"En la música hay mucha droga, pero también en la política y se dice menos"

El líder de Danza Invisible y pregonero de la próxima Feria apuesta por una cultura "divertida" que minimice el "derrotismo" ante 2016 · Le daría un tirón de orejas a éste y al anterior Gobierno por obviar una ley de la música

El músico pide una mayor apuesta de la administración pública en la cultura viva.
El músico pide una mayor apuesta de la administración pública en la cultura viva.

01 de agosto 2010 - 01:00

Asegura que no se casa con nadie, pero lleva atado a la música desde hace más de 30 años. Javier Ojeda (Málaga, 1964) habla como piensa y parece no dolerle. El año pasado fue abanderado de la Feria, este año será su pregonero y el Ayuntamiento de Málaga le acaba de editar el libro Una historia del pop malagueño. ¿Suspicacias? "Bueno, eso es muy malaguita, somos así, nos encanta criticar", asume. Lúcido y lacónico en su respuestas, cuando se trata de escribir prefiere "la mordacidad y la ironía" como armas de expresión. El líder de Danza Invisible reconoce cierta sensación de "derrotismo" en la ciudadanía ante el reto de 2016. Si por él fuera, la cultura sería obligatoriamente "divertida".

-¿Le impone más que ilusionarle pronunciar el pregón en su ciudad?

-En un principio no me hacía ilusión, ahora lo estoy asimilando. Creo que sí me hace ilusión en el fondo, aunque todavía estoy calibrando la importancia. Sé que para mis padres será lo más. No quiero quedar pretencioso pero me atrevo a decir que este año en la elección del cartel y del personaje se ha hecho una apuesta por la modernidad.

-¿Qué piensa contar?

-No lo sé aún. Lo primero que se me ocurre es que mis compañeros de Danza Invisible tienen que venir conmigo. Les he dicho que se lleven una guitarra y tocaremos algo. Por lo demás, hablaré algo de la música y los músicos malagueños.

-¿Es usted feriante?

-No soy un malagueño folclórico, ni de Semana Santa ni de Feria. Me encantan estas tradiciones, pero las veo siempre con una cierta distancia. Ten en cuenta que yo soy malagueño pero de primera generación. Mis padres son de Linares.

-¿Qué opina de quienes creen que estas fiestas tienen poco de folclore?

-Me da exactamente igual. Antes había bastante macarreo, desgraciadamente tenemos muchos macarras en Málaga. Pero en los últimos años parece que ha mejorado. Que sea una Feria muy global y no muy andaluza me da igual. Me parece una catetada estar constantemente comparando con Sevilla. Nosotros somos así y ellos de otra forma. El antisevillismo me parece un complejo de inferioridad y de un provincianismo salvaje. Málaga directamente tiene que apostar por ella misma, por su singularidad, y su singularidad es que es un poco menos andaluza, pero ¡qué más da!

-Pero se sigue dando esa pugna entre las dos ciudades...

-Sí. Yo entiendo que para un viajero y un turista Sevilla es mucho más interesante. Es una ciudad que ha guardado mucho más sus tradiciones, pero a mí me gusta de Málaga precisamente el individualismo que tiene. Por un lado, nos falta un poco de sentimiento de piña pero, por otro lado, es una ciudad sumamente respetuosa con el como tú eres. Aquí el lema es vive y deja vivir y me parece una de las grandes virtudes que tenemos.

-Cuando le dicen que su libro ha estado subvencionado, ¿qué se le pasa por el cuerpo?

-Me sienta mal. Lo primero que hice cuando tuve la idea del libro fue mover hilos para ver quién me lo iba a publicar. Un amigo me planteó que se lo propusiese a Briones [concejal de Cultura] y cuando hablé con él lo primero que le dije fue que el libro no iba a ser un tratado de nuevas generaciones del PP y que iba a haber sexo, rock, drogas y tacos. Él me dijo que confiaba en mí y que lo escribiese como quisiera. He tenido libertad diez. Si el concejal me hubiese dicho que no, a lo mejor me hubiese ido a la Diputación o a cualquier otra institución. Yo lo único que quería es que me diesen facilidades, y me las dieron. En estas cosas debemos olvidarnos de la política. Si un trabajo está bien hecho está bien hecho, lo digo por la edición.

-¿Cómo se ha sentido asomándose a un terreno que no es el suyo?

