujeres nacen como una iniciativa para visibilizar su trabajo. “Quiero estar agradecida porque esto antes no se hacía y voy a luchar desde aquí para que esto no pase solo un 8M”, reconoce Korashe. Anadie, por su parte, encuentra en estas compilaciones “una parte positiva porque tiene cierta relevancia”. Sin embargo, cree que “las personas que consumen esas listas sobre todo son mujeres”.

La prueba más visual de la representación de las mujeres en la industria musical son los carteles de los festivales, donde mayoritariamente los hombres encabezan los eventos. “Está en nuestras manos desde la creación y la gestión cultural cambiar eso”, resuelve Nina Raku.

BadB ha observado desde su primer trabajo artístico, la danza, que la “paridad” no es una posibilidad real debido a que “el volumen de trabajadoras es abismal en comparación al volumen de trabajadores”. Nina Raku admira cómo en Málaga se han creado redes interdisciplinares y todas las artistas se involucran en distintos proyectos. Desde su experiencia destaca que “no hay un salto tan grande entre la pintura y la música, depende de lo que tú quieras proyectar, utilizar un vehículo u otro, pero al final es todo lo mismo”.

La creación de espacios compartidos para componer y producir es el escenario ideal, sobre todo si es capaz de lograrse en la propia ciudad. Sin embargo, “para cualquier persona joven se está convirtiendo en una lucha el planteamiento de si quiera quedarte en Málaga”, comparte BadB, quien vive y desarrolla su proyecto artístico en Madrid. Anadie cuenta que sus amigos han sufrido una “diáspora”, con quienes ha “habitado los barrios, que ahora ya no tienen identidad”. La cantante también pasó por la capital, pero ha vuelto a sus raíces con el micro en la mano: “En la literatura griega los que vuelven siempre son los hombres, las mujeres siempre somos las que esperamos. Pues yo soy la que vuelvo, yo soy la que lo intenta”.

Kadriana Massri hace referencia a los home studio como opción para crear en comunidad desde lo local. En concreto, valora el espacio que proporciona Anadie porque con ella inició “la profesionalización de la producción”. Las artistas no pueden esperar a que las oportunidades emerjan solas para producir su música y, en palabras de Massri, “el hecho de que todas las mujeres que hacemos música nos sintamos esperando a que se nos llame, a que se nos pregunte, es un estado de espera que hay que erradicar por completo”.

Es por eso que iniciativas como She Sounds, un evento donde “concienciar acerca de la posición de la mujer dentro de la industria musical y hablar de problemáticas” según Kadriana, o campamentos de composición como Raw Ruido sirven para “crear con la tranquilidad de no sentirte señalada”, en base a la experiencia de Anadie.

Aunque el éxodo a la capital puede generar más oportunidades laborales, la vuelta a casa es una parada obligatoria para BadB. “Me gustaría volver algún día y crear oportunidades”, confiesa. En la ciudad, las mujeres de la industria han establecido una red de cuidados. Korashe lo demuestra: “Las tías que estamos aquí, si hace falta nos apoyamos. Yo voy a ir por el mero hecho de que te quiero apoyar. Escuche o no tu música”.

El síndrome de la impostora, un nivel de autoconfianza bajo provocado por las expectativas propias y externas, se manifiesta en muchas partes del proceso de trabajo de las artistas. Nina Raku lo ha sufrido desde que comenzó a hacer música: “¿Cómo voy a hacer yo esto si nunca va a llegar a nada o nunca voy a ser una artista importante? Y por eso tardé tanto también en sacar mis cosas”.

Componer, grabar y gestionar la producción de las canciones no es la única preocupación de las cantantes. También tienen que ser creativas en redes sociales y promocionar su proyecto, y el hecho de que todo pase por una misma persona puede ser agotador. “Yo no he venido a hacer contenido supercurrado, pero soy superválida para hacer contenido constante y no tengo por qué hacerlo perfecto”, confiesa BadB.

Esta infravaloración llega hasta el momento de hacer cuentas, como le ha ocurrido a Anadie: “Sé que mi trabajo vale mucho más de lo que cobro, pero también porque me adapto a la gente con la que curro”. Por otro lado, las “artistas pequeñitas”, como dice Nina Raku, tienden a no ponerle precio a su trabajo y a pensar: “Claro, tenemos que tener visibilidad, entonces vamos a hacerlo todo gratis”. 

La realidad es que las artistas no son las únicas que viven todo el proceso. Las amigas aparecen en los créditos de los proyectos, desde la primera escucha sincera de una canción en el coche hasta el montaje de un concierto en una sala de Málaga. Cuando se les pregunta por las personas imprescindibles de su equipo, no dudan. “Sin las amigas y las compañeras no podemos hacer absolutamente nada”, concluye Nina Raku. Esta unión no puede ser temporal para Málaga, la música y las mujeres. Korashe recoge esta creencia: “Yo lo que quiero es seguir luchando, juntarme con mis amigas, hacer cosas, seguir conociendo artistas e intentar tener cada vez a más mujeres en el equipo”.

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