-Me han salido canas después del año y medio de estar metido en la elaboración del libro. Sin exagerar, puedo decir que ha sido uno de los momentos más bellos de mi vida. Ha sido algo excepcional aunque tenía el miedo de que la gente dijera ¿qué hace Javier hablando de sus compañeros? Porque soy crítico e intento que se me note que no me gusta un disco, aunque siempre partiendo desde el respeto .

-¿Se ha quitado un peso de encima?

-Me he quitado una espinita. Yo ya había escrito artículos para el periódico y siempre he querido ser periodista, antes que músico. Quería hacer rock y cultura. De hecho cuando entré en Danza Invisible en parte fue porque era como el aficionado que se sabía todo sobre los discos. Soy muy ratón de biblioteca pero de la contracultura.

-¿El malagueño es indolente?

-Puede ser, pero eso lo da la bondad de nuestro clima -aquí se vive muy bien- y el hachís (puedes poner esto en la entrevista sin ningún problema). Yo no soy precisamente intolerante con las drogas. Soy músico, con eso te digo todo, pero no hay cosa peor que trabajar con porretas. Es desesperante, no llegas a ningún lado. Se habla de proyectos que se quedan como la Catedral de Málaga, inacabados. Precisamente, los malagueños que destacamos más somos los que terminamos las cosas.

-¿Se ha mitificado el binomio de droga y rock&roll?

-No está exagerado, en la música hay mucha droga pero también en la política y eso se suele decir menos .

-¿Málaga trata bien a sus músicos?

-A Danza Invisible sí, al resto de los músicos, no. Especialmente ahora. Estoy preocupado y cabreado porque existe una cantera de músicos jóvenes y propuestas nuevas de muchísima calidad y hay un déficit de público tremendo. Ahora mismo los músicos de Málaga están a un nivel muchísimo más alto que el público. En gran parte está un poco idiotizado por las radiofórmulas cutres de música baratuna. Me da mucho coraje cuando la gente habla del problema de la piratería para los músicos pero ¿y la radio? A mí me gusta escuchar música de calidad en la radio y no la encuentro, te tienes que ir a un programa especializado.

-Porque en los 80 era otra cosa...

-No tenía nada que ver. De pronto en un concierto nuestro te encontrabas con los nuevos pintores, arquitectos, fotógrafos y a las exposiciones de esa gente iban los músicos. La cultura se consideraba algo muy importante. Aparte, si tu eras un músico y no sabías nada de literatura o cine, se veía mal. Sin embargo ahora es rarísimo ver a un músico culto que sepa de otras disciplinas.

-¿Y la radio contribuía?

-Había un par de programas que ponían novedades y maquetas de grupos locales, uno de ellos concretamente se llamaba Música para Grandes Ciudades y llegó a ser el tercer programa en Málaga más escuchado, después del de José María García y el de Luis del Olmo. Eso ahora es absolutamente impensable, está todo dirigido desde Madrid y la industria del disco está totalmente podrida.

-Y los músicos no son precisamente los más beneficiados...

-Y además hay un problema añadido que es la SGAE que nos está dando una mala fama a los músicos terrible. Hay mucho dinero que se va en cosas incomprensibles y que podrían gastar una campaña de lavado de imagen. A mí un día se me acercó alguien para decirme que le disculpara porque estaba en el paro y se iba a bajar mi disco de internet. Y encima me dice: 'De todas formas vosotros sacáis la pasta de las peluquerías' ¡Lo que nos faltaba a los músicos, que no cobramos por ningún lado y que encima nos llamen asaltapeluquerías! Es el colmo.

-Lo de bajarse música de internet está ya democratizado...

-Y nadie lo considera algo malo. La facilidad es la misma que en el resto de Europa, lo que pasa es que allí si hay una consciencia. Hemos llegado a una situación terminal. Como las discográficas ya no ganan dinero con los discos se dedican a cobrar dinero de los conciertos. Para colmo con la crisis los ayuntamientos cortan el grifo.

-¿Cuál sería el papel de la administración en esta lacra?

-Directamente hace falta ya una ley de la música. Puestos a hablar de política, por lo que a mí me atañe, me parece que uno de los graves errores del Gobierno de Zapatero es que ha faltado a todas y cada una de las promesas que le hizo al gremio de la música. Dijo al principio palabras muy bonitas, que nos iban a ayudar y no ha hecho nada. El Gobierno de Aznar hizo lo mismo. Nada.

-¿Ha cambiado poco desde entonces?

-Ahora por parte de los políticos locales comienza a haber un pequeño interés por estas cosas, un pequeño acercamiento a la cultura, lo que pasa es que están un poco perdidos y no saben cómo hacerlo. Pero yo soy de los que antes que criticar prefiero decir que más vale tarde que nunca. Si dejamos de criticar y nos ponemos todos a intentarlo, igual se consigue algo.

-Detrás de todo esto, ¿lo que hay es un desinterés por la música?

-Deberían darse cuenta los políticos de que la música es uno de los activos culturales más grandes que tiene la ciudad. Ahora mismo, el momento musical en Málaga es muy superior al de otras ciudades candidatas a 2016. Lo que pasa es que nos puede el derrotismo. Yo soy de los que apuesta porque la cultura sea divertida. Porque cultura también era Andy Warhol con toda su cohorte de locas, y ese cine provocador y la Edad de Oro y todas esas cosas que ahora añoramos tanto.

-Hablando de Capitalidad Cultural, ¿ve opciones en Málaga?

-El problema de los malagueños es que no nos hemos concienciado de que si Málaga fuera capital cultural nos vendría muy bien a todos. Pero no nos acabamos de creer que podemos serlo. En cuanto a tradición y nivel de los artistas sí tiene opciones, en cuanto a infraestructuras, me temo que no. Pero a mí como malagueño me encantaría. Y por sentido común, a todos los que trabajamos en la cultura y el arte nos vendría de fábula.

-¿Picasso está demasiado presente en la oferta cultural?

-Lo de Picasso es que ya huele un poco, la verdad. Todos sabemos que fue el artista más importante del siglo pasado, pero vivió en Málaga muy poco tiempo, estuvo más en París y Barcelona. Es un poco excesivo. Con el Museo Picasso, que ha sido una iniciativa fantástica, basta. Después de eso han ocurrido muchas cosas en la ciudad, la verdad.

-A pesar de los proyectos, ¿Málaga sigue viviendo de espaldas al puerto?

-Completamente. Ese es uno de los planes inconclusos de Málaga. Está la desembocadura del Guadalmedina que no hay quien la arregle; lo de los Baños del Carmen no hay manera de que salga y, por supuesto, el Plan del Puerto. ¿Cuántos planes se han hecho? Mira, yo vivo en Churriana y para acceder a mi casa hay que coger por el camino del Pilar, que una parte pertenece al Ayuntamiento de Torremolinos, otra a Churriana -por tanto del Ayuntamiento de Málaga- y otra parte a la Junta de Andalucía. No hay manera de ponerlos de acuerdo y mientras tanto sigue siendo un carril peligrosísimo.

-De nuevo la política como obstáculo...

-Yo odio el bipartidismo. En política es lo peor que puede pasar. Me encantaría que hubiese cinco o seis grandes partidos a los que poder votar. Entre otras cosas ayudaría a que hubiese menos mangoneo. Yo tengo amigos en el PP y en el PSOE con buenas intenciones y ganas de hacer cosas y luego están los vengativos y con mal rollo.

-Usted es futbolero, ¿cómo ve el nuevo rumbo del Málaga?

-Fernando Sanz me dijo el otro día: 'se va a acabar por hacer un buen equipo a golpe de talonario'. Obviamente el jeque, de fútbol sabe muy poco pero poderoso caballero Don Dinero. Yo como futbolero soy muy burdo, como todos. ¿Que va a venir un tío con pasta y va a hacer un equipo muy bueno? Pues vale, qué bien. El fútbol no deja de ser una manera de hacer el cafre. Tampoco hay que darle muchas más vueltas.

-Porque el fútbol es así...

-En el mundo del fútbol todo es esperpéntico. Yo siempre digo que si quieres torturar a alguien ponle las declaraciones de los futbolistas una tras otra durante un mes seguido [risas].

-Julio Iglesias llena la plaza de toros y los conciertos del Terral medio vacíos, ¿qué falla?

-No lo sé. Julio Iglesias es caspa pero la caspa llena. Yo he visto en la playa a Elvis Costelo ante unas mil personas y tres kilómetros más allá cuatro o cinco mil personas viendo a Andy y Lucas. Otra vez el poder de los medios de comunicación. En la radio no escuchas a Elvis Costelo, pero a Andy y Lucas todos los días.

-¿Hacia dónde cree que se dirige Málaga?

-Está en un momento de confusión. La cultura ha vuelto a ser muy minoritaria, pero esa minoría es de un nivel altísimo. Existe un gran desconocimiento y una baja autoestima.

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